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Los 6 cambios que dejó el home office más allá del trabajo

Más hijos, más soledad, menos movimiento: los otros aspectos que cambiaron a partir del home office, fuera de la ubicación de la oficina.

Cuando el mundo empezó a trabajar desde casa, el debate y el foco se instalaron rápido en los carriles de siempre: productividad, presentismo, confianza entre empleado y empleador, el futuro de las oficinas... Distintos temas, pero todo alrededor del trabajo en sí. 

Sin embargo, seis años después de la pandemia, distintos estudios muestran que el home office no solo reconfigura la jornada laboral, sino también aspectos como la familia, la salud y hasta la decisión de dónde vivir. 

Mientras se discute una vuelta a la presencialidad completa -que ya es moneda corriente en algunas de las empresas más importantes del mundo-, revisemos cuáles fueron esos cambios que fueron más allá de la ubicación de la oficina. Y mejor hacerlo ahora, antes de que las tendencias se modifiquen de nuevo.

Más home office = más hijos

El cambio más llamativo viene de un estudio publicado en marzo de este año por Nicholas Bloom, el economista de Stanford que lleva más de una década estudiando el trabajo remoto, junto con investigadores del King's College London. 

La investigación, que analizó datos de casi 40 países, encontró que las parejas en las que al menos uno trabaja desde casa tienen, en promedio, 0,32 hijos más a lo largo de su vida que aquellas en las que ninguno lo hace. En Estados Unidos, los autores estiman que el trabajo remoto explicaría el 8,1% de los nacimientos de 2024: cerca de 291.000 bebés.

El mecanismo detrás no es misterioso. Otro estudio, del Economic Innovation Group, calculó que cada día de home office le devuelve al trabajador casi una hora de traslado. De ese tiempo recuperado, el 18% va directo al cuidado de los hijos entre quienes los tienen - y, al parecer, también a tenerlos.

Hasta ahora, eso no lo vimos en Argentina. De hecho, todo lo contrario: el INDEC registró en su Censo 2022 que el promedio de hijos por mujer en edad fértil cayó a 1,4 - con la Ciudad de Buenos Aires en el nivel más bajo del país: 0,9. Una curva que viene descendiendo desde 2,1 en 2001, según datos de la Universidad Austral. 

Sin embargo, en un país que hace dos décadas no para de perder natalidad, el home office podría ser uno de los pocos factores que empuja en la otra dirección.

Con más tiempo, pero más solos

Aquellos que no tienen familia o pareja sienten el home office desde otro lado: la soledad. De acuerdo con una encuessta realizada por Gallup a casi 20.000 personas, los trabajadores completamente remotos se sienten solos el 25% del tiempo, contra el 16% de quienes van a una oficina.

La encuesta, denominada State of the Global Workplace 2024, hace una salvedad: el trabajo en sí previene la soledad. En general, los adultos que trabajan tienen menos probabilidades de experimentar soledad (20%) que los desempleados (32%).

Otro estudio publicado en 2025 en ScienceDirect, basado en más de 87.000 encuestados del Censo de Estados Unidos, confirmó la tendencia: trabajar desde casa tres o más días por semana se asocia con chances estadísticamente más altas de reportar mayor soledad.

Una revisión del CONICET y la Universidad Nacional del Nordeste sobre teletrabajo en América Latina entre 2020 y 2023 identificó exactamente lo mismo como una de las dimensiones centrales del fenómeno en la región: el aislamiento profesional -la pérdida del vínculo con colegas, la debilitación de la acción sindical, la fragmentación de los intercambios cotidianos- crece en paralelo a la conectividad digital.

¿Qué pasó con la promesa del home office de que tendríamos más tiempo para nosotros mismos y para los demás? Podríamos decir que, en parte, cumplió: tenemos más tiempo. Pero también tenemos menos pasillos, menos almuerzos en grupo, menos de esa textura social que el trabajo presencial genera casi sin querer.

Cambió el cómo, pero también el dónde

El impacto no se quedó dentro de las casas. Un estudio publicado en PNAS en octubre de 2024, con datos de 118 ciudades globales, documentó lo que sus autores llamaron el "efecto donut": los centros urbanos se vaciaron mientras los suburbios y las ciudades medianas crecieron

En las ciudades con alta tasa de trabajo remoto, los movimientos de población y la caída en el gasto en el centro no se habían revertido hasta mediados de 2023.

En Argentina, el fenómeno tiene cara y dirección. En Buenos Aires, CBRE midió que al cierre del tercer trimestre de 2024, Microcentro y Puerto Madero eran los únicos submercados donde la liberación de espacios de oficinas todavía superaba a la absorción - mientras el resto de la ciudad mostraba valores positivos. 

Es más: el gobierno porteño llegó a lanzar un plan para reconvertir unas 10.000 oficinas en viviendas en el corazón del centro histórico, del que se fueron tanto personas como empresas. Aunque finalmente fue cancelado por el jefe de Gobierno, Jorge Macri, el problema sigue ahí.

Si viajamos a Rosario, un relevamiento de diciembre de 2025 del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNR junto al Colegio de Corredores Inmobiliarios citado por La Capital mostró que el centro concentra el 77% de los locales de la ciudad y también su mayor tasa de vacancia: 11,3%. 

Dentro de ese sector, el microcentro aparece como el punto más frágil. Según el mismo relevamiento, los shoppings mostraron la tasa de desocupación más baja de toda la serie, mientras el centro no termina de recuperar su dinamismo.

¿A dónde se van todos? Uno de los destinos es la playa. Con el teletrabajo como factor clave, Mar del Plata vivió un renacer inmobiliario impulsado por jóvenes menores de 35 años que llegaron con empleo estable y buscaron comprar, no alquilar por temporada. 

Unos se mudan, otros casi ni se mueven

Un análisis publicado en PMC, sobre 21 estudios con más de 1.200 personas, encontró que trabajar desde casa se asoció con un aumento del 16% en conductas sedentarias y una caída del 17% en actividad física. 

Por ejemplo, un estudio sobre trabajadores del Consejo Nacional de Investigaciones de Italia reportó que el 39,9% de ellos tuvo un aumento de peso corporal. Stanford lo cuantificó: quienes trabajan completamente en remoto se sientan dos horas más por día que antes del cambio.

Con el tiempo, eso tiene consecuencias físicas más concretas. Un relevamiento publicado en el Journal of Occupational and Environmental Medicine sobre más de 1.000 trabajadores en Alemania encontró que tener un puesto de trabajo ergonómicamente deficiente casi duplica el riesgo de desarrollar dolor nuevo en el cuello o la espalda alta. En Malta, el 55,8% de los teletrabajadores reportó al menos un problema musculoesquelético.

Quizá ganemos el tiempo del colectivo o nos olvidemos de la incomodidad del transporte. Pero, si esto continúa así, ese tiempo extra lo destinaremos al médico.

Dulces sueños

Hasta el descanso cambió. Un estudio de la Universidad Nacional de Singapur, publicado en Frontiers in Psychology, siguió a más de 200 trabajadores durante dos años con dispositivos Fitbit y diario electrónico. 

¿Qué encontraron? El home office les daba más horas de sueño, pero también horarios más tardíos, acompañados de leves mejoras subjetivas de sueño (evaluadas por los propios encuestados) y menor somnolencia matinal.

Los de afuera ya no son de palo

Hay otro dato bastante interesante: según la plataforma Deel, Buenos Aires lidera el ranking latinoamericano de trabajadores contratados en remoto por empresas del exterior, con perfiles de software, traducción y hasta psicología como los más demandados - más de la mitad, menores de 35 años.

El home office no solo reconfiguró dónde trabajan los argentinos. También reconfiguró para quién trabajan. 

Y, como muestran los datos, también reconfiguró cómo duermen, cómo se mueven, qué tan solos se sienten, dónde viven y, en el dato más inesperado, cuántos hijos tienen.

Todo eso sin que nadie lo haya votado, negociado ni discutido en una paritaria. Simplemente, un día tuvimos que trabajar desde casa. Y desde ese día, la casa no volvió a ser la misma.

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