A 50 años

La dictadura económica: el 2 de abril Martínez de Hoz presentaba su plan

El repaso de los tramos principales del discurso de presentación deja en evidencia una preparación que comenzó mucho antes del 24 de marzo

Muchas de las conmemoraciones por los treinta años del golpe militar del 24 de marzo de 1976 pasaron por alto otra fecha clave de la dictadura: la presentación del programa económico del ministro José Alfredo Martínez de Hoz, el 2 de abril de ese mismo año.

En rigor, dentro del esquema de reparto de poder entre el Ejército, la Marina y la Aeronáutica, podrían mencionarse tres fechas fundacionales y no solamente una: el miércoles 24 de marzo, una vez consumado el golpe, el poder pasa a manos de la Junta Militar; el lunes 29 se formaliza la asunción de Jorge Rafael Videla como presidente y cuatro días después, el viernes 2 de abril, Martínez de Hoz, el hombre fuerte del gobierno, presenta su plan económico.

Su peso fue tal que, a pesar de su condición de civil, fue el único -junto a su par de Interior y compañero de safaris, Albano Harguindeguy- que estuvo en el cargo desde el primer al último día de la gestión del primer dictador.

A sus 50 años, "Joe", como lo llamaban los íntimos, volvía al Palacio de Hacienda después de trece años, tras su paso como ministro de José María Guido, con quien también se había desempeñado como secretario de Agricultura y Ganadería. Su inicio en la gestión pública, sin embargo, se remonta a 1956, en otro gobierno golpista, como ministro de Economía de Salta.

Una designación pensada con tiempo

Un seguimiento más o menos atento del discurso de presentación es más que suficiente para darse cuenta de que su designación no había sido un recurso de último momento de los militares, que ya le habían dado el visto bueno desde mediados de 1975.

Por entonces, al frente de la siderúrgica Acindar, había intensificado los contactos con miembros del Ejército para neutralizar los reclamos de los trabajadores de la empresa, liderados por el secretario general de la UOM-Villa Constitución, Alberto Piccinini. Entre ellos, Videla, recientemente nominado jefe del Estado Mayor del Ejército.

La noche del 2 de abril de 1976 se presentaron los lineamientos de uno de los experimentos económicos que marcaron a fuego con mayor intensidad a la sociedad argentina a lo largo de toda su historia, por medio de uno de los ministros que acumuló tanto poder como para eclipsar a su propio presidente: al hablar de la economía de esos años, nadie se refiere al "plan de Videla".

Leyes en tiempo récord

Martínez de Hoz, hombre fuerte de la economía durante cinco años, asumió al frente de uno de los equipos con mayor preparación previa al momento de su asunción. Una prueba de ello la constituye la cantidad de leyes, decretos y resoluciones dictadas en las primeras horas de gestión.

El ministro había sido puesto en funciones el 29 de marzo y su gabinete prestó juramento al día siguiente. Para el 2 de abril ya habían sido sancionadas siete leyes. Quedaba claro que el equipo económico había comenzado a trabajar mucho antes del 24 de marzo.

Un discurso de dos horas

Rompiendo con una tradición, el discurso de Martínez de Hoz no se circunscribió a algunos aspectos importantes de su programa sino que abarcó a toda la economía. A lo largo de dos horas, su mensaje comprendió desde cuestiones globales, como la racionalización del sector público, hasta detalles como el precio del sorgo granífero en el noroeste.

Como señaló el propio ministro, "el presente programa es un conjunto coherente e inseparable. En el pasado, muchos de los intentos de saneamiento y recuperación económico-financiero del país han fracasado por haberse encarado únicamente aspectos parciales del problema".

A medio siglo, puede comprobarse cuánto de lo dicho esa noche no se correspondió con la realidad y hasta resultaría una ironía, de no haber desencadenado una tragedia, como la de alentar "la actividad económica sobre bases que tiendan a estimular y premiar la actividad productiva, quitando todo aliciente y posibilidad a la acción parasitaria especulativa".

O, si se prefiere: "Es también indispensable que consideremos una equitativa participación de los diversos sectores de la Nación en la riqueza del país... preservando el nivel de los salarios".

No fue el único pasaje de su discurso que chocó con los hechos: el ministro que puso el debate de las privatizaciones sobre la mesa no privatizó nada. Por el contrario, actuó con inusitada celeridad para completar la estatización de la Compañía Italo Argentina de Electricidad (CIADE), de la que él había sido director.

Liberar todo, menos los salarios

La liberación de precios, la eliminación de los tipos de cambio múltiples y, en suma, el repudio al intervencionismo estatal en la economía, tuvieron una excepción que puso en evidencia cuál iba a ser la variable de ajuste del plan: los salarios.

"No es factible pensar que puedan tener vigencia las condiciones ideales de libre contratación entre la parte obrera y la empresarial para la fijación del nivel de los salarios", puntualizó Martínez de Hoz, para quien "debe, pues, suspenderse toda actividad de negociación salarial entre los sindicatos y los empresarios, así como todo proceso de reajuste automático de salarios de acuerdo con índices preestablecidos".

En otras palabras, "será el Estado el que establecerá periódicamente el aumento que deberán tener los salarios". El empresariado respiraba tranquilo: la "distribución equitativa" había sido una formalidad y la tasa de ganancia creciente estaba asegurada.

La urgencia por desactivar las paritarias no pudo esperar al discurso, ni siquiera a la formalidad de la jura de Martínez de Hoz como ministro. El general Joaquín Las Heras, delegado militar en el Ministerio de Economía entre el 24 y el 29 de marzo, ya lo había dispuesto en su breve interinato, además de disolver el Instituto Nacional de Remuneraciones.

El segundo discurso, más duro

Hubo que esperar diez días más para que Martínez de Hoz abandonara la amabilidad de la cadena nacional y adelantara a los empresarios sus propósitos.

"Guay de aquel que no entienda la responsabilidad del momento histórico que vivimos", amenazó a unos quinientos empresarios convocados a un acto en la Secretaría de Comercio el 12 de abril.

Por si no quedaba claro, abundó: "No me va a temblar la mano en aplicar los instrumentos que tiene el Estado a su disposición, no para aplicar multas ni las penas consabidas de la ley de Abastecimiento, sino medios mucho más efectivos que pondrán en juego las leyes económicas para que, por medio de la política arancelaria o crediticia, a cada empresario que no haya sabido comprender la responsabilidad de la hora, se dé cuenta que le ha resultado un pésimo negocio el no haber estado a la altura de la comunidad empresaria en la cual debe desempeñar su oficio".

Para muchos, no pasaba de un habitual discurso de ocasión. Cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde. 

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