“No dejé de leer aun en las peores crisis”

Entrevista a Hugo Salas

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Una ex poeta frustrada con su matrimonio, un actor porno norteamericano retirado y un escort que no sabe bien qué quiere de su vida protagonizan la nueva novela de Hugo Salas. “Son tres años de trabajo, en los huecos libres que le robo a los empleos formales. Siempre necesito encontrar tres meses de no tener otro trabajo para escribir el bruto, digamos. El proceso de corregir y editar ya lo hago trabajando en otras cosas también”, dice Salas a BAE Negocios.

¿Cómo elegiste los temas?
—Uno escribe acerca de lo que lo moviliza en un determinado momento. Este libro surgió de ciertas ideas en torno de la pornografía y de una crisis de pareja que me llevó a pensar en la comunicación o la incomunicación, en la capacidad de construir proyectos juntos. O de pensar el fracaso de la revolución sexual, que supuso que con la liberalidad alcanzaba, cuando en realidad no soluciona las cuestiones de fondo. No es algo que tenga tanto que ver con lo sexual, no propongo una mirada moralista. Estamos en un momento en el que, entre comillas, se puede todo, y, sin embargo, sigue habiendo mucha insatisfacción. El encuentro se produce menos que antes. A partir de todos estos elementos, me pareció interesante pensar cómo nos construimos hoy, cómo se construye esta sociedad de consumo en la que supuestamente hay satisfacción para todo, se trabaja para eso, y, sin embargo, no se satisface. Nunca hubo tanta promesa de satisfacción como ahora, y paradójicamente es una era atravesada por una insatisfacción enorme.

¿Fue complejo escribir desde tres voces narrativas?
—Tenía la idea de los tres grandes personajes y me di cuenta de que era mejor este sistema quebrado. No alternar las historias sino darle su espacio a cada una, y que a su vez rompan la unidad de las otras. Esto tiene que ver con cómo nos relacionamos como lectores con esas historias, que tienen que ver con determinados estereotipos sociales, y la intención de romper un poco la idea de que los que leemos estamos fuera de la burguesía y nos dedicamos a juzgarla como la madre de todos los males. ¿Qué pasa con ese colectivo que alguna vez hizo la revolución francesa y hoy está desangrado por las promesas del consumo, por la insatisfacción, por la superexplotación, por el trabajo?

¿Qué buscas generar en el lector?
—Me interesa construir sistemas emocionales para el lector, que le pasen cosas. Cuando escribo una escena sexual quiero que provoque; cuando es una escena de melancolía, quiero que sea triste triste. Los que nos hemos convertido en lectores, no podemos mentir: leemos porque un libro nos conmovió, nos maravilló.

¿También que se generen preguntas?
—Es inevitable, porque me las hago yo. No me gusta la literatura que explica, que te da un discurso acerca de cómo son las cosas, para eso me voy a leer filosofía.

¿Para qué sirve la literatura?
—Pone en tensión cosas que están dando vueltas, nos devuelve un espejo de lo que pasa en la lengua y por la lengua. Su utilidad es descubrir combinaciones posibles, lo que nos está atravesando en nuestros discursos, articular sentidos y tratar de armar distintos mapas. No puedo vivir sin libros. Aun en las peores crisis no he podido dejar de leer, porque ese espacio a mí me da otras cosas, pero entiendo que no le pasa a toda la sociedad. Alguien tendría que pensar cómo hacer para que haya más lectores. En esto tiene mucho que ver la industria editoral, hay un lugar que quedó vacante, ¿quién se ocupa de que la gente lea?

¿Se puede vivir de la escritura?
—Son muy pocos los colegas que pueden hacerlo, incluso en un mercado tan importante como el de Estados Unidos. Tampoco sé si es tan necesario, que se viva sólo de escribir. Creo que hay algo saludable en tener contacto con el medio social más puro, en que el dinero no alcance, en tener que ocuparse de la casa. Aun en la fantasía de ganar el Loto, no sé si podría escribir sin tener otro trabajo. Yo preferiría que el Estado destine plata a que haya más lectores, a que nosostros no tengamos que trabajar en otras cosas.

Está el mito de que los chicos no leen...
—Lo hacen todo el tiempo, hay mucha literatura adolescente, el tema es si tienen un puente a otras lecturas. Los jóvenes siempre están mirados como un factor de riesgo, no queremos que estén en la calle porque son un riesgo, no queremos que estén en la vereda, tampoco queremos que estén en la casa. En síntesis, no queremos a los chicos; lo que le pasa a uno de mis personajes con sus hijos es lo que le pasa a la sociedad con los niños. Queremos que alguien se ocupe, que estén encerrados en la escuela, aunque no sepamos para qué, y los adolescentes sobreviven, siempre encuentran medios. Está buenísimo que lean, y lo están haciendo solos. Hay una industria que los explota, porque esos libros son más caros. Hay chicos que leen y otros que no leen, pero no es cierto que ninguno lee, y muchas veces tienen razón al no querer leer lo que les dan en la secundaria. En los ’80 ibas a la playa y en cada manta había un libro, bueno o malo pero había. Si los chicos no ven leer a los adultos por qué lo van a hacer.

¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser escritor?
—De muy chico, a los 9 o 10 años supe que quería serlo. Escribía cosas que se perdieron gracias a dios. Después quise hacer otra cosa, y lo retomé a los 29 años. Hice todos los trabajos posibles y pensé ‘yo al final no sé hacer nada, no soy nada’. Entonces me di cuenta de que desde los 21 años había una cosa que sí había podido sostener, que venía haciendo con continuidad: ‘lo único que yo sé es escribir’, entendí, y a partir de ahí empecé a trabajar sobre la escritura.

Título: Hasta encontrar una salida
Autor: Hugo Salas
Editorial: Cía. Naviera Ilimitada
Páginas: 224
Precio: $370 T

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