El juez indiscreto y la nueva etapa

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En 2003, en plena tensión con la “mayoría automática” menemista, el entonces presidente Néstor Kirchner firmó el decreto 222 que estableció nuevos mecanismos para nombramientos en la Corte Suprema. Uno de ellos, mencionar a los clientes a los que el postulante hubiera representado en los últimos ocho años. Trece años más tarde, el abogado Carlos Rosenkrantz tuvo que llenar diez carillas para listar los nombres, entre los que se encuentran empresas de energía, de medios, gobierno provinciales y la cadena Farmacity, cuyo caso se encuentra en estudio de la Corte Suprema y por la cual debió excusarse.

Conocido por su sobriedad y seriedad, además de su exitosa carrera en uno de los estudios más importantes del país -Rosenkrantz, Bouzat y Asociados- tiene algunos puntos de conexión política: fue asesor de Raúl Alfonsín en la Convención Constituyente de 1994. Su estilo está en las antípodas del alto perfil que tuvo el renunciante Ricardo Lorenzetti, protagonista de una puja pública con la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió. Lorenzetti llegó a quejarse muchas veces en forma pública, y muchas más en forma reservada, por los ataques de Carrió. Y le atribuyen aspiraciones políticas más o menos disimuladas. Pero a pesar de que él lo negó, en el Gobierno celebran el cambio. En tiempo de tormentas, siempre es bueno un poco de cielo despejado.

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