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Cuba en el eje anti-occidental: Irán, Hezbollah y la seguridad de EEUU

Micaela Hierro Dori

Desde el 28 de febrero Cuba ha condenado los ataques de Estados Unidos e Israel y ha expresado apoyo político a Teherán. La Habana actúa en coherencia con una relación diplomática que se remonta a la revolución iraní de 1979. Desde entonces ambos gobiernos coordinan posiciones en foros internacionales como la ONU y el Movimiento de Países No Alineados una paupérrima narrativa victimista. Dicha narrativa está pensada para la búsqueda de impunidad en el sistema internacional de las violaciones de los derechos humanos que cometen ambos regímenes autoritarios. Por un lado, Cuba mantiene un sistema comunista de partido único. Por otro lado, Irán tiene una teocracia islámica. Los modelos difieren pero comparten una lógica autoritaria y una postura confrontativa frente a Washington y a la cultura política occidental.

Estados Unidos ha demostrado recientemente su disposición a actuar contra gobiernos considerados adversarios por atentar contra la cultura occidental y los valores democráticos en su área de influencia. La captura de Nicolás Maduro en Venezuela el 3 de enero marcó un precedente regional. La muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, el 28 de febrero amplió el mensaje a escala global.

En ese contexto Cuba aparece debilitada. La isla carece del peso económico, militar o energético que posee Irán. Su economía atraviesa una crisis profunda y depende de un reducido círculo de aliados. Durante años ese círculo incluyó a Venezuela, Rusia, China e Irán. Hoy dos de esos pilares se han debilitado gravemente. Si el régimen iraní cae, el golpe para Cuba sería considerable.

Desde 2021, bajo la primera presidencia de Donald Trump, Estados Unidos volvió a incluir a Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo. Esa clasificación implica sanciones financieras, restricciones comerciales y mayor presión diplomática. En un documento oficial de la Casa Blanca del 29 de enero del presente año, se considera que las políticas del Gobierno de Cuba constituyen una amenaza inusual y extraordinaria, para la seguridad nacional y la política exterior de EEUU dado que el régimen se alinea con -y les brinda apoyo- numerosos países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores adversos a Estados Unidos, incluyendo el Gobierno de la Federación Rusa, la República Popular China, el Gobierno de Irán, Hamás y Hezbollah.

Irán representa uno de los principales socios políticos del bloque de países enfrentados a Occidente. Una caída del régimen de Irán no sería solo un cambio en Medio Oriente. Sería un reordenamiento del equilibrio global que afectaría también a países aliados o dependientes de redes políticas antioccidentales. Cuba es uno de ellos.

El escenario recuerda inevitablemente a 1991. Entonces la desaparición de la Unión Soviética dejó a Cuba sin su principal sostén geopolítico y provocó el llamado Período Especial. Hoy la situación podría ser incluso más delicada. Cuba atraviesa una crisis económica profunda y el sistema político ya no cuenta con el liderazgo fuerte que representaron Fidel Castro o Raúl Castro.

En Washington ya se habla sin rodeos. El senador estadounidense Lindsey Graham afirmó públicamente que, tras Irán, "Cuba es la siguiente" y que el régimen comunista de la isla "tiene los días contados".

El propio entorno político de Donald Trump ha sugerido que, una vez estabilizado el conflicto iraní, la atención estratégica podría desplazarse hacia La Habana.

Para el régimen cubano el mensaje es claro: el equilibrio geopolítico que lo protegió durante décadas comienza a resquebrajarse. El dilema para quienes hoy administran la herencia de la dinastía castrista -ya sea el hijo o incluso el nieto de Raúl Castro, entre otros cuadros del poder- es si aceptar las negociaciones planteadas por el secretario de Estado Marco Rubio o, después de 67 años de régimen, persistir en su aferramiento al poder hasta las últimas consecuencias, cualquiera que estas sean.

Internacionalista y politóloga. Presidente de la Asociación Civil Cultura Democrática 

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