Bancos centrales, protagonistas

La nueva crisis energética encuentra a una América Latina más fuerte

El FMI destacó que la región logró contener el traslado de los shocks externos a los precios a nivel interno.

La guerra en Medio Oriente volvió a poner a la inflación global en primera plana. El cierre del estrecho de Ormuz, los daños sobre infraestructura energética clave y la suba del petróleo reactivaron el temor a un nuevo "shock" inflacionario internacional. Pero América Latina aparece mejor posicionada que en crisis anteriores gracias a un cambio estructural que llevó más de dos décadas: el fortalecimiento de la credibilidad de sus bancos centrales.

Un informe reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI) sostuvo que las economías latinoamericanas lograron "anclar" las expectativas de inflación de largo plazo. Ese proceso reduce el impacto que tienen los shocks externos, como la suba del petróleo o de otras materias primas, sobre los precios internos.

El fenómeno tiene implicancias directas para la política monetaria. Según el organismo, cuando hogares, empresas e inversores creen que la inflación volverá a niveles normales en el mediano plazo, los aumentos temporales de costos no se trasladan de forma permanente al resto de la economía. Esto evita espirales inflacionarias y reduce la necesidad de aplicar ajustes monetarios extremos.

El diagnóstico aparece en un contexto más complejo. El FMI advirtió que la guerra interrumpió la recuperación económica y recortó la proyección de crecimiento mundial para 2026 de 3,4% a 3,1%. En un escenario adverso, el crecimiento podría caer hasta 2,5%, mientras que la inflación global subiría a 5,4%.

El petróleo vuelve a presionar sobre los precios

La principal preocupación de los bancos centrales es el efecto de la energía sobre el resto de los precios. El petróleo encarece transporte, alimentos, fertilizantes, logística e insumos industriales. El FMI describió ese fenómeno como un "shock negativo de oferta" que erosiona el poder adquisitivo y afecta el crecimiento económico.

La experiencia de 2022, tras el inicio de la guerra en Ucrania, funciona como antecedente inmediato. En aquel momento, la inflación global alcanzó niveles récord desde la década de 1970 y obligó a una suba coordinada de tasas de interés en casi todo el mundo.

Sin embargo, el organismo remarcó una diferencia importante respecto de aquel episodio: hoy las expectativas inflacionarias están más estabilizadas en buena parte de América Latina. Esa estabilidad limita los efectos de segunda ronda, es decir, evita que empresas y trabajadores ajusten precios y salarios suponiendo que la inflación seguirá acelerándose.

El estudio del FMI señaló que las expectativas de inflación de largo plazo en la región no aumentaron de manera significativa tras los shocks de la pospandemia, pese a que la inflación corriente sí se aceleró en varios países.

Reformas que cambiaron el mapa monetario

El informe atribuyó esa resiliencia a un conjunto de reformas institucionales aplicadas desde fines de los años noventa y comienzos de los 2000.

Entre las principales medidas aparecen:

la adopción de esquemas de metas de inflación

una mayor independencia de los bancos centrales

el fin de la dominancia fiscal sobre la política monetaria

reglas más previsibles para el manejo macroeconómico

El FMI destacó que esas transformaciones modificaron la percepción social sobre la inflación. En otras palabras, hogares y empresas comenzaron a confiar más en la capacidad de los bancos centrales para controlar los precios.

Brasil aparece como uno de los casos emblemáticos. El país implementó un régimen de metas de inflación en 1999, en medio de una crisis cambiaria y financiera. Según el organismo, esa decisión ayudó a estabilizar expectativas incluso en un contexto económico adverso.

Chile también figura entre los ejemplos regionales de consolidación monetaria. La combinación entre independencia institucional y disciplina macroeconómica permitió reducir la volatilidad inflacionaria durante las últimas décadas.

El caso de Argentina

El trabajo del FMI incluyó a Argentina como ejemplo de los efectos que generan los cambios abruptos en la política monetaria y la falta de consistencia macroeconómica.

El organismo sostuvo que las expectativas de inflación son "fáciles de perder" cuando las políticas monetarias se perciben demasiado laxas o subordinadas a necesidades fiscales.

La investigación concluyó que una política monetaria más dura de lo esperado puede mejorar gradualmente la credibilidad de los bancos centrales. Pero ocurre lo contrario cuando las decisiones oficiales son vistas como expansivas o inconsistentes: en esos casos, las expectativas se desanclan con rapidez.

Para economías con alta inflación o fuerte dolarización, el desafío es todavía mayor. El FMI indicó que los regímenes de metas de inflación no siempre funcionan de manera inmediata cuando existe una larga historia de inestabilidad monetaria.

Un mundo más frágil y con menos margen de error

El nuevo escenario global también plantea riesgos adicionales para América Latina. El FMI advirtió que una suba prolongada del petróleo podría endurecer las condiciones financieras internacionales, fortalecer al dólar y acelerar la salida de capitales desde mercados emergentes.

Ese fenómeno impactaría sobre países con mayores necesidades de financiamiento externo o menor acumulación de reservas.

Además, el organismo alertó sobre otro cambio estructural: la inflación global ya no parece tan fácil de controlar como después de la pandemia. Según el reporte, la economía mundial dejó atrás el contexto excepcional de cuellos de botella y exceso de demanda que permitió desinflar precios sin una recesión profunda.

Ahora, la curva de oferta luce "más plana", lo que implica que reducir inflación podría exigir costos mayores en actividad y empleo.

La credibilidad como activo económico

El informe dejó en claro que la estabilidad monetaria no depende únicamente de las tasas de interés, sino también de la confianza que generan las instituciones.

En el caso latinoamericano, esa credibilidad actuó como un amortiguador frente a shocks externos cada vez más frecuentes. El FMI sostuvo que las economías con expectativas inflacionarias mejor ancladas logran absorber aumentos temporales de precios sin desestabilizar toda la estructura económica.

Esa capacidad, aclaró el organismo, no es permanente ni automática. Puede erosionarse rápidamente si los gobiernos abandonan la disciplina fiscal, modifican reglas monetarias o debilitan la independencia de los bancos centrales.

La nueva crisis energética global vuelve a poner a prueba esa construcción institucional. Después de décadas marcadas por hiperinflaciones, devaluaciones y crisis de deuda, América Latina enfrenta un escenario adverso con una ventaja que antes no tenía: una parte importante de la sociedad volvió a creer que la inflación puede ser controlada.

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