El acuerdo con el FMI se llevará parte del PBI y traerá desempleo de dos dígitos

Un informe de la Fundación Germán Abdala marca yerros y advierte sobre el escenario de crisis social sostenida y en aumento. La estimación ubica el PBI en -12 para 2023. La apertura comercial y financiera está pasando sus facturas y con valor agregado. Para el Gobierno todo cambió desde las turbulencias desatadas en abril

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Semanas después que el Fondo Monetario Internacional ofreciera en versión “nac&pop” y desde segundas y terceras líneas algunas respuestas a las consultas de la CGT y la CTA, el popular dicho “no aclaren que oscurece” superó a economistas y partícipes de aquellas teleconferencias.

Charlas donde las autoridades del FMI se encargaron de repetir y sin soplar: “miren que a nosotros nos vinieron a buscar ¿eh?”, la solicitud de regreso tuvo como remitente al Gobierno Argentino.

Dinámica mediante el FMI publicó el “Country Report 18/219” (CR) un informe que desarrolla la posición técnico política del organismo sobre la coyuntura nacional y el potencial impacto del plan de ajuste que integra el combo en el pedido de stand by que elevó la Casa Rosada.

El Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (Itefga) concluyó que el plan de ajuste tendrá un impacto sumamente negativo y permanente sobre el PIB argentino, con registro de una caída acumulada que va desde el registro negativo û 4% y -12% hacia 2023.

Así definen que “en el mejor de los escenarios analizados, el desempleo dentro de 5 años se ubicará todavía por encima de los valores registrados en 2014” y acotan que “describimos un problema todavía más adverso, ya que la tasa de desocupación superaría los dos dígitos”. En el sector de los economistas no liberales, incluso algunos con ubicación política en veredas opuestas al Gobierno anterior, el cálculo se traza simple y con tintes drámaticos “desempleo a dos dígitos es igual a crisis social y palos”, léase final con represión de manifestaciones y reclamos populares.

El Itefga elaboró un paper donde consigna sus observaciones a los efectos colaterales del empréstito del organismo internacional de crédito. La metodología de trabajo es clásica respecto a la programación financiera del FMI, definir un escenario base a fin de establecer y cuantificar las medidas de ajuste para estimar el impacto sobre la sostenibilidad macroeconómica. Dentro de su extensión, a criterio de los especialistas del Itefga, el informe del Fondo tiene varios puntos “oscuros”.

Resulta apropiado agregar una viñeta respecto del nombre del instituto que elaboró el informe comentado. El mismo recuerda a Dario Germán Abdala, sindicalista y político argentino (PJ) y miembro del Grupo de los Ocho. Citando alguna de sus reflexiones, el titular de la CTA de los Trabajadores Hugo Yasky rindió homenaje a Abdala, “el nos decía que no se necesita tener muchos conocimientos para saber que si te felicita la Sociedad Rural, es porque te pasaste de bando. El Gobierno no se pasó de bando, estuvo siempre en el mismo, pero tampoco se necesitan muchos conocimientos para saber que si te felicita el FMI, es el pueblo el que está en el horno”.

El paper alerta que hay inconsistencias respecto de datos básicos sobre otros relevamientos que detalla el propio FMI, por ejemplo las series de recaudación fiscal y gasto público del CR no guardan simetrías respecto de las proyecciones de las mismas variables que selló el monitor fiscal que publicó el FMI en abril pasado. También en relación a un dato de importancia crítica, el CR no indica cuál es el escnario de base, antes del ajuste, sobre el cual está “simulado” el programa”.

De allí que con la intención de sortear estas limitaciones el informe de la Itefga propone comparar los resultados del CR con las proyecciones macro del escenario base (WEO) antes de la solicitud de auxilio financiero que rubricó la administración Cambiemos en recientes días de turbulencia hacia la tormenta que sacude al país.

Agua de estanque

Desde el cierre de 2011 reflexionan los profesionales que redactaron el informe, la economía argentina se encuentra “estancada en términos de actividad económica, con caída tendencial de los ingresos por habitante”. El diagnóstico no suma oxígeno alguno ya que las estimaciones también revelan que en solo en los dos últimos años se sumó el problema de la deuda pública, dentro de un contexto de fuerte apertura comercial y financiera. Para cualquier duda al respecto están a mano los empresarios no solo pymes dedicados a la producción industrial nacional, con sectores arrasados en virtud de la apertura de importaciones, con el sector textil y calzados para citar dos casos.

Desde el segundo semestre de este año las tensiones implícitas en el modelo económico vigente se zambulleron con frenesí en una contradicción daddo lugar a la inestabilidad financiera más pronunciada de los últimos años. “Para la mirada y lectura del Gobierno los problemas que atraviesa la economía nacional tienen origen fiscal”, describen en el paper. Sucede que al entrar en cuestionamiento la capacidad del Estado para repagar sus deudas se corta el flujo de financiamiento y se retrae el gasto privado. El asterisco a incluir es que los tiempos descriptos también señalan un cambio que el Gobierno todavía no dimensionó en su gravedad o quizás minimiza, nunca como en los últimos meses y antes de la corrida cambiaria que desató la tormenta a fines de abril, en Cambiemos la jactancia resumía los desafíos a enfrentar desde un mirador confiable. “Nuestros problemas son económicos pero sin gravedad, respecto a la política todo marcha bien”, solían destacarnos fuentes del oficialismo. Aquel escenario cambió, ya no se habla de legiones entusiastas de “emprendedores” o “reciclaje” y “reconversión” de empresas. De mínima, hay preocupación.

El Itefga remarcó que en la decisión de soluciones el Gobierno acudió al Fondo por un paquete de ayuda financiera por $50.000 millones, con un menú de ajustes en las cuentas públicas. Desde la convicción de sus economistas el Ejecutivo considera que con orden y disciplina en las cuentas públicas, habrán eliminado un factor decisivo de la incertidumbre, recorriendo al menos un paso hacia la recuperación en el gasto privado, y la consabida mejora de las expectativas a futuro.

“Más allá de esta narrativa en la Argentina la memoria e inconciente colectivo el rol protagónico del FMI no parece validar la tesis del plan de ajuste”, alertan desde el Itefga.

No es declamativa o carente de datos duros el análisis de dicho instituto, que tomó las proyecciones que realizó el FMI en abril de 2018 y se abocó a la comparación con el escenario detallado en el Country Report. Aún en el mejor escenario, dicho programa de ajuste implica una pérdida permanente en términos de PBI. Fenómeno debido a que en la duración del plan, el crecimiento se ubica por debajo de lo esperado en abril y luego dicha caída no será compensada por un mayor ritmo de expasnión. De base mínima, la economía perderá un 4% del PBI entre el corriente año y tendrá sostenida una tasa de empleo de + 1,2 puntos porcentuales, el registro más alto en promedio por año.

Con escenarios de menor optimismo, el escenario económico se transforma en el revival de series cíclicas en ese país y la región. La necesidad de ajuste forzará contracciones recurrentes en los niveles de actividad y empleo, sin chance para el cumplimiento de metas fiscales y por consiguiente sin posibilidad de cumplir la estabilización de los niveles de endeudamiento, léase otro cálculo simple: fragilidad más inestabilidad. Ni que hablar de los “salvaguardas sociales” que consigna el FMI, escasos y con limitado alcance. Con el rango de crisis descripta el pliso de 1,3% del PBI para financiar programas de derechos (0,2 del PiB en escenario adverso) no será suficiente para proteger a los sectores más vulnerables de la población.

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