Putin llegó a China tras la visita de Trump y buscó blindar su alianza con Xi
El presidente ruso inició una visita de dos días en Beijing. Energía, Ucrania y Medio Oriente dominan una relación sólida, pero cada vez más desigual.
Vladimir Putin aterrizó en Beijing a las 23:15 del martes, hora local -12:15 en la Argentina-, para iniciar una visita de Estado de dos días con Xi Jinping. La llegada tuvo una puesta en escena conocida: alfombra roja, banda militar, recepción oficial y jóvenes chinos que agitaron banderas rusas al grito de bienvenida. También dejó una comparación imposible de obviar: apenas unos días antes, Donald Trump había pisado el mismo aeropuerto, en una visita destinada a recomponer la relación entre EEUU y China.
Beijing repitió parte del ceremonial, pero cambió los símbolos: donde antes flameaban banderas estadounidenses, esta vez hubo banderas rusas. La secuencia dejó una postal deliberada de la diplomacia china, que recibió en menos de una semana a los presidentes de EEUU y Rusia, dos piezas centrales de su tablero global.
Dos visitas, un mismo escenario
El viaje de Putin busca mostrar que la alianza con Xi sigue firme pese al acercamiento reciente entre China y EEUU. Pero detrás de la foto hay una relación cada vez más desigual: Rusia llega a la mesa con una dependencia creciente de Beijing, su principal comprador de petróleo sancionado y un socio clave para sostener su economía desde la invasión a Ucrania.
El Kremlin informó que Putin y Xi discutirán cómo "fortalecer aún más" la asociación estratégica entre Rusia y China y que intercambiarán puntos de vista sobre "asuntos internacionales y regionales clave". También está prevista la firma de una declaración conjunta sobre la construcción de un "mundo multipolar" y de "un nuevo tipo de relaciones internacionales", según el asesor del Kremlin Yuri Ushakov.
Putin preparó el terreno antes de viajar. En un mensaje en video dirigido al pueblo chino, afirmó que los vínculos entre ambos países llegaron a "un nivel verdaderamente sin precedentes" y que el comercio bilateral "continúa creciendo".
"La estrecha relación estratégica entre Rusia y China cumple un papel importante y estabilizador a nivel global. Sin aliarnos contra nadie, buscamos la paz y la prosperidad universal", dijo el presidente ruso, sin mencionar a terceros países.
Una amistad sólida, pero desigual
La visita coincide con el aniversario número 25 del Tratado de Amistad Sino-Ruso, firmado en 2001, y con tres décadas de asociación estratégica entre ambos países. Xi y Putin intercambiaron el domingo cartas de felicitación por esa fecha, mientras el vocero de la Cancillería china, Guo Jiakun, elogió "la amistad duradera entre China y Rusia".
La relación, sin embargo, no tiene el mismo peso para los dos lados. Desde la invasión rusa a Ucrania, en 2022, Moscú quedó cada vez más aislada de Occidente y encontró en Beijing a su principal comprador de petróleo y gas bajo sanciones. China se convirtió así en el mayor socio comercial de Rusia y en una vía clave para sostener su economía de guerra.
El punto aparece en el centro de la visita. Rusia necesita que China profundice su compromiso energético, sobre todo después de que Trump afirmara durante su viaje que Beijing aceptó comprar petróleo estadounidense para alimentar su "insaciable" demanda de energía.
El analista Lyle Morris, de Asia Society, señaló a AFP que Putin "no quiere perder ese apoyo". Timothy Ash, investigador asociado de Chatham House, fue más directo ante Radio Free Europe/Radio Liberty (RFE/RL): "La guerra en Ucrania hizo que Rusia dependiera mucho más de China".
Energía, oleoductos y la urgencia de Ormuz
La guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz colocaron la seguridad energética en el primer plano de la agenda. Ese paso concentra cerca de una quinta parte del suministro global de petróleo y su bloqueo aceleró la búsqueda china de alternativas terrestres.
Pero Beijing y Moscú no miran la crisis con la misma urgencia. James Char, de la Universidad Tecnológica de Nanyang, señaló a AFP que China depende de la libertad de navegación en las principales rutas marítimas para sostener su actividad económica y prefiere que la tensión en Ormuz termine cuanto antes. Rusia, en cambio, se benefició económicamente del conflicto en Irán por la relajación de sanciones sobre sus suministros energéticos, según el mismo analista.
En ese tablero reaparece el proyecto Power of Siberia 2, un gasoducto de 2.600 kilómetros que llevaría gas desde la península rusa de Yamal hasta China a través de Mongolia. Moscú busca destrabar la obra porque le permitiría ampliar sus ventas hacia el este y reducir la exposición a las rutas marítimas.
Durante la visita anterior de Putin a China, en septiembre de 2025, ambos países firmaron un memorando para avanzar con el proyecto. Pero todavía no cerraron cuestiones decisivas, entre ellas el precio. Las negociaciones podrían extenderse durante años e incluso no concretarse.
Anne-Sophie Corbeau, investigadora del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, marcó el límite inmediato de esa apuesta: "En términos de impacto inmediato, no hay mucho margen para esperar en gasoductos hacia China. Power of Siberia 1 está prácticamente lleno; estuvo a capacidad el año pasado".
Rusia también acordó en 2025 suministrar 2,5 millones de toneladas adicionales de petróleo por año a China a través de Kazajistán. Pero Beijing mantiene una estrategia de diversificación y también conversa con Turkmenistán por nuevos acuerdos de abastecimiento.
Ucrania vuelve a la mesa
La guerra en Ucrania, ya en su quinto año, también cruzará la reunión. La visita se produce después de meses de ataques ucranianos dentro de Rusia, con blancos en infraestructura petrolera y centros civiles como Moscú, según RFE/RL.
China pidió en reiteradas ocasiones una salida negociada, pero nunca condenó la invasión rusa y se presentó como un actor neutral. Occidente, en cambio, cuestiona su papel por la compra sostenida de energía rusa y por el envío de bienes de doble uso que pueden alimentar la capacidad industrial militar de Moscú. Beijing niega haber suministrado armas letales a cualquiera de las partes y asegura que controla de manera estricta sus exportaciones de doble uso.
El canciller alemán Friedrich Merz dijo que espera que Xi use su influencia sobre Putin para pedirle el fin de la guerra. "No esperamos un cambio fundamental en las relaciones estratégicas entre Rusia y China en esta etapa", sostuvo, según la agencia alemana DPA. Luego agregó que Alemania asocia la visita con la esperanza de que Xi "también inste al presidente Putin a terminar esta guerra en Ucrania, que no puede ganar".
La reciente cumbre entre Trump y Xi apenas dejó una referencia a "la crisis de Ucrania" en la comunicación oficial china, mientras los resúmenes estadounidenses no mencionaron el tema, según RFE/RL. Para Patricia Kim, del Brookings Institution, Xi "casi con seguridad" informará a Putin sobre su encuentro con Trump. La falta de resultados claros, agregó, probablemente tranquiliza a Moscú, porque no surgió ningún entendimiento visible entre China y EEUU que perjudique de manera material los intereses rusos.
La foto que busca Moscú
Putin viajó a China por vigésima quinta vez desde que llegó al poder hace más de dos décadas. Su objetivo no pasa solo por los acuerdos. También busca una imagen: la de un líder recibido por Xi como un socio de primera línea, poco después del paso de Trump por la misma ciudad.
Michael Kimmage, director del Kennan Institute, lo definió como una cuestión de "imagen y óptica". A su juicio, China hizo un gesto de equilibrio al recibir a Trump una semana y a Putin la siguiente, como si el presidente ruso estuviera "a la par de Estados Unidos y de China".
La diferencia está en el trasfondo. La relación entre Xi y Putin no necesita el mismo despliegue ceremonial que la visita de Trump, evaluó Patricia Kim. Ambos gobiernos consideran que su vínculo es "estructuralmente más fuerte y más estable" que el lazo entre China y EEUU.
La escena de Beijing, con Putin sobre la alfombra roja y banderas rusas en manos de jóvenes chinos, buscó decir exactamente eso. Pero detrás de la postal aparece otra realidad: Rusia necesita cada vez más a China para vender energía, sostener su comercio y resistir el aislamiento occidental. Xi, en cambio, recibió a Trump y a Putin en la misma capital, con una semana de diferencia, y administró los tiempos de los dos.