Batalla infinita

Los peligros de la retórica de la "Guerra Santa"

La superioridad tecnológica de los Estados Unidos e Israel en el conflicto de Medio Oriente es innegable, pero el arma más peligrosa de los iraníes todavía no entró en escena.

Tras los ataques coordinados contra territorio iraní por parte de los Estados Unidos e Israel, el régimen de Teherán ha activado una maquinaria de respuesta que trasciende lo estrictamente militar. Para la República Islámica, la confrontación actual con las fuerzas de la administración estadounidense y el gobierno de Netanyahu, no es solo un conflicto por la soberanía o el programa nuclear; es, en sus propios términos, una Guerra Santa de "Defensa Sagrada".

Expertos en geopolítica coinciden en que Irán está utilizando el concepto de Jihad defensivo para cohesionar a una población civil golpeada por los bombardeos y décadas de sanciones. Al presentar a Estados Unidos e Israel como agresores de la fe, el Consejo de Seguridad Nacional iraní busca transformar el sentimiento de vulnerabilidad en una voluntad de martirio. "No estamos ante una guerra de fronteras, sino ante una lucha cósmica entre los 'oprimidos' (mustad'afin) y los 'opresores' (mustakbirin)", señalan las agencias oficiales vinculadas a la Guardia Revolucionaria (IRGC).

La narrativa del régimen ha elevado la figura de sus líderes caídos al nivel de "santos guerreros". Esta mística permite a la Fuerza Quds, el brazo externo de la llamada Guardia Revolucionaria Iraní, movilizar milicias regionales, grupos como Hezbollah en el Líbano y los Houthíes en el Yemen, que interpretan los ataques a Teherán como un llamado a la "defensa de los santuarios". Esto explica la reciente apertura de frentes en el Mar Rojo y el norte de Israel.

Además, los líderes iraníes sostienen de esa forma, ante su gente, que a su vez son sus fieles, el costo humano de la guerra. Ante la superioridad tecnológica de la Fuerza Aérea israelí, el régimen recurre al "capital humano" religioso. La promesa de redención espiritual para quienes caigan en combate sirve para mantener el flujo de voluntarios, quienes ven en la muerte una victoria sobre el "Gran Satán".

La "Jihad" no requiere órdenes directas

Un punto que mantiene en vilo a las agencias de inteligencia es si esta declaración de "Guerra Santa" faculta a cualquier individuo para actuar por cuenta propia. La clave reside en la distinción teológica entre la obligación colectiva (Fard Kifaya) y la obligación individual (Fard Ayn).

En la interpretación más radical de la doctrina iraní y sus aliados, cuando un territorio islámico es "invadido" o atacado directamente, la defensa deja de ser una tarea exclusiva del ejército y se convierte en un deber religioso personal, y ese deber se materializa bajo tres premisas:

La "licencia permanente": El creyente radicalizado considera que no necesita una orden específica de un general para cometer un atentado. El ataque previo del enemigo actúa como la "orden divina" automática, lo que genera el riesgo de que cualquier persona reciba una puñalada en el centro de París o de Madrid, por ejemplo. Resistencia descentralizada: Se promueve la figura del "atentado por iniciativa", donde cualquier individuo, en cualquier lugar del planeta, se siente investido de la autoridad moral para atacar objetivos que considere vinculados al "eje opresor". El contrapunto teológico: Es imperativo destacar que la vasta mayoría de la comunidad musulmana global y sus clérigos rechazan esta visión, sosteniendo que solo un Estado legítimo puede declarar la guerra y que el asesinato de civiles es un crimen (hirabah), no un acto de fe. Sin embargo, en el fragor de la guerra actual, la retórica oficial de Teherán busca precisamente disolver estas fronteras legales para generar un estado de amenaza constante y descentralizada.

La exportación del conflicto: Alerta en América Latina

Bajo la lógica de que la fe no conoce fronteras, la inteligencia occidental ha elevado al máximo el nivel de alerta en embajadas y centros comunitarios, especialmente en América Latina. Zonas como la Triple Frontera o puntos estratégicos en Venezuela están bajo vigilancia intensiva. Para la IRGC, un ataque en Buenos Aires o San Pablo se justifica bajo el concepto de reciprocidad sagrada. Asimismo el temor a que la retórica del martirio inspire a "lobos solitarios" en el continente ha llevado a declarar alertas máximas en delegaciones diplomáticas y aeropuertos.

A diferencia de un ejército convencional que podría capitular ante la destrucción de su infraestructura, un estado que opera bajo la lógica de la Guerra Santa es impredecible. La apuesta de Irán en este marzo de 2026 es el desgaste psicológico: confían en que la opinión pública occidental no soportará el colapso de su estilo de vida, mientras que su combatiente está dispuesto a resistir "hasta el último suspiro" por una causa que considera eterna.

Mientras Israel afirma haber neutralizado la capacidad técnica de su enemigo, Teherán responde con una mística de resistencia que asegura que, aunque sus radares sean destruidos, su misión divina permanece intacta.

* Director de Relaciones Institucionales de Grupo Crónica. Ex profesor de Sistemas Legales Contemporáneos de la Universidad de Belgrano.