La nueva narrativa de Beijing: "rivalidad controlada" con Washington
El ámbito académico chino interpretó la cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump como un cambio de paradigma histórico que posiciona a China en una paridad estratégica frente a Estados Unidos.
La cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump generó una amplia repercusión en el ámbito académico chino especializado en relaciones internacionales. La importancia de analizar estas interpretaciones radica en que, en China, los centros de investigación y universidades mantienen vínculos con el Estado y el Partido gobernante, actuando como espacios de producción intelectual y como instancias consultivas para la formulación de la política exterior.
La reunión fue presentada por Beijing como el inicio de una "relación constructiva de estabilidad estratégica entre China y EE.UU.", formulación concebida para ofrecer una orientación estratégica a la relación bilateral. Varios analistas interpretaron la definición como un cambio de paradigma. Zheng Yongnian, de la Universidad China de Hong Kong, sostuvo que la cumbre tuvo una relevancia histórica, superior a la visita de Richard Nixon a China en 1972, por generar una modificación profunda en la lógica de las relaciones internacionales.
Otros enfatizaron que el acercamiento respondió a una transformación en el equilibrio global de poder: Wang Yong, docente de la Universidad de Pekín, sostuvo que EE.UU. habría reconocido a China como una potencia de poder equivalente. En esa línea, Sun Liping, de la Universidad Tsinghua, sugirió el surgimiento del "G-2", fruto de la creciente paridad estratégica.
La nueva formulación debe comprenderse dentro de una evolución conceptual más amplia: desde la "asociación estratégica constructiva" (impulsada por Jiang Zemin y Bill Clinton en 1997), hasta la "nueva relación entre grandes potencias" (abrazada por Barack Obama tras reunirse con Xi Jinping en 2013), ambas potencias han procurado definir discursivamente la naturaleza de su vínculo.
Desde una perspectiva analítica, la reacción del establishment académico chino revela el consenso respecto de que China ha alcanzado un nivel de poder suficiente para negociar con EE.UU. en condiciones de mayor simetría. La primera pregunta que surge es si el énfasis puesto por Beijing en definir la relación bilateral evidenciaría su voluntad de influir, no sólo en el equilibrio de poder, sino también en el lenguaje estratégico mediante el cual se interpreta el orden internacional.
Asimismo, cabe preguntarse si esta percepción del establishment académico se reflejará en breve en acciones diplomáticas acordes por parte del gobierno central.
A modo de conclusión, el optimismo observado parece combinar convicción estratégica y necesidad política: las divergencias sobre Taiwán, tecnología, seguridad regional y liderazgo global continúan intactas, lo que sugiere que la actual distensión alcanzada entre los presidentes sería más una tregua que una transformación de la relación sino-estadounidense.
* Director del Comité de Asuntos Asiáticos (CARI) y director del posgrado en Estudios sobre China (UCA). Miembro del Consejo Académico (CEI-UCA).