Límites

Cruzar la línea: el verdadero dilema de la centroderecha europea

La centroderecha europea enfrenta una crisis ante el crecimiento electoral acelerado de partidos como AfD, Vox y Reform UK, que han dejado de ser marginales. Pese a esto, los líderes tradicionales mantienen un "cordón sanitario" que les impide coaligarse.

 En noviembre de 2025 participé de una conferencia internacional de jóvenes dirigentes de la CDU alemana en la ciudad de Rust. Durante una de las discusiones surgió una pregunta incómoda: ¿qué debería hacer la centroderecha alemana si algún día necesitara a AfD para formar gobierno? La respuesta de los dirigentes alemanes fue contundente. No, bajo ningún concepto. La posibilidad de cualquier entendimiento con Alternativa para Alemania era considerada una línea roja imposible de cruzar.

Lo que en ese momento parecía una pregunta más académica que política tiene hoy una respuesta mucho menos cómoda. La centroderecha europea construyó durante décadas una estrategia de aislamiento, el llamado cordón sanitario, para contener el avance de partidos que entonces eran marginales. El problema es que esos partidos ya no lo son.

Los números de 2026 lo ilustran con claridad. El 17 de mayo, el Partido Popular volvió a ser la fuerza más votada en las elecciones autonómicas de Andalucía, obteniendo 53 de los 109 escaños del Parlamento regional. Quedó dos bancas por debajo de la mayoría absoluta. Vox, con 15 escaños, se consolidó como un actor imprescindible para cualquier mayoría de centroderecha. El PP ganó la elección. Pero ya no puede gobernar solo.

Semanas antes, Alemania había enviado una señal equivalente. El 8 de marzo, AfD alcanzó el 18,8% en Baden-Württemberg, uno de los estados más industriales e influyentes del oeste alemán. El 22 de marzo, obtuvo el 19,5% en Renania-Palatinado, su mejor resultado histórico en un estado occidental. En Reino Unido, las elecciones locales de mayo confirmaron el ascenso de Reform UK: 1.454 concejales y el control de 14 councils.

Lo más llamativo no es solo el crecimiento de estos partidos, sino la velocidad con la que dejaron de ser fenómenos marginales. AfD pasó del 4,7% en 2013 al 20,8% en las elecciones federales de 2025 y hoy lidera las encuestas nacionales con alrededor del 27,5%. Vox pasó de obtener apenas el 0,2% en las elecciones generales de 2016 a ubicarse actualmente entre el 17% y el 19% en intención de voto. El espacio político que ocupa Reform UK superó el 27% en las encuestas más recientes. Estas no son anomalías electorales ni victorias circunstanciales. Son tendencias.

Durante décadas, los partidos tradicionales de centroderecha monopolizaron temas como la seguridad, el control migratorio, la identidad nacional y la responsabilidad fiscal. Hoy, una parte creciente de sus propios votantes siente que esas preocupaciones encuentran representación más clara en otras fuerzas. Cuando un espacio político abandona los temas que considera incómodos, otros actores terminan ocupándolos.

Frente a esto, la respuesta de los líderes tradicionales ha sido reafirmar el cordón sanitario. Friedrich Merz ha descartado en repetidas ocasiones cualquier cooperación con AfD. Kemi Badenoch ha hecho lo propio respecto a Reform UK. En España, aunque la relación entre PP y Vox ha sido más flexible en algunos niveles de gobierno, Feijóo ha evitado plantear una coalición nacional entre ambas fuerzas. Por supuesto, existen diferencias importantes entre estos partidos que no son necesariamente comparables: AfD plantea desafíos particulares para el sistema político alemán que trascienden la discusión sobre umbrales electorales. Pero la cuestión de fondo es la misma en los tres países.

El cordón sanitario fue diseñado para aislar partidos pequeños. Hoy enfrenta partidos que gobiernan territorios, lideran encuestas y resultan indispensables para construir mayorías parlamentarias. La estrategia no cambió; los partidos sí.

Cuando escuché aquella discusión en Rust, la respuesta de los dirigentes alemanes sonaba a principio irrenunciable. Hoy, después de los resultados de 2026, suena también a una apuesta cada vez más costosa. El verdadero dilema no es ya si la centroderecha europea quiere convivir con estas nuevas derechas. La pregunta que empieza a volverse urgente es cuánto tiempo podrá seguir ignorándolas sin poner en riesgo su propia relevancia política.

 * Licenciada en Estudios Internacionales por la Universidad Torcuato Di Tella. Es presidenta de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia y miembro del Grupo Joven del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Se desempeña además, en el área de cooperación y relaciones internacionales del Ministerio de Desarrollo Humano de la Ciudad de Buenos Aires.