Seguiría jugando

Entre el pasado y el futuro, perdemos el presente

Necesitamos la capacidad para conectarnos al "aquí y ahora"

Cuántas veces nos levantamos desaliñados, intentando posponer lo que será el comienzo de un nuevo día, prefiriendo mantener el romance idílico con nuestra almohada. O cuántas veces, en cuanto suena el despertador, corremos a toda prisa porque se nos juntan los minutos del desayuno con los de lavarnos la cara y tomar las llaves de casa, para ir dispuestos a comenzar un nuevo día. O cuántas veces, en cuanto comenzamos a conectar con la realidad, tras un período de sueño, dirigimos nuestra mente hacia lo que tenemos que hacer a lo largo de la mañana o de la tarde o a lo largo de la semana. Estamos en "futuro".

O también podemos ponernos a pensar en que nuestra cita de ayer no fue tan bien como esperábamos, que el resultado de nuestro trabajo dejó mucho que desear o que ojalá hubiéramos estudiado más. Ahora estamos en "pasado". Futuro y pasado. Tan solo dos momentos temporales, que unimos con un hilo transparente, moviéndonos de uno hacia al otro constantemente.

Desgraciadamente, nuestra sociedad vive en un constante estrés. Nos han dicho que somos capaces de hacer múltiples tareas al mismo tiempo. Parece que vivimos con el piloto automático puesto. Cada vez somos menos capaces de focalizarnos en el "ya". Nos perdemos el momento presente.

Si la mente no ha sido entrenada, tiende por naturaleza a la dispersión; en cualquier circunstancia invertimos nuestro tiempo en prevenir situaciones futuras o analizar las pasadas, tratando de sacar conclusiones. Es curioso con qué facilidad las personas nos desviamos de lo que estamos haciendo en ese momento. Muchas veces nos encontramos pensando en "por qué dije lo que dije", o "por qué no hice lo que quería hacer", o "qué pasará si...". Ni el pasado ni el futuro pueden convertirse en una postergación de la felicidad presente, ni deben conducirnos a infravalorar lo que tenemos y lo que somos.

El tiempo es efímero y cuesta saborearlo. Lo curioso es que le damos más importancia a nuestro pasado y a nuestro futuro que a nuestro propio presente. Ese que pasa tan rápido delante de nuestros ojos que ni nos damos cuenta de ello. El recuerdo de las circunstancias negativas del pasado o el temor a lo que puede venir, disminuye nuestro entusiasmo, nuestro optimismo y, por tanto, nos agría el momento actual, dispersando nuestra energía. El exceso de pasado en nuestra mente y en nuestro corazón puede producir abundante material de depresión; el exceso de futuro puede aportar materia prima para la ansiedad.

Es en el "aquí y ahora" donde se entrecruzan lo que pasa en el mundo exterior con lo que sucede en nuestra interioridad: pensamientos, sensaciones, emociones. Por eso, muchas veces, nuestro cerebro se estresa. Lo obligamos a que sea capaz de procesar efectivamente toda la información entrante por nuestros sentidos. Cuando forzamos a nuestro cerebro a ser multitarea, acción imposible de realizar, fomentamos el estrés y la ansiedad que nos hacen la vida mucho más difícil. Se hace necesario visualizar lo que hacemos, disminuir los niveles de cansancio, ser más productivos, más comunicativos y más perceptivos a las situaciones positivas.

Necesitamos rescatar la capacidad para conectarnos al "aquí y ahora". Poner atención plena al momento presente, ya que es el único tiempo y lugar en el que podemos ser felices; un regalo que solemos desperdiciar. Es preciso buscar momentos de pausa que nos hagan conscientes de lo que está pasando y nos ayuden a no ser secuestrados por pensamientos y emociones evasivas. Porque hay una tendencia a anclarnos en el pasado con melancolía o a preocuparnos por el futuro, tratando de planearlo al detalle y mirándolo, a menudo, de modo apocalíptico. Sin embargo, lo que sucedió hace un segundo ya no existe y lo que creemos que ocurrirá mañana, aún no llega.

Distraernos de nuestro presente nos hace idealizar el futuro en el que siempre pensamos, ese futuro al que nos dirigimos, pero que vemos como algo muy lejano. Pensamos en un futuro casi como un sueño que nunca será real. Siempre intentando ver más lejos cuando deberíamos ver los pasos que estamos dando. Según el Maestro Eckhart, existe un "ahora" eterno y un infinito "aquí". El momento apropiado siempre será ¡ahora!

Es urgente volver a lograr la conexión con uno mismo y con los otros, estar presentes. El concepto cambia en función del vínculo. En la pareja implicará compromiso y acompañamiento diario. En el nivel laboral ser protagonista y tener sentido claro de lo que se realiza. En la dimensión comunitaria, vivir presente será conectar el ser con el hacer como factor de mejora e impacto social. Estar presente, vivir a pleno, sin esconderse, sin rendirse, sin aburrirse: es la clave.

"Un grupo de niños jugaba en el patio de la escuela aprovechando el recreo. La maestra los llamó y no tuvo mejor idea que hacerles una pregunta. -"¿Qué harían si supieran que en cinco minutos se acaba el mundo?" Uno de los niños dijo que correría a su casa para abrazar a su mamá; otro dijo que iría a la iglesia a rezar y a pedir perdón; otro agregó que se pondría a llorar por el miedo; el último contestó: "Yo seguiría jugando". Ese niño era y fue feliz.

Esta nota habla de: