Macri frente a la tormenta seca

De Vido involucró a las compañías top cuando reveló en 2015 el monto de sus contratos

Paolo Rocca, CEO de Techint, una de las top en contratos

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La política comenzó a pasarle facturas a los referentes del Gobierno nacional, y a precio actualizado. El escándalo de los cuadernos con el detalle de un circuito de dinero negro que involucra a una docena de funcionarios de Cristina Fernández tiene como contraparte del delito a las poderosas empresas de la construcción.

Esta semana van a cumplirse tres años del día en que el Ministerio de Planificación en el que aún mandaba Julio De Vido publicó una solicitada con el ranking de las 50 empresas que habían obtenido más contratos de obra. En esa jugada, destinada a desmentir que el empresario Lázaro Báez hubiera sido privilegiado:

1) Techint, de Paolo Rocca

2) Electroingeniería, de Osvaldo Acosta y Gerardo Ferreyra

3) Iecsa,de Angelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri

4) Corporación América, de Eduardo Eurnekian

5) INVAP, de la provincia de Río Negro

6) Odebrecht, de Marcelo Odebrecht, multinacional de origen brasilero

7) Esuco, de Enrique Wagner

8) Cartellone, de José Cartellone

9) Rovella Carranza, de Mario Rovella

10) JCR, de Juan Carlos Relats

En el puesto 11 está ubicado el Grupo Roggio, seguido por Chediazk; CPC, de Cristóbal López; Supercemento, de Julián Astolfoni, e Isolux, de Luis Delso, entre las primeras quince empresas que De Vido mencionó aunque muchas de las compañías relativizaron o desmintieron los datos. La lista era "creativa" ya que no se habían incluido las contrataciones provinciales. Techint, por ejemplo, indicó entonces que había recibido sólo el 1% de los contratos. 

Seis de los siete primeros están involucrados en forma directa o relacionada con la causa que investiga el pago de coimas o "aportes de campaña", una licencia poética que adoptaron algunos de los involucrados. Fue en esa época cuando el ahora imputado colaborador Wagner admitió públicamente que pagaban un 20% para facilitar las operaciones, pero llamativamente nadie de la Justicia lo llamó para verificar sus dichos.

Tormenta de cemento

El efecto climático que se instaló entre los ejecutvios de las empresas constructoras amenaza ahora con ahondar la grieta por donde se comenzó a fugar una de las pocas actividades que mostraba dinamismo. Y convierte en "rojo" económico el "verde" político que podía alumbrar en el balance de posicionamiento de Cambiemos. Es cierto que, esta vez, la dirigencia más cercana a la Casa Rosada se moderó en los festejos, aún cuando hoy debe declarar ante el juez Claudio Bonadio la ex presidenta Cristina Fernández. El combo de desaceleración de obra pública y falta de control de las variables de la economía pueden hacer que el retorno del bumerán sea más rápido de lo que la Casa Rosada espera. La desconfianza en la capacidad política del Gobierno, las pocas herramientas para manejar la corrida cambiaria como producto de los compromisos asumidos con el FMI y el sostenimiento del rótulo de "mercado emergente" que le impide, por ejemplo, el control de entrada y salida de capitales. Parece que a Argentina le tocó el fenómeno de tormenta seca, sin lluvia de inversiones.

El país está atravesando uno de los escenarios que habían anticipado los economistas Andrés Asiaín y Hernán Zeballos, del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz, publicado en BAE Negocios el 2 de julio último: "Si el préstamo del FMI no logra restablecer la pax cambiaria, y la fuga de capitales continúa al mismo ritmo que en el primer semestre de 2018, sumándose una renovación sólo parcial del stock de Letes. En ese caso, la meta de incremento de reservas pactada con el FMI no se cumpliría".

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