Festival de Cannes

Ovación para el documental argentino sobre Argentina vs Inglaterra en el Mundial 1986

El documental Anomalía al cuadrado emocionó en Cannes con la historia del Argentina-Inglaterra de 1986 y la figura eterna de Diego Maradona.

El enfrentamiento en el Mundial de fútbol de 1986 entre Argentina e Inglaterra posee ya ribetes míticos. Y no solo para los argentinos. La enorme sala Debussy del Festival de Cannes, con entradas agotadas desde que estuvieron accesibles, da cuenta de ello. 

Anomalía al cuadrado, el documental de Juan Cabral y Santiago Franco, no solo fue seleccionado para formar parte de la prestigiosa sección Cannes Premiere (de la que forman parte, por ejemplo, las últimas películas de Volker Schlöndorff, Kiyoshi Kurosawa y Daniel Auteuil), sino que fue su film de apertura.

El delegado general del Festival, Thierry Frémaux la presentó personalmente y, tras recorrer la programación de la sección, señaló que en Argentina sí se sigue apoyando el cine, mas ello ahora lo hacen los estados locales y no el nacional. 

En particular, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tras esas palabas, pidió un aplauso para la ministra de cultura porteña, Gabriela Ricardes, presente en la sala. Luego, ponderó el valor de este documental no solo por lo deportivo. 

Es que la película abraza (muchas veces con ironía) esa lógica tan argentina que equipara una guerra con un partido de fútbol

De la historia de la relación entre los países a la gesta deportiva, invasiones, enfrentamientos y mundiales de fútbol poseen para los realizadores idéntica esencia y peso narrativo. 

El recurso de juntar a jugadores de ambos bandos a ver imágenes del partido o la película (un poco como en Teatro de guerra, de Lola Arias), funciona sobre todo cuando los deportistas se sueltan y pueden hablar. 

Los elegidos son los ingleses Gary Lineker, John Barnes y Peter Shilton y los argentinos Jorge Burruchaga, Julio Olarticoechea, Oscar Ruggeri y Ricardo Giusti.

 Cuando la deriva muta más hacia el reality show, con plano detalle de bufidos, lágrimas, reacciones o sonrisas de los protagonistas, todo se torna más impostado y (mal) actuado. 

Uno podría pensar que una película así sólo funciona con los argentinos. De la repetición de los mohines y arranques propios del personaje que televisivamente ha sabido construir Ruggeri a una sobredosis de energía y épica argenta podrían indicar que cualquier ajeno a esa cosmogonía se sentiría excluido, expulsado. 

Sin embargo, la magia de ese partido, la magia de Diego Maradona (que de hecho, sin estar resulta omnipresente y es, como corresponde, la estrella de la película) sigue funcionando, sigue atrapando y conmoviendo.

 Incluso a quien no es muy futbolero (como quien escribe estas líneas) se le ha escapado un lagrimón reviviendo el segundo gol a los ingleses. Es cierto que había muchos argentinos en la sala, pero también que eran minoría en las 1068 almas que la llenaban. Y el extendido aplauso de pie dio cuenta de que allí se estaba celebrando algo más que una película.

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