Pornografía, menores de edad y abuso de poder

La escena sexual

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Una de las más grandes estrellas pornográficas de toda la historia de este nicho fue Traci Lords. No se murió (de hecho, tiene 49 años y nació, como el que suscribe, en mayo del 68) pero hace mucho, muchísimo que no se dedica al género. Hace otras cosas más interesantes, escribió su autobiografía, suele aparecer en películas y series, se dedica a la música y tiene su propia marca de ropa de diseño. Aunque fue una sensación en la pornografía, solo recaudó por todas sus películas u$ 35.000. Traci Lords se llama Traci Lords pero se llamaba Nora Louise Kuzma al nacer: su nombre de estrella del cine XXX terminó convirtiéndose en el propio después de un proceso legal. “Es quien soy, y me lo gané”, dijo una vez.

El caso Lords es muy interesante porque su carrera en el porno se extendió desde 1983 a 1986. Es decir, terminó cuando cumplió 18 años, ni más ni menos. Es cierto que fingía y aparentaba ser un poco mayor, pero lo que sacudió al negocio hasta sus cimientos -incluso a la millonaria revista Penthouse de Bob Guccione con la que hizo una producción- es que era menor de edad. De allí que no sea tan sencillo encontrar videos de sus performances (lo que legal y éticamente está muy bien). En su autobiografía, Lords cuenta que fue violada de chica lo mismo que su madre. De hecho, después de dejar su carrera pornográfica (de la que no reniega salvo por el grado de explotación económica que sufrió) se volvió una fuerte activista por los derechos femeninos y de las minorías sexuales.

¿A qué viene esta historia, se preguntarán? Bueno, está el caso Spacey, un tipo destrozado porque a los 26 años, medio borracho, se supone que quiso manosear a un chico de 14 que estaba en su casa, en una fiesta. Dice el señor Spacey que no lo recuerda y, si fue así, lo lamenta. Holywood lo incineró en una pira rápidamente en un caso de condena previo a la prueba un poco preocupante. Resumo aquí los argumentos de la nota “Kevin Spacey es inocente”, del periodista Brendan O’Neill de Spiked (traducida y publicada por los colegas de Infobae). Pero vamos al problema nuclear del asunto: lo que horrorizó al universo fue que fuera un famoso con un menor (también que fuera gay, porque la corrección política es mucho menos tolerante de lo que parece aunque se disfrace de “defender” minorías).

El problema de los menores es grave y es uno de los fantasmas más horribles de las clases medias de todo el mundo desde hace, por lo menos, treinta años, es decir desde que saltó el escándalo de Traci Lords. Lords no fue forzada a ser actriz porno, sino que lo hizo como una salida para una vida gris. Pero a la edad en que comenzó es evidente que no tenía total conciencia del mundo y sus límites, lo que explica por qué no hizo un peso con sus películas. Fue abusada en el sentido literal: otras personas, adultas y con absoluto conocimiento de cuestiones como sexualidad y negocios, aprovecharon la ignorancia e inexperiencia de la chica para usarla para sus fines. Más allá de lo que supiera o no del sexo y su vínculo emocional, fue tratada como una cosa. En el caso de Spacey se esconde el mismo fantasma y eso explicala virulencia de la hoguera, aunque nada es tan claro en este sentido.

No suelo escribir demasiado en primera persona, pero aquí vamos esta vez: el sexo no solo debería ser siempre consensual (mucho más el sexo ejercido para ser mostrado a otros), pero debería además consensuarse entre personas que tengan la misma madurez emocional y el mismo conocimiento. No diré “mayores de edad” porque todos sabemos que muchos nos iniciamos -el cuerpo es el cuerpo- antes de llegar a los 18. Ahora bien, una cosa es el sexo entre adolescentes (consensuado) y otra que una persona mayor de edad y con pleno conocimiento use sexualmente a una persona menor de edad. Allí hay un ejercicio del poder abusivo, mucho más grave que el asunto genital en el que deriva. Por eso es que el porno mainstream multiplica los controles sobre la edad de los performers; por eso es que debería haber control sobre el porno “casero” que aparece en los sitios, solo interesados en multiplicar el tráfico (como mencionamos en la columna de la semana pasada). El abuso existe, mucho más en márgenes como el porno.

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