Se cumplen 20 años del Robo del Siglo, el delito que marcó la historia argentina
El 13 de enero de 2006, cinco hombres robaron un banco de Acassuso sin derramar una gota de sangre. La historia de los delitos más emblemáticos de Argentina
Hacía mucho calor aquel 13 de enero de 2006. Como todos los veranos en este extremo del planeta, el termómetro estaba en rojo y las calles calientes. La temperatura se sentía en el asfalto, en el aire, y en el Banco Río de Acassuso, escenario que sería el protagonista del "Robo del Sigo", uno de los delitos más emblemáticos de la historia criminal de Argentina.
El Grupo Halcón estaba con sus rifles apuntando a la puerta de vidrio de la entidad bancaria, mientras Fernando Araujo, Luis Mario Vitette Sellanes, Sebastián García Bolster, Roberto Alberto de la Torre y José Julián Zalloechevarría intentaban quedarse con el botín que nunca pudo ser calculado con exactitud.
Además del dinero, el grupo logró hacerse de las cajas de seguridad del banco, que incluían otros bienes valiosos. Las autoridades aproximaron una cifra de USD 19 millones, más 80 kilos de joyas.
Entraron con armas que, luego se supo, eran de juguete, y tomaron a 23 personas como rehenes. Mientras la policía rodeaba el edificio con más de 200 efectivos y francotiradores, el líder de la banda, Vitette Sellanes, negociaba con el grupo Halcón. Pedía comida y tiempo, mostrándose tranquilo y hasta bromista. Era una actuación para ganar tiempo.
Mientras Vitette entretenía a los negociadores en la planta alta, el resto de la banda estaba en el subsuelo. No estaban perdiendo el tiempo: utilizaron una herramienta hidráulica casera apodada "la canilla" para abrir 145 cajas de seguridad en tiempo récord y cargaron el botín en bolsas de consorcio.
A media tarde, el silencio se apoderó del banco. Cuando la policía finalmente decidió entrar a las 19, se encontraron con una escena cinematográfica: el banco estaba vacío. Los rehenes estaban sanos y salvos, y los ladrones se habían esfumado.
Detrás de un mueble pesado, descubrieron un boquete que conducía a un túnel de 15 metros de largo que desembocaba en el desagüe pluvial de la ciudad. Los delincuentes habían bajado al túnel con el botín, donde una camioneta con un agujero en el piso los esperaba para cargar las bolsas sin siquiera bajar a la calle.
Lo que terminó de sellar la leyenda fue la nota que dejaron pegada en la bóveda: "En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es solo plata y no amores."
El plan era perfecto y no dejaron huellas. Sin embargo, falló el factor humano. Alicia di Tullio era la esposa de Alberto "Betito" de la Torre y sospechó que su marido se iba a escapar con su parte del botín junto a una joven amante a Paraguay. Por despecho, fue a la policía y delató a toda la banda un mes después del robo.
Alicia ya sospechaba de él. Se dice que el detonante fue que Beto le había comprado una camioneta y un departamento de lujo a su amante, mientras que a ella le había dado "migajas" y un auto común.
Lo más irónico es que Alicia ayudó en la logística del robo. Les hacía de comer mientras cavaban el túnel. Pero al sentirse traicionada, fue a la Justicia y delató a todos. Gracias a su testimonio, la policía pudo identificar a la banda, que hasta ese momento era un misterio absoluto.
Apenas un mes después del robo, el 18 de febrero de 2006, la policía detuvo a "Beto" de la Torre en Avellaneda, junto a Liliana, la amante de la cual sospechaba Alicia. Viajaban en una camioneta 4x4 y planeaban fugarse juntos a Paraguay. En el momento de la detención, ella llevaba USD 15.000 en una riñonera.
Beto de la Torre fue el que más tiempo estuvo en prisión. La banda cayó porque su mujer los delató por despecho
Beto fue el primero en caer y fue condenado a 15 años de prisión, aunque salió en libertad condicional en 2014. Fue el que más tiempo pasó en prisión. Su amante fue investigada por encubrimiento, pero no tuvo el mismo destino que la banda. El romance no prosperó. Beto recibió las visitas de Liliana durante un tiempo "por lástima" y por el hijo que tenían en común, hasta que finalmente cortaron todo vínculo.
En 2026, Beto de la Torre vive una vida tranquila, alejado del delito y trabajando en rubros textiles y mecánicos. A Alicia nunca la perdonó. De hecho, la sigue llamando "la delatora" cada vez que lo entrevistan.
Qué es de la vida de los ladrones del Robo del Siglo
Fernando Araujo (El Cerebro): el artista que ideó el plan perfecto logró lo que pocos delincuentes consiguen: "blanquear" su historia. Hoy vive en Palermo y es un exitoso productor y guionista. Fue el guionista de la película sobre el robo y actualmente gestiona proyectos para llevar la hazaña a mercados internacionales, convirtiendo su audacia criminal en una lucrativa carrera en la industria del entretenimiento.
Luis Mario Vitette Sellanes (El Negociador): el "hombre del traje gris" fue expulsado a Uruguay bajo la ley de extrañamiento. Allí, en su San José de Mayo natal, dio un giro irónico a su vida: abrió una joyería llamada "Verde Esmeralda". Se convirtió en una figura mediática y un "influencer" del crimen que, entre anillos y relojes, opina con sarcasmo sobre seguridad y leyes en redes sociales.
Sebastián García Bolster (El Ingeniero): el hombre que construyó las herramientas para abrir las cajas y diseñó la logística del túnel siempre prefirió las sombras. Volvió a su pasión por los motores y hoy atiende un taller especializado en náutica y motores de alta gama en la zona norte del Gran Buenos Aires. Es el único que intenta llevar una vida de perfil bajo, lejos de los flashes y el misticismo del robo.
Rubén Alberto de la Torre (Beto): el integrante que más sufrió el factor humano del robo debido a la delación de su esposa. Tras recuperar la libertad, tuvo breves apariciones como actor (haciendo de policía o extra) y hoy reparte su tiempo entre negocios textiles y la mecánica. Representa al delincuente "de antes", aquel que aún guarda rencor por la ruptura de los códigos de lealtad.
José Julián Zalloechevarría (El Chofer): "El Paisa", responsable de esperar con la camioneta sobre la alcantarilla, dio el salto más sorprendente hacia la formalidad. Mientras cumplía su deuda con la sociedad, estudió y se recibió de abogado. Hoy maneja sus propios emprendimientos comerciales y ejerce el derecho, ganándose el respeto de sus pares por haber mantenido el silencio absoluto durante todo el proceso judicial.