Betty Boop, la única estrella femenina del cartoon clásico

Es un ejemplo de incorrección política surreal. Era inocente, satirizaba su tiempo y era una “empoderada”

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El mundo del cartoon clásico, ese que se desarrollo -para cines, nunca para TV- entre 1928 y 1963, carece de estrellas femeninas. Los animales (masculinos) y los hombres son mayoría. Claro que hay una excepción absoluta en esta regla, aunque su historia es también una perfecta parábola de qué sucedía en el siglo XX cuando una mujer se mostraba como tal. Hoy diríamos “empoderada”, pero sería un anacronismo.

La excepción es Betty Boop, creada por los hermanos Fleischer en 1930. Al principio, Betty era una perrita que acompañaba a un personaje llamado Bimbo. Pero con el tiempo fue perdiendo sus características perrunas hasta quedar como una sexy “fl apper”. En la década de los 20, una “fl apper” era una chica independiente, que gustaba de bailar jazz y usaba esos vestidos con fl ecos cuyo sonido era “fl ap-fl ap”, de allí el nombre. Por lo general se las retrataba como tontas y sexys, y las historietas protagonizadas por fl appers eran muy populares. Betty nació cuando ya había pasado lo que Francis Scott Fitzgerald llamaría “la era del jazz”, nació en plena Depresión, cuando era necesario recuperar cierta alegría, mirar la enorme desgracia de unos Estados Unidos (un mundo) en disolución con algo de humor y picardía. Mickey Mouse y Betty fueron los abanderados de esa alegría absurda un poco “fi n del mundo”. Pero mientras Mickey mostraba la posibilidad de un futuro y una reconstrucción, el universo de Betty era un retrato muy preciso de la sociedad de entonces desde sus taras y vicios, vistos con simpatía y comicidad. Hoy muchos de esos chistes, aclaremos, serían imposibles porque contrarían la corrección política (hay comentarios sobre los escoceses o los negros que resultarían ofensivos). De todos modos, era un cine más libre.

Otra cuestión interesante consiste en que el cartoon nunca fue pensado como un arte “infantil”, sino como una especie de fantasía cómica para adultos. En los mejores cortos de Betty Boop hay truculencias, humor negro, chistes sobre el alcohol y el tabaco, mirada cómica sobre la miseria y momentos definitivamente eróticos, humor sexual de primer orden. Y era totalmente tolerable.

Betty fue una estrella inmediata. En algunas de sus películas había -en acción en vivo, no dibujados, a veces sí dibujados y transformados en algo más “monstruoso”- cantantes y músicos de esa época. Cab Calloway, por ejemplo, era un gran colaborador de la serie, y aparecía muchas veces “disfrazado” como un animal mientras cantaba algunos de sus mayores éxitos. La libertad del jazz de esa época además se reflejaba en el absoluto surrealismo que utilizaban los Fleischer en un mundo donde todo podía transformarse, deformarse y convertirse en algo grotesco todo el tiempo.

El personaje era libre e inocente en un sentido amplio: no se daba cuenta de que su movimiento y su vestimenta eran sexys, aunque los que la rodeaban, sí. Pero esa lascivia de los demás era mirada con burla: los hombres que podían acosar a Betty eran perfectos imbéciles. No hay nada “sexista” en eso y sí proto-feminista, aunque sería anacrónico pensar que los Fleischer entendían eso. Simplemente usaban el cartoon para burlarse cómicamente de toda la humanidad, sin restricciones. Betty también era valiente y sabía responder con agudeza a acusaciones varias.

En 1934, los estudios, presionados por la Iglesia Católica (en un país de mayoría protestante... pero ya contaremos por qué esto fue así), crearon un sistema de censura para las películas, el famoso Código Hays. Y una de las víctimas fue Betty, a la que obligaron a bajarse la pollerita por debajo de las rodillas. Ese fue el fi nal para una estrella femenina del cartoon. Si quiere una selección perfecta del personaje, y dado que todo es dominio público y está en YouTube, vea los cortos SnowWhite, Just a Gigoló (con una genial secuencia de gatos y gatitas hoy imposible de hacer), Poor Cinderella, Betty Boop M.D., Betty Boop Penthouse, y la obra maestra Minnie, the Moocher. Se vuelve vicio, avisamos.

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