Lazos interrumpidos

Tres amigos, una vida detenida: memoria de lo que la dictadura rompió

Trabajaban juntos, compartían militancia y asados. Medio siglo después, uno de ellos narra cómo la desaparición de sus compañeros sigue marcando cada escena de su vida

La pared está ahí, en la cocina. La señala y en sus ojos se ve que todavía, más de 50 años después, puede ubicar el momento exacto en que empezó a levantarse. "El que me hizo esto era uno de ellos, Giordano", dice. No llegó a verla terminada.

El Golpe de Estado de 1976 interrumpió la vida de familias, de amigos, de compañeros. Llegó el horror, la crueldad y el dolor de una época que todavía exige memoria, verdad y justicia.

Además del relato de madres, padres, hijos y hermanos, está el de los amigos. Recuperar esas voces no es sencillo. No solo por el paso del tiempo, sino porque hablar desde ese lugar implica revolver la ausencia, los momentos crudos y las heridas que nunca cerrarán. En ese silencio también hay historia: la de quienes se quedaron, sosteniendo los recuerdos y lamentando lo que no pudo ser.

Un asado que se quemó de tanto esperar, un truco inconcluso, una apuesta ya sin sentido, un secreto que no será jamás contado porque si no es a ellos, ¿a quién?

Jorge hoy tiene 80 años, pero una parte de él quedó en sus 30 y se la llevaron junto a sus amigos desaparecidos por la dictadura militar.

"Son tres muchachos que perdimos en esa época. Éramos muy amigos, incluso uno de ellos levantó esa pared", dice mientras señala la cocina, donde ahora está su mujer calentando la pava para un mate.

"El que me hizo esto (la pared) se llamaba Giordano, el otro Pardito y el otro, Santoro. Eran tres muchachos que trabajaban conmigo dentro de la delegación gremial de obras de Luz y Fuerza, en Segba (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires). Además de ser compañeros, eran amigos. Nos conocíamos hace muchos años", cuenta.

La vida antes

Antes de las desapariciones, "eran una familia". Trabajaban juntos, pero los momentos compartidos iban más allá del trabajo. Había amistad, militancia y proyectos en común. También "espacios de comunión", como definió Jorge a los asados de cada viernes después del "laburo".

Aclara que jamás "abandonaban" el trabajo, sino todo lo contrario: terminaban a las dos de la tarde, pero se quedaban hasta las cinco o seis. "Eso era a cuenta de nosotros. Había diálogo, hacíamos el asado, jugábamos un truco". Hoy, para un dos contra dos sobran lugares y cantar envido con tres reyes de diferente palo no tiene el mismo gusto de picardía que en aquellos tiempos. Falta la risa del que te dice "mulero, mentiroso". Falta la viveza de quien te conoce tanto que sabe que estás mintiendo.

"Eran momentos muy bravos, nunca habíamos pasado por eso. Siempre habíamos militado, pero normal. Los militares vinieron con una saña de romper todo y al principio no nos dimos cuenta. Pero no, ellos eran asesinos y venían a eliminar todo lo que era popular".

Las desapariciones y una búsqueda incansable

La vida entre la militancia, el trabajo y la amistad se mezclaba de forma natural en esa época. Cuenta que había muchos reclamos por cubrir. Algunos tenían que ver con los extras por zona de trabajo peligrosa o plus por altura. Su delegación se dedicaba a escuchar y elevar esos reclamos, pero "hacer ruido" no estaba permitido. Ya en ese tiempo habían secuestrado al entonces secretario general de Luz y Fuerza, Oscar "El Gato" Smith: "Fuimos muy castigados".

"Resulta que un día, que me quedó grabado: 25 de julio, el cumple de Laurita (su hija), estábamos acá reunidos con mi familia. A la madrugada me viene a buscar un muchacho, que también era compañero, y me dice: ‘Se llevaron a Giordano, después a Pardito y después, a Santoro'". 

Las piernas temblaban ya de tanto caminar. Querían "rescatarlos": "No nos dimos cuenta que cuando te llevaban, te mataban derecho viejo". 

El tiempo pasó, las caminatas siguieron, pero ellos nunca volvieron.  Empezó a sospechar que alguien del propio entorno los había entregado: "Había informantes. Algún dirigente los entregó... Eso con los años te das cuenta". 

Un día entendieron -él y otros compañeros- que ya no se podía hacer nada, que el arrebato ya estaba hecho. La voz se le quiebra: "Podría haber sido yo... ¿Por qué no fui yo?".

"La pérdida de los muchachos no la cicatrizás nunca. Son cosas que no las podés cicatrizar. Son amigos y están luchando como vos -que me podría haber tocado a mí- y dejaron a familias a la deriva. Son cosas que duelen mucho. Tenemos las marcas de todo eso".

Lo único que le quedó de ellos: la memoria y la pared que sigue siendo parte de su hogar, 50 años después. "Cada 26 de julio, que fue el día que ellos desaparecieron, les hacíamos una misa. El primer año que la hicimos también nos vinieron a buscar, en la iglesia de Pompeya. A mí y a otros cuatro nos agarraron y nos metieron en cana, pero nos largaron".

La memoria

El paso del tiempo no alcanza y la herida queda abierta. "Cuando pasaban esas cosas te dolía mucho porque no era solo un amigo: eran hermanos. Con este grupo yo tenía otro tipo de amistad y esto no me lo puedo olvidar. Te deja marcado para toda la vida".

"Mucha gente quedó mal de la cabeza", dice y cuenta que hace poco se enteró de un caso cercano. Llamó varias veces a un compañero, pero no recibía respuesta. "Un día me atendió la mujer y me dijo que estaba pasando un momento muy jodido. Se tiró del balcón". Para él, no hay dudas: "Son consecuencias de esos momentos que nos pasaron".

Le cuesta entender la crueldad, el odio de esos tiempos, pero también la falta de memoria de algunos sectores de la política actual: "La gente que no se acuerda no tiene sentimientos, no le importa lo que le pasó al amigo, al hermano, al hijo del otro".

La pared sigue ahí. También la cocina, el mate, la casa que se fue armando alrededor de algo que uno de ellos empezó y no pudo ver terminado.

De los viernes quedan escenas sueltas: el asado, el truco, las discusiones, los chistes. Todo lo que hacía a esa vida compartida que no volvió a ser la misma.

"Hay que hacer tripa corazón y seguir adelante", dice. Pero enseguida vuelve a ellos. Lo que daría por un falta envido más.

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