Salud y Ciencia

El miedo que paraliza

En el humano, ese sentimiento es modificado por la inteligencia y las funciones cognitivas, asignándole subjetividad

En tiempos de hiperconexión y revolución tecnológica la exposición a estímulos que generan temor aumentan exponencialmente. El miedo es una función que se acepta existe en los animales inferiores al hombre. Es considerado como una función básica que marca una conducta instintiva de supervivencia. Sin embargo en el humano puede considerarse que este instinto es modificado por la inteligencia y las funciones cognitivas, asignándole subjetividad.

El temor genera una respuesta emocional y una conducta posterior de supervivencia, pero también puede paralizar.. Que puede conducir a la huida o a la detención de una acción que hubiera puesto en riesgo la vida o por lo contrario a una conducta que avanza sobre un objetivo, pero luego de haberlo supervisado. Esto, por ejemplo, se observa en estudios de animales que ante un estímulo aversivo previo, avanzan pero con mayor desconfianza, midiendo cada paso.

Ante este contexto temeroso la conducta puede ser la evitación o la observación y el arribo a la búsqueda, tanto en animales como en los humanos.

En todo caso en situaciones de miedo se plantea un conflicto de aproximación. Pues si se huye se puede perder la recompensa, pero si se continúa la actividad peligrosa se pueden correr riesgos que el huir evitaría.

Aún continuando la acción se producirá una cierta inhibición conductual que aumentará el tiempo de trabajo.

Se investigó por ejemplo que las ratas perciben peligro como cuando se la coloca en un sitio sin recovecos donde refugiarse. Entonces lentifican su andar generando una inhibición conductual y así valoran el riesgo. Algo parecido sucede en los humanos cuando al padecer miedo se retrasan para evaluar el contexto.

La respuesta a las situaciones amenazantes externas puede ser la lucha pero también la huida, pues en algunos momentos es aconsejable escapara enfrentar una situación agresiva. Tomar la decisión correcta logrará que un animal o un humano sobreviva y deje descendencia o no lo haga. Es así como aparece el dicho "soldado cobarde sirve para otra guerra", es decir que esta frase sintetiza un mensaje de supervivencia del más apto, pues existen casos en los que no se salvará el que combate sino el que emprenda la retirada. Saber retirarse a tiempo, depende el contexto.

Esta codificación de situaciones se realiza a través de una función clave en la conducta humana que es la ansiedad. Que es una actividad fisiológica y normal pero que si se descontrola o se aplica en forma incorrecta generará procesos de enfermedad. Esto sucede con los trastornos de ansiedad que son un exceso de la misma, generando entonces dificultades psicológicas, físicas y sociales. Este disparo desmedido se produce por ejemplo en las fobias y los ataques de pánico, que son dos de las reacciones de temor que denotan una respuesta excesiva de sistemas, que desembocan en ansiedad e huida.

El miedo transcurre ante una situación concreta e inmediata, como una respuesta aguda a situaciones específicas. Este temor se transforma en ansiedad al hacerse más inespecífico, global y con menor riesgo inminente, lo cual probablemente sea algo diferente. La ansiedad en sí es también una función fisiológica que codifica el contexto, aumenta la atención y la flexibilidad cognitiva cuando el sujeto es normal. Pero que al desbordarse puede ser patológica.

El miedo es un proceso realmente primitivo, esto se demuestra con su existencia en un animal muy pequeño como el molusco Aplysia, que tiene apenas 20.000 neuronas, aunque gigantes, que sirve para estudiar procesos neuronales. Este animal elemental presenta reacciones simples de retirada ante una amenaza, que además pueden ser aprendida. Fue estudiado por el Premio Nobel Eric Kandel que ha de investigado los mecanismos de memoria y aprendizaje en este organismo, describiendo algo parecido al miedo básico.

En los animales más grandes el temor se responde con la activación del sistema de lucha (puede ser confrontación o huida). Despertando a sistema autonómico simpático (sudor, taquicardia, aumento de la respiración etc...). Aunque también puede observarse un activación secundaria del sistema parasimpático que es de reposo y de alimentación, que sin embargo se prende desde el comienzo de la respuesta; generando como prevención, la acumulación de energía alimentaria ante el peligro.

Esta respuesta se da por un localizador de peligros. Que se encuentra en nuestro cerebro y que está siempre prendido, así descubre, en forma inconsciente, si algo es adecuado o riesgoso para lo habitual. Este censor permanente es un conjunto de neuronas que conforman un núcleo subcortical del lóbulo temporal del cerebro, que es la amígdala cerebral.

Es decir que en el humano se describe un miedo mucho más complejo y elaborado, concientizado a partir del desarrollo de las cortezas cognitivas. Ese miedo primitivo puede transformarse en temores objetivables fisiológicos o normales. O patológicos como las fobias, donde se genera una reacción desmesurada.

El neurocientífico Dominik Bach de la Universidad de Zurich describe que animales y el hombre comparten una zona cerebral que maneja la valoración de riesgos: la parte anterior del hipocampo. Esta área trabajaría la conducta de evitación o aproximación. Esta zona está relacionada con la memoria (de lo acontecido en este caso) y de la ubicación en el espacio tanto en animales como las personas. Además linda anatómicamente con la amígdala, que es el sensor que estando cerca hace más rápida y económica la respuesta conductual.

En el viaje cognitivo desde el sensor amigdalino al lóbulo prefrontal en el humano se produce una transformación subjetiva de la persona. En ese proceso se generan procesos de memorización y aprendizaje, que aportan variantes que complejizan ampliamente la toma de decisiones. En el caso de los miedos será huir o hurgar; esto condiciona muy frecuentemente nuestra conducta, desde las situaciones temerosas más simples a las más complejas.

El miedo puede ser un proceso intuitivo de supervivencia y la decisión electoral está atravesada por el mismo generando un temor predictivo muy influyente.

El miedo, esa emoción palpable que se apodera de nosotros en situaciones concretas e inmediatas, actúa como un reflejo agudo ante circunstancias específicas. Sin embargo, cuando este temor se convierte en ansiedad, se transforma en algo más difuso, global y con un menor riesgo inminente. La ansiedad, en su esencia, es una función fisiológica que contextualiza, agudiza la atención y flexibiliza nuestra cognición cuando todo está en orden.

En este estado ansioso, nuestra conducta puede tomar distintos rumbos: la evitación, como un intento de eludir lo desconocido, o la observación, una forma de enfrentar el miedo y transformarlo en conocimiento.

* Neurocientífico, PhD.,Profesor Titular y Decano, Facultad de Ciencias Médicas (UBA). Director de @alzheimerargentina

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