Presidenciales divididas

Keiko Fujimori ganó la elección en Perú, pero habrá segunda vuelta

La dirigente de derecha obtenía 16,8% de los votos, y disputaría el balotaje con Rafael López Aliaga

La jornada electoral en Perú que empezó el domingo y terminó hoy volvió a dejar en evidencia un panorama político altamente fragmentado, con la candidata de ultraderecha Keiko Fujimori situándose en primera posición, aunque sin margen suficiente para asegurar una ventaja decisiva, según encuestas a boca de urna y conteos rápidos difundidos por las encuestadoras Datum e Ipsos.

De acuerdo con el conteo rápido al 100% de Datum, Fuerza Popular alcanza aproximadamente el 16,8% de los votos, consolidando a Fujimori como la opción más votada, pero lejos de cualquier mayoría clara en un sistema marcado por la dispersión del voto, informaron medios locales.

En segunda posición se ubicaba Rafael López Aliaga, líder de Renovación Popular, con cerca del 12,9%, lo que lo coloca como principal aspirante a entrar en una segunda vuelta.

El resto de candidaturas estaban separadas por márgenes muy ajustados. El Partido del Buen Gobierno, encabezado por Jorge Nieto, obtiene alrededor del 11,6%, seguido por OBRAS (Ricardo Belmont) con un 10,1% y Juntos Por Perú con un 9,4 por ciento.

Los datos terminan abonando una misma lectura: ninguna fuerza supera el 20% de los votos, lo que confirma un escenario de fuerte fragmentación política y ausencia de liderazgo hegemónico.

La candidatura de Fujimori vuelve a situarse como la más votada en una nueva ronda electoral, respaldada por un electorado fiel que mantiene vivo el legado del fujimorismo, una corriente asociada a políticas de orden, liberalización económica y mano dura en seguridad.

Sin embargo, su figura sigue polarizando al país, con niveles de rechazo significativos derivados tanto de su trayectoria política como del legado de su entorno familiar, por ser hija del  fallecido dictador Alberto Fujimori.

En paralelo, López Aliaga consolida su posición como alternativa conservadora, con un discurso centrado en la seguridad, la reducción del Estado y una agenda de corte moral y tradicional.

Su ascenso confirma el peso creciente de un bloque de derecha dura que ha ganado espacio en el electorado urbano y en sectores desencantados con la política tradicional.

Tanto los sondeos de boca de urna como el conteo rápido coinciden en un mismo diagnóstico: no existe una fuerza dominante y la diferencia entre los principales partidos es estrecha, lo que anticipa un Parlamento altamente fragmentado.

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