Vida de laboratorio

El plan ruso contra la vejez: órganos impresos, minicerdos y terapia génica

El Kremlin convirtió la longevidad en una prioridad estatal de USD 26.000 millones, con científicos cercanos al poder y promesas bajo sospecha.

Vladimir Putin hablaba con Xi Jinping durante un desfile militar en Pekín cuando un micrófono abierto captó una frase inusual: los humanos podrían alcanzar la inmortalidad si reemplazaran sus órganos. Para algunos, fue apenas una charla excéntrica entre dos autócratas envejecidos. Pero detrás de ese comentario asomaba uno de los proyectos científicos insignia del Kremlin: una iniciativa de longevidad de USD 26.000 millones, impulsada por el propio Putin, que busca llevar la lucha contra el envejecimiento al centro de la política estatal rusa.

La ciencia del poder

La iniciativa, llamada "Nuevas Tecnologías de Preservación de la Salud", fue presentada por Putin en 2024 y promete salvar 175.000 vidas hacia el final de la década. La cifra tuvo una resonancia incómoda en plena guerra: críticos del programa señalaron que se aproximaba a estimaciones independientes sobre las bajas rusas en la invasión de Ucrania.

El gobierno ruso anunció el mes pasado que sus científicos desarrollan un tratamiento de terapia génica destinado a ralentizar el envejecimiento celular. El viceministro de Ciencia Denis Sekirinsky lo definió el 23 de abril como "una de las vías más prometedoras en la lucha contra el envejecimiento".

El programa no se limita a la terapia génica. También incluye la creación de órganos humanos en laboratorio para trasplantes, uno de los avances sobre longevidad que Putin mencionó ante Xi. La apuesta combina bioprinting -impresión 3D de tejido vivo- y xenotrasplantes, una técnica que busca desarrollar órganos humanos dentro de minicerdos, una raza porcina considerada genéticamente compatible con las personas.

Científicos rusos que trabajan con agencias estatales aseguran que ya imprimieron tejido de cartílago humano y una glándula tiroides de ratón. La meta declarada es alcanzar el reemplazo de órganos humanos hacia 2030. Un plazo similar se discute para el crecimiento de órganos dentro de cerdos.

El Kremlin defendió esos trabajos como parte de una agenda científica amplia. "En la Federación Rusa se trabaja en toda una serie de programas científicos en este campo", dijo el servicio de prensa del Kremlin en un correo. "Estos proyectos cuentan con apoyo del Estado, y muchas instituciones científicas y de investigación participan en ellos".

Los nombres detrás del proyecto

Según la reconstrucción realizada por The Wall Street Journal, la iniciativa de longevidad tiene dos figuras centrales, ambas cercanas a Putin. Una es Maria Vorontsova, hija del presidente ruso, endocrinóloga y supervisora de programas estatales de genética. La otra es Mikhail Kovalchuk, físico y jefe del Instituto Kurchatov, el centro de investigación nuclear heredado de la era soviética.

Kovalchuk, hermano de Yuri Kovalchuk, banquero, inversor en medios y aliado estrecho de Putin, se convirtió en el arquitecto intelectual de la ofensiva del Kremlin contra el envejecimiento. Su tesis es que la ciencia pronto permitirá reparar y reemplazar partes del cuerpo de manera indefinida.

"Es difícil discutir la inmortalidad, pero la capacidad de reparar al hombre sin duda va a aumentar", dijo Kovalchuk a medios rusos.

A diferencia de las investigaciones financiadas por multimillonarios de Silicon Valley como Jeff Bezos, Sam Altman o Peter Thiel, el trabajo promovido por el círculo de Putin produjo poca investigación revisada por pares en grandes revistas científicas internacionales.

Alexander Ostrovskiy, científico ruso pionero en bioprinting en su país, marcó esa debilidad alWSJ. "Si no hay publicaciones, entonces no hay resultados reales, y sus declaraciones probablemente deben tomarse como aspiraciones, por no decir sueños", dijo.

Ostrovskiy dejó Rusia después de la invasión a gran escala de Ucrania y vendió su empresa, que ahora colabora con el gobierno ruso. También atribuyó parte del problema al aislamiento científico provocado por las sanciones occidentales. "Es imposible hacer ciencia en aislamiento", afirmó. Según su lectura, los investigadores "probablemente le dicen a Putin lo que quiere escuchar para asegurarse financiamiento".

El cuerpo como campo de batalla

Kovalchuk también mezcló la ciencia de la longevidad con la visión más amplia del Kremlin sobre una disputa civilizatoria contra Occidente. En un discurso de 2015, advirtió que Occidente avanzaba hacia la creación de "humanos sirvientes": personas controlables, con autoconciencia limitada y reproducción manipulada. También sugirió que EEUU estuvo detrás de la pandemia de Covid.

Putin mostró simpatía por ideas similares. Kovalchuk elogió públicamente la película soviética "Temporada muerta", de 1968, en la que la CIA conspira con médicos exnazis para controlar a la humanidad. Putin dijo que esa película lo inspiró para sumarse a la KGB.

Otra influencia en la obsesión antienvejecimiento del presidente ruso fue Vladimir Khavinson, presentado por medios rusos como "el gerontólogo de Putin". Khavinson promovía terapias antienvejecimiento basadas en péptidos derivados de tejido de ternero.

Los péptidos, cadenas cortas de aminoácidos ofrecidas para recuperación física, crecimiento muscular y longevidad, ganaron popularidad entre figuras estadounidenses del bienestar como Robert F. Kennedy Jr. y Joe Rogan, pese a que muchas de sus promesas tienen evidencia limitada.

Khavinson recibió de Putin una de las máximas distinciones estatales rusas por sus logros en medicina. En entrevistas, dijo que buscaba prolongar la vida de un líder cuya salida podía arrojar a Rusia a una crisis. También sostuvo que los seres humanos estaban destinados a vivir 120 años y citó las Escrituras como respaldo. Murió en 2024, a los 77 años.

Frío extremo y mesas largas

Putin también mostró apertura hacia métodos menos acreditados. En 2018, durante una reunión en el Kremlin, le recomendó al entonces canciller austríaco Sebastian Kurz que probara una cámara de crioterapia, una especie de sauna inversa donde el cuerpo queda expuesto a temperaturas de hasta 170 grados Fahrenheit bajo cero. Kurz contó después su sorpresa cuando Putin explicó con entusiasmo los beneficios de permanecer desnudo de manera regular dentro de esa cámara helada.

Putin, de 73 años, construyó durante décadas una imagen de vigor físico con escenas cuidadosamente montadas: cacerías sin remera, partidos de hockey y paseos en motocicletas Harley-Davidson con ropa negra ajustada. La puesta en escena apuntó siempre a proyectar la resistencia de un hombre fuerte y sin edad.

Detrás de esa virilidad, sin embargo, aparece un gobernante particularmente preocupado por el deterioro corporal. Durante la pandemia de Covid, impuso protocolos estrictos de cuarentena, túneles de desinfección y largos períodos de aislamiento para sus visitantes. Sus mesas interminables se convirtieron en símbolos de distancia política y temor al contagio.

Medios rusos y occidentales también especularon con posibles procedimientos cosméticos, ante una apariencia cada vez más lisa con el paso de los años.

La preocupación por la vejez atraviesa además al núcleo del poder ruso. Buena parte de los colaboradores y aliados más cercanos de Putin también tiene más de 70 años, incluidos los Kovalchuk y figuras centrales del Estado como Yuri Ushakov, Sergei Chemezov y Nikolai Patrushev.

Números rusos

Rusia conserva, además, algunos de los indicadores de mortalidad más duros del mundo desarrollado. La esperanza de vida masculina promedio ronda hoy los 68 años, según estadísticas oficiales, frente a unos 76 años en EEUU y más de 80 en buena parte de Europa occidental.

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