La deuda récord asfixia a la base electoral de Trump y tensiona las elecciones 2026 en EEUU
Los hogares de menores ingresos enfrentan más morosidad y tasas altas, mientras el consumo depende cada vez más del 10% más rico.
La economía de Estados Unidos exhibe un contraste que inquieta en la antesala de las elecciones 2026. Mientras el crecimiento y el empleo resisten, una parte decisiva del electorado -los hogares de menores ingresos, base clave de Donald Trump- enfrenta una presión financiera creciente por la deuda récord y el encarecimiento del crédito.
Según la Reserva Federal de Nueva York, el endeudamiento total de los hogares alcanzó en el cuarto trimestre de 2025 los u$s18,7 billones, el nivel más alto desde que existen registros. En menos de dos décadas, el pasivo creció 47%. Aunque las hipotecas concentran 72% del total, el deterioro se concentra hoy en los créditos no hipotecarios: tarjetas, préstamos estudiantiles y financiación de vehículos.
El 20% de menores ingresos ya exhibe un ratio de deuda sobre renta disponible cercano al 120%, según el Instituto Levy. En otras palabras, deben más de lo que perciben tras impuestos. La morosidad total trepó a 4,8%, el mayor nivel desde 2017, y los créditos con más de 90 días de atraso -considerados de alto riesgo- avanzan con una dinámica que no se observaba desde la crisis de 2008.
Inflación
El foco se desplaza hacia los préstamos estudiantiles, con 16% en mora grave, y las tarjetas de crédito, con 7%. En el segmento subprime de autos, la morosidad alcanzó 6,74%, récord histórico según Fitch. El transporte privado constituye un pilar del presupuesto familiar estadounidense y su deterioro suele anticipar enfriamientos económicos.
El problema adquiere dimensión política. La inflación golpeó con mayor fuerza a los bienes básicos, y más del 75% de los consultados considera insuficientes las medidas oficiales para aliviar precios, según datos de Fidelity. Trump presiona a la Reserva Federal para que baje las tasas y alivie el costo financiero. Una reducción del tipo de interés ofrecería oxígeno inmediato a los sectores más endeudados y podría recomponer apoyo electoral.
Sin embargo, el cuadro general muestra otra cara. El 10% más rico explica hoy 49,2% del consumo total, frente al 35% de comienzos de los años 90. Ese segmento, con mayor exposición a activos financieros y menor estrés crediticio, sostiene la demanda agregada. El 20% más pobre apenas representa entre 8% y 10% del gasto total, lo que amortigua el impacto macroeconómico de su deterioro.
Desequilibrio
La divergencia entre capital y trabajo se profundiza. Las ganancias corporativas duplicaron su peso en el PIB en las últimas décadas, mientras los salarios retrocedieron en participación. La economía real depende cada vez más de Wall Street y de hogares con ingresos altos.
El riesgo sistémico aún parece acotado: la morosidad hipotecaria se mantiene en niveles manejables y el desempleo ronda 4,5%. Pero el deterioro se concentra en distritos de bajos ingresos, precisamente donde se define buena parte del mapa electoral.
En ese equilibrio inestable se juegan las elecciones 2026. Si la deuda récord continúa asfixiando a la base trabajadora sin que las tasas cedan o los salarios recuperen poder adquisitivo, el malestar puede traducirse en castigo en las urnas. El desafío para la Casa Blanca consiste en aliviar la presión financiera sin desanclar la estabilidad macroeconómica. En esa tensión se define no sólo el resultado electoral, sino la solidez del ciclo estadounidense.