Mientras se eliminan otros

El impuesto al cheque cumple 25 años como "provisorio" y goza de buena salud

Creado como recurso "de emergencia", hoy representa el 7,7% de los ingresos tributarios totales.

Las Bodas de Plata suelen ser uno de los aniversarios más recordados en cualquier circunstancia, aunque a veces dejan un sabor amargo, como es en el caso de la creación de un impuesto con carácter "de emergencia" por el mismo ministro que lo había eliminado diez años antes por considerarlo "distorsivo".

El impuesto a los Débitos y Créditos en Cuenta Corriente Bancaria, conocido popularmente como "impuesto al Cheque", rige desde abril de 2001 y fue creado en el marco de la ley de Competitividad 24.513, con una alícuota que en un principio fue del 0,25% en cada una de las dos etapas, antes de ser elevado al 0,6% aún en vigencia.

La paradoja de este vigésimo quinto aniversario de uno de los impuestos más cuestionados es su coincidencia con la eliminación de otros seis gravámenes que forman del articulado de la ley de Modernización Laboral que no fueron objeto de cuestionamientos por parte del Poder Judicial.

Esos impuestos son los que gravan a los Seguros; a los Servicios de Telefonía Celular y Satelital; a los Objetos Suntuarios; a los Vehículos Automóviles y Motores; a las Embarcaciones de Recreo o Deportes y a las Aeronaves, tal como destacó en un posteo el ministro de Economía, Luis Caputo.

Distorsivo y de emergencia

Desde un principio, el impuesto al Cheque fue tildado de "distorsivo" por los tributaristas, por entender que desalienta la formalidad al gravar las operaciones bancarizadas, lo que generaría la proliferación de operaciones "en negro", en particular entre las micro y pequeñas empresas y los trabajadores eventuales.

Ese fue el mismo criterio que se adoptó en 1991 para eliminar un impuesto de características similares y si bien en cada caso se trató de dos presidentes de partidos políticos diferentes (el justicialista Carlos Menem y el radical Fernando de la Rúa) en las dos ocasiones fue el mismo ministro de Economía, Domingo Cavallo, el encargado de eliminar el impuesto y volverlo a instaurar.

Ocho presidentes, dieciséis ministros

El impuesto al cheque fue creado en 2001 con carácter de emergencia en medio de la crisis político-económica que derivó en la renuncia de Ricardo López Murphy al frente del Palacio de Hacienda, después de una breve gestión de quince días.

A diferencia de su predecesor, Cavallo tomó como primera medida la creación del impuesto para tratar de alcanzar el equilibrio de las cuentas públicas, que poco después intentó complementar con la política de "déficit cero".

Pero al margen de los sucesos de uno de los años más accidentados de la historia reciente, el impuesto sobrevivió a ocho presidentes y dieciséis ministros de Economía.

Nadie lo quiere, todos lo usan

El impuesto al cheque es uno de los blancos preferidos a la hora de elegir los tributos a eliminar, junto a los derechos de  exportación y, ya a escala provincial, Ingresos Brutos.

Pero al igual que los otros dos casos, el concepto de justicia tributaria sucumbe ante el de necesidad de recaudar: en 2025 el impuesto cuestionado representó ingresos al fisco equivalentes al 1,65% del PBI.

La recaudación del impuesto al Cheque

El detalle de recaudación difundido por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) muestra que en el primer trimestre significó una recaudación de $3,9 billones, sólo superado por IVA, Ganancias y Seguridad Social, representando el 7,7% de los ingresos tributarios totales.

Jubilados

Asimismo, la distribución de lo recaudado por el impuesto al Cheque tuvo varios cambios desde su creación y en la actualidad el 100% se destina al financiamiento de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).

Esa característica agrega otro elemento que dificulta su eliminación, ya que de hacerlo se afectaría en forma notoria el pago de las jubilaciones y pensiones.

En un contexto marcado por una caída de la recaudación en términos reales por octavo mes consecutivo, habrá que prepararse para seguir con un impuesto que, más allá de las declamaciones en su contra, se tornó necesario para todas las administraciones del siglo XXI. 

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