La peor encuesta para Javier Milei es la de los datos del Indec
Mientras el Presidente cuestiona a consultoras y encuestadores, los indicadores oficiales del INDEC muestran una economía con inflación persistente, deterioro del ingreso real y retroceso industrial
El presidente Javier Milei y varios de sus principales ministros se enojan con las consultoras que miden el pulso de la opinión pública, las principales preocupaciones y la percepción que los argentinos tienen tanto del Gobierno como de su economía personal y familiar.
El jefe de Estado sumó categorías despectivas a las ya acostumbradas, como "econochantas" y "empresaurios", y fue contra los encuestadores de opinión pública que muestran una caída en el apoyo hacia el Gobierno, a los que llamó "perukas rabiosos" y "pasados de zurda".
Si Milei quisiera buscar la "consultora" que más daño le está haciendo ahora al Gobierno, podría hacer una caminata de siete minutos desde su despacho de la Casa Rosada y plantarse en la esquina de Diagonal Sur y Perú, sede del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), cuyas publicaciones le están devolviendo el reflejo de las consecuencias de la política económica.
Las causas de la inflación
El dato de inflación de marzo que se conoció el martes fue ruidoso. Marcó el décimo mes consecutivo sin la "desinflación" de la que tanto le gusta alardear al oficialismo, pero también dejó una argumentación presidencial muy particular.
Esta vez, lo que llamó la atención no fue el discurso abstruso que suele regalar Milei cuando habla de economía, sino su análisis sobre el dato del IPC. "Esto no es inflación estrictamente, es que pegó un salto el nivel de precios, por cambios de precios relativos; pero la inflación de largo converge hacia la internacional", sostuvo el primer mandatario ante el auditorio de primera línea integrado por empresarios de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham), en un discurso en el cual utilizó 46 veces la palabra inflación.
Los datos del INDEC reflejan el deterioro de la economía real
Si se recapitula, el INDEC informó en solo siete días que el ingreso promedio es de $800.000, apenas superior al alquiler de un monoambiente en la Ciudad de Buenos Aires; una caída mensual en la actividad minera; un desplome interanual de 8,7% en la producción fabril y, el mismo día, un dato aún peor en construcción; una suba de la informalidad laboral, y el IPC más alto desde marzo de 2025.
El 3,4% de inflación se puede descomponer como un poliedro: dos de esas caras marcan que la inflación núcleo es alta, con el 3,2%, y que los servicios regulados subieron 5,1% en un mes, mostrando el poder de la larga mano del Estado.
En el discurso ante AmCham, el Presidente mencionó 46 veces la palabra inflación
El Gobierno tuvo que enviar al secretario de Transporte a flexibilizar la caja para girarle fondos ante la amenaza de una parálisis en la circulación de colectivos. Aquí reside también la paradoja de que la libertad está bien para algunos precios, como los alquileres, pero no tanto para otros.
En el rubro combustibles hay que reconocer, además, que se aplicó un poquito de heterodoxia cuando ya habían subido un 20% gracias a las tensiones generadas por la guerra en Oriente Medio. Ese impacto todavía no pegó de lleno en las mediciones del INDEC. Es decir, los precios flotan, pero el oficialismo a veces tira un ancla para que no vuelen.
Hasta lo que está bien, está mal
En un discurso encendido que recuerda a los de su primera época de gestión, el Presidente apuntó contra una especie de política destituyente que se aplicó desde que Manuel Adorni ganó en la Ciudad de Buenos Aires para intentar terminar con su gobierno y así volver a un esquema anterior. El fenómeno de acusar a sectores de la oposición por las cosas que le salen mal al Gobierno.
Pero incluso los datos positivos son negativos. El crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) mostró que existe una heterogeneidad en el crecimiento que se apalanca en los rubros clásicos que sostiene desde el inicio la gestión mileísta: agro, energía, minería e intermediación financiera. Ni industria ni comercio ni construcción, sectores que concentran la mayor parte del empleo.
El Gobierno se pelea con empresarios, economistas, periodistas y encuestadores. Es una disputa vana si no pelea contra el deterioro de la calidad de vida, de los ingresos y de las expectativas positivas de la ciudadanía, que tal vez pueden "derrumbarse" mucho antes de que lo haga la inflación.