"La literatura ha sobrevivido a todo: a guerras, imperios, dictadores y a los dioses"
Verónica Rosenthal, el personaje creado por Sergio Olguín, regresa por quinta vez con su pasión por el periodismo intacta y con su vida personal cada vez más complicada
"Cada historia de Verónica Rosenthal comienza y termina en la novela, así que siempre se pueden leer de manera independiente. A su vez, cada historia modifica la vida de Verónica y su entorno. Lo que puede pasar es que aquel que arranque por la última (por ejemplo) se puede preguntar cómo era el vínculo con su padre o cómo es que se separó de su pareja y le interese leer alguna de las anteriores. Pero las tramas de cada novela son autoconclusivas", dice el autor a BAE Negocios.
-En esta novela, a Verónica le suceden muchas cosas personales ¿Qué es lo que podés contar sin adelantar la historia para los que aún les quedan libros de la saga?
-Lo más importante es enterarse de que su padre tiene una enfermedad grave y tiene que vivir el proceso de saber que tarde o temprano esa persona ya no va a estar. La enfermedad paterna también influye en cómo se relaciona con sus hermanas. Verónica ya está cerca de los cuarenta y hay varias cuestiones personales que comienza a replantearse. Lo que sigue intacto es el amor por su oficio de periodista que la lleva a investigar y a meterse en problemas. En este caso, en una historia que tiene que ver con el pasado de su padre en los años 70, pero también con un caso de violencia de género en la actualidad.
El nuevo libro de Sergio Olguín
-En estos tiempos en que el periodismo está tan devaluado ¿la pasión de Verónica por él viene a recordar algo?
-En primer lugar, creo que pone en discusión sobre las formas de hacer periodismo y rescata un estilo de trabajo que funcionaba bien: la del periodista que investiga, contra viento y marea, y publica sus hallazgos en la prensa. Por otra parte, Verónica acompaña un cambio profundo en el oficio de periodista, que es el que estamos viviendo actualmente.
-Esas redacciones que ella describe ¿te parece que van a volver a existir?
-Me parece difícil. Esas redacciones, con su bohemia y su trabajo más en la calle que en el escritorio, ya casi no existen y cada vez va a existir menos. No soy para nada optimista al respecto.
-¿Tenías pensado cómo iba a evolucionar Verónica o de alguna manera fue ella sola la que marcó el tiempo?
-Desde un primer momento tuve claro que quería que Verónica fuera creciendo con las novelas, que no se mantuviera igual a sí misma, que cada cosa que le ocurriera le influyera. Me gusta ver cómo se va armando su mundo íntimo a través de los años. Es lo que más me interesa a la hora de pensar sus historias.
Sergio Olguín. Foto: Alejandra López
-¿Cómo definís a esta Verónica?
-Creo que está más centrada, más resignada en algunas cuestiones afectivas. Ya vivió situaciones muy dolorosas y eso la ha vuelto menos egoísta y menos obsesionada con ser la mejor. Ya pasó casi una década desde su primera aventura. Y todavía le quedan muchos cambios importantes en su vida para las próximas novelas
-¿Imaginas qué postura hubiera tenido ella en relación a la derogación del Estatuto del Periodista?
-En general, me permito ponerle al persona mis ideas sobre el periodismo, así que estoy seguro de que hubiera acompañado la lucha de tantos periodistas por defender sus derechos.
-¿Qué te dio a vos Verónica?
-De todo, pero sobre todo un universo desde donde contar historias. No es solo ella, son todos los demás personajes de sus historias. Entro siempre a una nueva novela con la expectativa de saber más de ellos. Me regalan, Verónica y los demás personajes, historias que puedo narrar. Eso es lo que todo escritor quiere.
-¿Sentis presión de los lectores cuando el personaje se torna tan polupar?
-Me gusta que los lectores se sientan interpelados por las decisiones de Verónica. Se alegran, se enojan y me lo hacen saber. Más que una presión, lo vivo como una influencia más. Tarde o temprano, los personajes no pertenecen a los autores sino a los lectores.
Sergio Olguín. Foto: Alejandra López
-¿Cuándo supiste que querías ser escritor?
-De chico (once, doce años) jugaba a que era escritor, intenté escribir algo. En la secundaria me gustaba escribir y a los 16 gané un concurso de cuentos en una revista. Eso me hizo pensar que podía ser escritor. Pero lo que siempre más me gustó (mucho más que escribir) es leer. El paso de la lectura a la escritura fue algo natural.
-¿Qué te da a vos la posibilidad de escribir?
-Nunca pensé que escribir ficciones podía ser mi oficio. Y la escritura me dio eso: la posibilidad de vivir de lo que me gusta. Gracias a la literatura conocí lugares, gente, viví situaciones que fueron convirtiéndome en lo que soy. La escritura y mi vida están absolutamente ligadas.
-¿Qué lugar ocupa la literatura en tiempos violentos?
-¿Hubo alguna vez un tiempo que no fuera violento? Me parece que nunca. La literatura ha sobrevivido a todo: a guerras, imperios, dictadores, dioses. Contar historias está en la matriz del ser humano. Pueden cambiar las formas, los estilos, los instrumentos, la forma de producción, pero siempre habrá alguien que quiera contar una historia y alguien que quiera leerla, verla o escucharla.