La importancia de la escucha en la sociedad actual
La escucha activa fortalece los vínculos sociales, favorece el bienestar emocional y activa circuitos cerebrales asociados a la recompensa y la empatía
En tiempos en los cuales se va muy rápido, se presta bastante poca atención al otro y predominan la impulsividad de las redes y las necesidades de autovaloración cada vez más exigentes, la escucha cobra un valor central.
Resulta fundamental tomar conciencia de la necesidad de escuchar y, al mismo tiempo, advertir la escasez de la escucha como herramienta básica del diálogo. El diálogo no es solamente hablar, sino principalmente escuchar, entender, comprender y encontrar un camino con el otro. La escucha converge como una función neurológica y neurocognitiva central en los procesos de socialización y gregarismo del Homo sapiens.
El diálogo es un instrumento que, a través del lenguaje intersubjetivo, sirve como base de la conducta social del humano. Es decir, comunicar ideas al otro como interlocutor, si bien el pensamiento como idea constituye otro tipo de idioma, interno, que utiliza otros paradigmas y sectores del sistema nervioso. Sin embargo, la ideación necesita de este instrumento para comunicar al otro, emitiendo y escuchando. El diálogo, si bien retrasa la funcionalidad del pensamiento, permite engranar las ideas a través de códigos específicos de cada idioma, pero también de otros componentes universales que se encuentran diseminados en todos los continentes y etnias.
Pues requiere de una estructura más compleja que la gramatical para el entendimiento del otro, lo que le otorga peso social, ya que carecería totalmente de valor sin la comprensión del interlocutor. Esta funcionalidad es necesaria para el contexto grupal y las relaciones humanas. Este diálogo es esencial para la transmisión de información aprendida y mejorada, como proceso de construcción acumulativo de la cultura, que puede redundar en el crecimiento intelectual e incluso en el crecimiento cerebral en el contexto de la mayor acumulación de información y tecnología. El entendimiento lingüístico entre personas y grupos será esencial en la base de este difícil proceso.
Los especialistas Mark Dingemanse y Nick Enfield, del Departamento de Lenguaje y Cognición del Instituto Max Planck de Psicolingüística de Nimega, plantean que se requieren "turnos", es decir, pensamiento, espera para hablar y previsión de lo que probablemente nos dirán; "aclaraciones", como pedido de aclaraciones; y "enmienda", como correcciones que hacemos sobre la compatibilidad entre discurso e ideas. El grupo de Tanya Stivers plantea también que se requieren tiempos en los diálogos, intervenciones que utilizan temporalidad, espera y turno para establecer cada comunicación, cumpliendo una funcionalidad social tácita del lenguaje que pareciera ser universal y que se repite en diferentes idiomas y etnias.
Existe así, en las estructuras del diálogo, este instrumento muy importante que es la temporalidad. Las situaciones temporales son centrales para el entendimiento del otro. Por ejemplo, un mínimo silencio más largo de lo acostumbrado entre pregunta y respuesta puede implicar desaprobación o enojo. Pasamos la mitad de nuestra vida de vigilia en actividad social. El lenguaje corresponde a un instrumento clave para la capacidad gregaria. Presenta procesos universales que, si bien aprendidos, vendrían como una base funcional común en humanos.
En cuanto a la espera en la respuesta, es sugestivo que se produce, en promedio, en 200 milisegundos, es decir, 0,2 segundos para responder, como un componente estructural normal. Durante este mínimo tiempo, que es muy corto, vamos pensando la respuesta. Es decir, pensamos la respuesta mientras el otro habla. Pero si esos 200 milisegundos pasan a ser 500, lo que sería medio segundo, la respuesta en un diálogo puede ser sospechada de falaz o de que existiera algún tipo de duda o falta de sinceridad en lo respondido. Esto ha sido probado en diferentes idiomas, donde se observan características similares sobre la apreciación subjetiva de la temporalidad de la respuesta durante una conversación.
Durante un diálogo, primero sucede la idea en las cortezas cognitivas de asociación, como el lóbulo prefrontal. Segundo, se activan cortezas cerebrales del lenguaje, como Wernicke y Broca. Y tercero, se usarán instancias cerebrales de lo social, como la corteza cingulada posterior, la amígdala, que emociona y empatiza, y la corteza del precuneo, que activa funcionalidad sensorial de integración y contexto interno-externo, self y cognición social. Todas estas áreas se activan en resonancia magnética nuclear de cerebro en el contexto del diálogo social y se activan aun si se imagina una conversación.
El diálogo es entonces un instrumento de lo social, se convierte en un proceso clave y universal del Homo sapiens, como un acuerdo grupal inconsciente. Sirve para acuerdos y desacuerdos, y para la transmisión de la cultura, siendo un componente central de la conducta gregaria. El consenso es dialogar, encontrar y caminar. Implica así dos puntos centrales, más que hablar: escuchar y tolerar; llegar al pensamiento crítico, que implica incluso nuestros propios e inevitables desaciertos.
Hiroaki Kawamichi y colaboradores, del National Institute for Physiological Sciences, Kyushu University, Nagoya University y la University of Tsukuba, publicaron en Social Neuroscience, en el año 2014, un interesante estudio donde la escucha activa se asocia con la activación de circuitos cerebrales vinculados al sistema de recompensa. Se puede pensar así que ser escuchado puede producir una experiencia emocional positiva y cambiar la forma en que una persona valora lo que está contando.
Pero en tiempos de redes sociales, inmediatez y sobreinformación, escuchar y pedir perdón o admitir errores se ha vuelto aún más difícil. Las decisiones, muchas veces, se toman bajo presión, con información parcial, dominadas por lo emocional y reforzadas por algoritmos que fortalecen nuestras propias creencias. Reconocer errores y pedir perdón son actos profundamente humanos, pero también extraordinariamente complejos. No se trata solo de normas sociales o éticas, sino de procesos que involucran nuestras estructuras cerebrales, nuestros sistemas de creencias y la manera en que percibimos el mundo y a nosotros mismos.
Netta Weinstein y Guy Itzchakov, de la University of Reading, Reino Unido, y la University of Haifa, publicaron en el Journal of Experimental Social Psychology, en 2025, una investigación que muestra que ser escuchado de manera atenta, comprensiva y no invasiva favorece necesidades psicológicas básicas como la autonomía, la conexión interpersonal y el bienestar subjetivo. Escuchar no es una actitud pasiva, sino una intervención subjetiva que puede modificar el estado emocional de la persona escuchada. Esto permite pensar a la escucha como un recurso relevante para la salud mental y los vínculos sociales asertivos.
La escucha puede considerarse, entonces, una función central del lenguaje. Es decir, hablar no implica solamente establecer una relación interpersonal e intersubjetiva, ni desarrollar la emisión del instrumento gramatical, sino también la posibilidad de entender y escuchar al otro como parte de un proceso de diálogo intersubjetivo que implica pensamiento, pero también emoción. Se puede considerar que el lenguaje es un instrumento que utilizamos para nuestra expresión gregaria y que, sin escucha, ese lenguaje queda realmente afectado. Quizás sea hora de entender que escuchar es tan importante, o incluso más, que hablar o expresarse.