A 44 años de la guerra

Gerardo Báez, el héroe que volvió a tocar la Virgen que le salvó la vida en Malvinas

El veterano volvió a sostener la Virgen malvinera entre sus manos. Y con ella, volvió también la memoria, la fe y la historia de quienes sobrevivieron para contarla.

La Virgen, de Malvinas a Crónica.

La imagen que acompañó a los soldados argentinos en 1982 regresó al país en 2019 por gestión del papa Francisco y ahora recorre la Patagonia. En Trelew, el veterano del Regimiento 25 volvió a sostenerla entre sus manos, reviviendo recuerdos de guerra, fe y supervivencia.

El sábado 28 de marzo, tal como anticipó Crónica, la imagen fue trasladada desde Buenos Aires a Trelew, donde el veterano Gerardo Báez la recibió con emoción, 44 años después de haberla tenido cerca en pleno combate durante la Guerra de Malvinas.

La imagen religiosa, venerada por los soldados argentinos en las islas en 1982, fue llevada al Reino Unido tras el conflicto. En 2019, gracias a la gestión del papa Francisco, fue recuperada y regresó a la Argentina. Desde entonces, recorre distintas provincias, manteniendo viva la memoria de Malvinas y sus protagonistas.

Durante su paso por Chubut, se realizaron misas, caravanas y homenajes. Para Báez, el reencuentro tuvo un significado especial. A los 62 años, divorciado, padre de dos hijas y abuelo de cuatro nietas, recuerda que la Virgen estuvo muy cerca de él cuando sobrevivió a uno de los episodios más dramáticos de la guerra.

Gerardo Báez en Malvinas, con los integrantes de del Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento, Chubut

Sepultados bajo la tierra

En pleno combate, una bomba cayó muy cerca de Báez y de otros dos soldados: Jorge Palacios, oriundo de Comodoro Rivadavia, y Raúl Ortiz. Los tres quedaron sepultados bajo dos metros de tierra y piedras. Una manta dentro del pozo de zorro les salvó la vida. Días después, el 8 de mayo de 1982, se realizó una procesión con la Virgen. Palacios y Ortiz la llevaron bajo un cielo gris y con los pies congelados. El coronel Mohamed Alí Seineldín observaba la escena. Una fotografía inmortalizó ese momento. "La Virgen malvinera siempre fue nuestra protección", recuerda Báez en su diálogo con Crónica.

Rumbo a Malvinas

Báez integraba el Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento. Desde allí fueron trasladados a Comodoro Rivadavia y luego, engañados, embarcados en un Hércules C-130 rumbo a las islas. "Nos dijeron en pleno vuelo que íbamos a Malvinas. Sentí orgullo, pero también incertidumbre. Era muy joven, sin experiencia. Nunca imaginé entrar en una guerra". Durante los primeros días cavaron pozos de zorro y se instalaron cerca del aeropuerto de Puerto Argentino, donde permanecieron hasta el final.

El miedo y los bombardeos

El 1 de mayo comenzó el bombardeo británico. "Nunca voy a olvidar ese día. Sentí miedo de verdad. Pensé que me iba a morir." Una explosión lo lanzó fuera de su posición. Desde ese momento, asegura que cambió su forma de enfrentar la guerra. "Pensé: si me van a matar igual, tenga miedo o no, voy a morir. Desde ese día hice un click". Hasta el 14 de junio, recibieron más de 200 toneladas de bombas.

La misa bajo fuego

Uno de los recuerdos más impactantes fue una misa celebrada por el padre Vicente Terrón. Mientras rezaban, sonó la alarma de un ataque aéreo. Los soldados quisieron correr, pero el sacerdote los detuvo. "Dios nos va a proteger", les dijo. Los aviones pasaron, cayeron bombas cerca, pero nadie resultó herido. "El cura levantó la cabeza y preguntó si había heridos. Le dijimos que no. Nos dijo: ‘¿Ven? Dios nos protegió. La misa continúa'".

Hambre y supervivencia

El hambre y el frío fueron otra batalla. "Estuvimos cuatro o cinco días sin comer. Tomábamos agua de charco. Comíamos carne con gusanos. Hasta vaciábamos pasta dental para tener algo en el estómago". Dormían mojados, en pozos, soportando frío extremo. Algunos lloraban en silencio. Báez todavía lamenta las cartas y diario íntimo que escribió: en 2005 le robaron a su padre y se llevaron las cajas con todos los recuerdos.

El dolor del 14 de junio

El 14 de junio llegó la rendición. "Sentí angustia. Ver bajar la bandera argentina y volver a ver la inglesa fue muy duro". Fueron desarmados y trasladados al aeropuerto, donde permanecieron a la intemperie.

"Amigos hasta la muerte"

En ese momento protagonizó uno de los gestos más recordados de su vida. A Crónica le contó que su amigo Osvaldo Aguilar, de Comodoro Rivadavia, fue separado de la formación y no lo dejaron embarcar. Báez decidió quedarse con él. "Los dos tomamos Malvinas. Si te matan a vos, que me maten a mí". Se reencontraron 36 años después. "Nos abrazamos y lloramos. Me agradeció haberme quedado con él".

El regreso y el abrazo de papá y mamá

El 21 de junio regresó a Puerto Madryn en el barco Nordland. Su padre Juan lo buscó por los hospitales y finalmente lo encontró. "Me dio un abrazo fuerte. Lo único que me dijo fue: ¡Gracias que te tengo en vida.'" Luego viajó a Trelew para ver a su madre Javiera. "Me apretó fuerte y gritaba: ‘¡Dios mío, Dios mío, te tengo, hijo!'".

Después de la guerra

Conseguir trabajo fue difícil. Finalmente ingresó a la policía, donde trabajó 30 años. Hoy continúa realizando tareas solidarias con otros veteranos. "Agradecemos todas las donaciones."

La fe intacta 

Báez nunca volvió a Malvinas. Sin embargo, mantiene un sueño. A Crónica le relata su deseo final: "Me gustaría viajar a las islas. Es el último milagro que le pido a la Virgen".

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