Agenda del fin de semana

Soda Stéreo, sainete freestyle y esas películas que "no aparecen"

Hay mucho para hacer de aquí al lunes (feriado, ideal para el aire libre) este fin de semana. Les proponemos una selección notable de cine poco convencional, una obra de teatro de ayer y hoy, y un retorno a clásicos del rock.

Las otras películas 

 Probablemente conozcan el viejo cine Arte, en esa galería que une, antes de llegar al Obelisco, Corrientes con Diagonal Norte. Hoy bautizado Cacodelphia, renovado desde hace unos años como corresponde, es la alternativa para ver en pantalla grande películas contemporáneas de estreno reciente -e incluso estrenos directos- que son ignorados por el comercio multisalas vernáculo. Igual a no quejarse: pasa en todo el mundo y lo bueno de esta sala es que nos recuerda lo necesario que es un circuito de arte y ensayo (como se lo solía llamar) en Buenos Aires, ciudad que supo ser cinéfila. La programación actual incluye tres nominadas al último Oscar que, dejando de lado los gustos de este escriba, merecen una visita en pantalla grande: la triunfadora Una batalla tras otra, la ganadora de Mejor actriz Hamnet, y la mejor del lote, El agente secreto, que se quedó pato pero igual vale la pena. Pero hay más: recomendamos la semana pasada el bello filme de animación Amélie y los secretos de la lluvia, y aquí está. Pueden ver el muy bello documental Mika de Frankfurt donde la artista homónima, música trans, narra su historia y muestra su disco solista. O pueden ver lo último de la gran Carmen Maura, un drama reposado y realista llamado Calle Málaga, que más que "sobre la vejez" es una historia sobre el paso del tiempo. Deberían obligarse a ver La Grazia, la última producción de Paolo Sorrentino (La grande bellezza), también con Toni Servilio, que es tanto un filme político como un análisis a corazón abierto de la paternidad. Es decir, sobre la relación entre lo privado y lo público. Hay bastante más, la cartelera cambia constantemente y es un refugio notable. Dése una vuelta.

Vacarezza en freestyle

El próximo domingo pueden acercarse a La Carpintería (sala señera del Off, Jean Jaures 858) y ver Escruchantes ATR, de Sonia Novello y Marcelo Valerga. En principio, se trata de una versión libre de Los Escruchantes, de Alberto Vacarezza, donde se narran las vicisitudes de una banda de "escruchantes", ladrones que entran en casas vacías. Pero al mismo tiempo es otra cosa: la acción transcurre en Lugano, entre un grupo de amigos en el que un amor genera tensiones y problemas. Pero no estamos a comienzos del siglo XX, sino cien años después, en Villa Lugano, con pibes que se expresan a través del freestyle. Retrato al mismo tiempo generacional y universal, gran ejemplo de cómo tomar las ideas sustanciales de una obra para crear otra que se sincronice con un público nuevo, resulta vibración pura. Para los que tienen miedo de los domingos.

Un poco de misterio

Mañana y pasado, el Movistar arena recibe a (dos tercios de) Soda Stereo. ¿Por qué hablamos de "misterio"? Básicamente porque, si bien estamos absolutamente seguros de que el repertorio del trío que lideró el fallecido Gustavo Cerati no sólo es -como dice nuestra palabra fetiche- inoxidable sino que logra una dimensión impresionante en vivo. Sabemos que estamos en aguas profesionales, sabemos que nada puede malir sal. ¿Sabemos? Charly Alberti y Zeta Bosio estarán ahí, el sonido, también. Y los fans, claramente. Pero sigue siendo un misterio (y ya lo fue cada vez que el grupo revivió su historia) cómo volver a aquella historia sin Cerati. O quizás sea que sí hay que volver siempre a aquella historia. No faltan entradas (pero se agotan muy rápido) y el evento va a ser comentado hasta el infinito.

Pero ya que estamos, y porque Soda no hubiera podido existir sin, el mismo sábado, a las 20,30, en la Sala Batato Barea (Corrientes 2038, a dos pasos del distrito teatral-pizzero) hay un homenaje a Los Abuelos de la Nada, porque Miguel Abuelo habría cumplido (¡cumple!) ochenta. Y aquí diremos: cuando la banda hizo sus históricos recitales en el Opera, todavía estábamos en dictadura. Pero esos tipos en el escenario (entre ellos el "niño" Andrés Calamaro) nos dieron permiso, motivo y ganas de divertirnos. Así que, a días del cincuentenario del golpe, recordar a quienes nos abrieron la mente y la puerta es la manera más feliz de hacerles una pedorreta a los criminales que intentaron destruirnos. Así que ya sabe. No es nostalgia: es justicia. Y ganas de ser feliz, qué tanto.

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