Advierten por la dificultad de ajustar salario e ir a déficit cero

Analistas alertaron por los efectos que podría generar un doble ajuste sobre sectores vulnerables

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La caída del salario real será un hecho en 2018 e irá en paralelo con el ajuste fiscal anunciado la semana pasada por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. La combinación preocupa a algunos analistas: en un contexto de caída del salario, es complicado quitarle a la política fiscal la posibilidad de compensarla.

Un informe de Ecolatina señaló que este año el salario real registrado caerá 6%, en línea con la dinámica de esa variable desde inicios del Gobierno. Al respecto existe una discusión: ¿se trata o no de un ajuste buscado para mejorar la competitividad y aliviar la inflación vía puja distributiva? La hipótesis se basa en que el salario real corrió por encima de la productividad entre 2003-2015, lo que a priori luce insostenible para la economía.

Para Ecolatina en 2018 la caída del salario real registrado será del 6%

En cualquier caso, la dificultad pasa por ajustar el salario real y en ese mismo contexto ir a un ajuste fiscal. Lo explicó el economista de Ecolatina, Matías Rajnerman: "Ir a déficit cero es complicado en cualquier contexto y más en uno de caída de salario real".

Los casos que saltan a la vista en forma inmediata son los de los países europeos. Según un informe de CEPAL publicado en 2013, Noruega utilizó los impuestos y transferencias para achicar el índice Gini (cuando tiende a cero implica más igualdad). Ese año, antes de la política fiscal el Gini noruego estaba por encima de 0,4 y luego disminuyó hasta estar por encima de 0,2. Algo similar ocurrió en Alemania, que arrancó en torno a 0,5 y lo achicó a 0,3.

El analista del Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), Daniel Schteingart, ejemplificó con la dinámica noruega: "Allá los sindicatos aceptan moderar pretensiones salariales a cambio de estado de bienestar, y los empresarios pagan altos impuestos y aceptan que haya estado de bienestar. Es un triángulo virtuoso donde todos ceden". Más allá del escenario utópico, lo que plantea el ejemplo es la necesidad de compensar por la vía fiscal lo que se quita en los salarios.

Rajnerman explicó que, al empezar el 2018, la idea del Gobierno "era bajar la inflación y que el ancla nominal para lograrlo fuera el salario". Y agregó: "En 2017 el ancla fue el tipo de cambio, este año se buscaba corregir el atraso y seguir ajustando tarifas. Finalmente el movimiento del dólar terminó siendo más abrupto que lo esperado y el salario terminó también siendo un ancla más profundo".

El economista jefe de Radar, Martín Alfie, coincidió en que los ajustes salarial y fiscal juntos son problemáticos. "Es lo que algunos economistas llaman overkill, es decir un doble ajuste. El riesgo al que te enfrentás es ir a una crisis muy grande, desmedida inclusive para los desequilibrios acumulados, los próximos meses sin dudas van a ser complicados en lo social", dijo.

Y agregó: "El ajuste fiscal no es neutral. Por ahora va más que nada sobre subsidios y obra pública. Eliminar el subsidio al transporte sería muy regresivo y la obra pública genera empleo y dinamiza a la actividad". Coincidió Rajnerman: "Ajustar obra pública y subsidios tienen un componente regresivo. Impuestos como Bienes personales y Herencias no se van a tocar".

Otra discusión aparece por el lado de las retenciones. La búsqueda del déficit cero incrementando impuestos para las empresas exportadoras es a priori una dinámica progresiva. Pero hay coincidencia acerca de que, por ser fijas y en pesos, habrá licuación a medida de que haya devaluación. El analista de la Fundación Germán Abdala, Juan Balasini, opinó: "Yo creo que van a tratar de evitar ajustes en subsidios porque generan una tensión social muy fuerte, pero yo veo que con las retenciones no van a lograr recaudar más de la mitad de lo que anunciaron y entonces deberán ajustar por otro lado".

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