Duelo de Estado en Irán

Irán convirtió el funeral de Khamenei en una señal de poder contra EEUU e Israel

El régimen inició una semana de ceremonias por el líder supremo, muerto en ataques de EEUU e Israel. El duelo buscó exhibir unidad y respaldo aliado.

Cuatro meses después de la muerte del ayatollah Ali Khamenei en ataques de EEUU e Israel, Irán abrió una semana de ceremonias fúnebres con una puesta en escena cargada de poder político, liturgia religiosa y mensaje exterior. El régimen buscó mostrar estabilidad ante sus aliados y ante sus enemigos, en medio de una tensión que todavía marca la vida interna de la República Islámica.

El primer acto se realizó este viernes en el Gran Mosalla de Teherán, el enorme complejo religioso donde Khamenei pronunció algunos de sus discursos más importantes durante más de tres décadas al frente del país. Allí, funcionarios iraníes, dirigentes extranjeros, miembros de milicias y líderes religiosos desfilaron ante el ataúd del líder supremo, cubierto con la bandera nacional.

Un féretro rodeado de símbolos

Las imágenes difundidas por medios estatales mostraron a visitantes que se inclinaron, rezaron o lloraron frente al féretro. Sobre el ataúd colocaron un turbante negro, señal de su condición de clérigo descendiente del profeta Mahoma, y una bufanda a cuadros blancos y negros, similar a las que Khamenei usaba con frecuencia y asociada en Irán con la milicia Basij.

Junto al féretro del líder supremo también estaban los ataúdes de familiares que murieron en el mismo ataque del 28 de febrero: su nieta de tres años, su hija mayor, su yerno y su nuera. La ceremonia marcó el inicio formal de un funeral que había sido postergado por la guerra.

La televisión estatal mostró al presidente Masoud Pezeshkian frente al ataúd, junto al presidente del Parlamento y principal negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf. También reapareció Ahmad Vahidi, jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, el brazo ideológico del aparato militar iraní, en su primera exposición pública desde el comienzo del conflicto.

Delegaciones amigas y ausencia europea

La asistencia extranjera también formó parte del mensaje. Según el reporte de Al Jazeera desde Teherán, más de 50 delegaciones ya habían presentado sus respetos al líder supremo, entre ellas las encabezadas por los presidentes de Irak, Tayikistán, Turkmenistán y Georgia, además del primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif.

El mismo informe señaló que Irán no invitó a varios países europeos. "Los asistentes fueron mayormente de Estados neutrales o amigos", indicó el corresponsal Resul Serdar Atas. También afirmó que, para las autoridades iraníes, quedaron afuera los gobiernos que apoyaron "directa o indirectamente" la campaña militar de Israel y EEUU contra Irán.

El funeral tuvo así una arquitectura diplomática precisa: mostrar respaldo externo sin abrir la escena a los países alineados con sus adversarios. La presencia de delegaciones amigas, dirigentes regionales y referentes de grupos aliados reforzó la idea de continuidad en el eje político que Khamenei ayudó a consolidar durante su largo mandato.

Una semana de procesiones

El cronograma continuará este sábado con una ceremonia pública en Teherán. Luego está prevista una procesión en la capital iraní y el traslado del cuerpo a ciudades sagradas del chiismo en Irak, antes del entierro en Mashhad, su ciudad natal.

Las autoridades esperan multitudes en las calles. El antecedente inevitable es el funeral de Ruhollah Khomeini, fundador de la República Islámica y predecesor de Khamenei, al que se atribuye una asistencia estimada en 10 millones de personas en 1989. En Teherán y Qom, el régimen aspira a escenas de duelo masivo capaces de reforzar la imagen de cohesión nacional.

La elección de los lugares tampoco es casual. Teherán es el centro del poder político; Qom, el corazón de la formación clerical; Najaf y Karbala, ciudades centrales para el chiismo; y Mashhad, además de ser el lugar de nacimiento de Khamenei, alberga el santuario del octavo imán chiita.

Duelo, guerra y mensaje político

En la ceremonia de este viernes, familiares de muertos durante la guerra de 12 días de 2025 y del conflicto reciente arrojaron bufandas y otros objetos para que fueran rozados contra el ataúd de Khamenei, una práctica vista en Irán como una forma de bendición. La bandera que cubría el féretro llevaba una inscripción con la frase "Ya Hussein", una evocación chiita del martirio del nieto del profeta Mahoma en el siglo VII.

La escenografía urbana también apuntó en la misma dirección. En la plaza Enghelab, en Teherán, se vieron imágenes del puño de Khamenei en carteles y una estatua gigante, rodeada por figuras de misiles balísticos en vuelo. La iconografía mezcló duelo religioso, reivindicación militar y desafío político.

Abas Aslani, investigador del Center for Middle East Strategic Studies de Teherán, definió el funeral como una "exhibición de unidad" con un mensaje directo para EEUU e Israel. "Después del asesinato del líder supremo, el gobierno no cayó, sino que se fortaleció", sostuvo. Y agregó: "Lo que hicieron EEUU e Israel salió al revés. Querían provocar un cambio de régimen en el país, pero lo que ocurrió generó un cierre de filas alrededor de la bandera".

El funeral de Khamenei quedó planteado como algo más que un rito de despedida. Para el poder iraní, la semana de ceremonias funciona como una demostración de supervivencia política, afirmación religiosa y advertencia estratégica en plena tensión con sus enemigos externos.

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