"Solo quiero trabajar": el reclamo que desnuda el modelo económico
Está en discusión el tipo de país que se está construyendo.
En la Argentina actual, cada vez más personas repiten una frase sencilla y cargada de sentido: "solo quiero trabajar". Detrás de ese pedido hay una discusión más profunda sobre el modelo económico, el rol del Estado y el futuro del trabajo en el país.
No es una consigna vacía. Es el modo en que miles de argentinos nombran una angustia concreta: la de no saber si van a conservar su puesto, la de ver cerrar la pyme de la esquina, la de aceptar cualquier condición con tal de no caer del todo.
Pero también es una interpelación política. Porque cuando una sociedad empieza a pedir apenas la posibilidad de trabajar, lo que está en discusión ya no es solo la economía. Está en discusión el tipo de país que se está construyendo.
Para el peronismo, el trabajo nunca fue una variable del mercado. Fue el gran ordenador social, el puente entre el esfuerzo individual y la dignidad colectiva, la herramienta que convierte crecimiento en comunidad organizada. El trabajo no solo paga una cuenta, sino que da identidad, estructura la vida familiar, integra al barrio, crea ciudadanía.
Por eso, cuando se debilita el empleo, no cae solamente un indicador económico: se resquebraja el tejido moral de la Nación. Ese es, precisamente, uno de los problemas más profundos del tiempo que vivimos. En mayo de 2025, Javier Milei afirmó: "Gobernar no es generar trabajo". La frase fue la expresión más honesta de su concepción de país.
Si el Estado no tiene responsabilidad en promover empleo, industria, innovación y desarrollo territorial, entonces la Argentina queda librada a una lógica donde sobreviven apenas los sectores más concentrados y los territorios más rentables, mientras el resto aprende a arreglarse solo.
Esa mirada volvió a quedar expuesta recientemente durante una entrevista televisiva. Consultado sobre los despidos de trabajadores de FATE, el presidente expresó comprender el dolor que esa situación provoca. Pero no hubo allí un gesto de solidaridad ni una explicación concreta sobre cómo se reconstruirá el empleo en la Argentina que viene. Terminó justificando los despidos como una medida "justa" dentro del proceso de reordenamiento del mercado.
Los datos ya muestran el costo de esa mirada. Según un informe del Centro CEPA, elaborado sobre la base de registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 se perdieron 21.938 empleadores registrados y 290.600 puestos de trabajo registrados en unidades productivas.
Detrás de cada cierre no hay una abstracción estadística: hay talleres, comercios, pequeñas firmas industriales y proyectos familiares que dejan de producir futuro.
Al mismo tiempo, el deterioro del trabajo asalariado fue acompañado por el avance del monotributo como refugio laboral. La propia Secretaría de Trabajo reconoció en que el crecimiento del trabajo registrado privado se explicó íntegramente por el monotributo: entre diciembre de 2024 y agosto de 2025 se sumaron alrededor de 74 mil monotributistas, mientras el empleo asalariado privado cayó en 27 mil personas.
No todo monotributo implica precariedad, pero es evidente que buena parte de esa expansión funciona como sustituto más frágil del empleo asalariado con derechos, estabilidad y negociación colectiva.
La pregunta de fondo es qué Argentina emerge de este proceso. ¿Una donde el trabajo formal retrocede, las empresas cierran, las paritarias corren detrás de los precios y el horizonte industrial se achica?
La Secretaría de Trabajo informó que, entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025, los salarios efectivamente pagados en el sector privado registrado mejoraron 4,3% en términos reales, mientras los salarios de convenio cayeron 4%. Esa brecha dice mucho: incluso donde hay recuperación, no está llegando del mismo modo a todos. Y mientras tanto, la desocupación subió de 5,7% en el tercer trimestre de 2023 a 6,6% en el tercer trimestre de 2025.
¿Es aceptable que un gobierno se desentienda de la creación de empleo? ¿Puede una Nación desarrollarse si naturaliza que el mercado decida qué trabajadores sobran, qué industrias caen y qué regiones quedan afuera?
La respuesta es no. Argentina necesita volver a poner al trabajo en el centro de un proyecto moderno de desarrollo: con industria nacional competitiva, crédito para producir, obra pública inteligente, capacitación tecnológica, defensa del entramado pyme y una articulación seria entre Estado, sindicatos y empresarios.
El trabajo dignifica, sí. Pero además organiza, iguala y hermana. Y si la política renuncia a defenderlo, renuncia también a la idea misma de comunidad.
La tarea de esta hora es animarse a construir un país en la que nadie tenga que suplicar "solo quiero trabajar". El trabajo, progresar y vivir con dignidad tiene que volver a ser un derecho efectivo y no un privilegio para pocos.
* Secretario administrativo de la Asociación Latinoamericana de Ferrocarriles (ALAF)