Ucrania golpeó San Petersburgo con drones y desafió a Putin tras el rechazo a dialogar con Zelenski
Kiev lanzó un ataque de largo alcance sobre la segunda ciudad más importante de Rusia y elevó la presión tras el desplante del Kremlin.
La guerra entre Rusia y Ucrania sumó este sábado un nuevo capítulo de máxima tensión. Kiev lanzó una ofensiva masiva con drones contra San Petersburgo, la segunda ciudad más importante de Rusia, en una operación que coincidió con la última jornada del Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF), el principal evento político y empresarial del país.
El ataque ocurrió apenas horas después de que Vladímir Putin rechazara públicamente una propuesta de encuentro cara a cara con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski para discutir una eventual salida negociada al conflicto.
Las autoridades rusas informaron que tres personas sufrieron heridas leves y que los sistemas de defensa aérea lograron interceptar la mayoría de los aparatos no tripulados.
Sin embargo, el impacto político de la operación resultó imposible de ocultar: Ucrania volvió a demostrar que puede alcanzar objetivos ubicados a más de mil kilómetros de sus fronteras.
Un ataque sin precedentes sobre la región de Leningrado
El gobernador de San Petersburgo, Alexander Beglov, pidió a los habitantes permanecer en sus hogares durante varias horas y advirtió sobre posibles interrupciones en los servicios de internet móvil.
Por su parte, el gobernador regional Alexander Drozdenko calificó la ofensiva como un "ataque sin precedentes" y aseguró que las defensas rusas derribaron 141 drones sobre la región de Leningrado.
El Ministerio de Defensa de Rusia elevó aún más esa cifra al afirmar que destruyó 376 drones ucranianos en distintos sectores del país.
Las autoridades no informaron daños significativos en infraestructuras estratégicas, aunque diversos videos difundidos en redes sociales mostraron explosiones y actividad antiaérea en los alrededores de la ciudad.
Zelenski reivindicó la operación
El propio presidente ucraniano confirmó la ofensiva.
"Anoche nuestros drones recorrieron una distancia de unos 1.000 kilómetros hasta la región de San Petersburgo, hacia los arsenales de la Marina enemiga y una base en Kronstadt", escribió Zelenski en la red social X.
El mandatario agregó que otra operación alcanzó un depósito de petróleo ubicado en la región rusa de Krasnodar, uno de los puntos clave para la logística energética del país.
La declaración tuvo un claro objetivo político: exhibir la capacidad de Ucrania para atacar instalaciones militares y estratégicas dentro del territorio ruso.
La respuesta al rechazo de Putin
El ataque llegó apenas un día después de que Putin descartara una reunión directa con Zelenski.
Durante una intervención en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, el líder ruso afirmó que no veía "ningún sentido" en mantener conversaciones personales con su par ucraniano hasta que existieran condiciones concretas para un acuerdo de paz.
La propuesta había surgido a través de una carta enviada por Zelenski, en la que el mandatario ucraniano planteó la posibilidad de un encuentro directo para intentar destrabar las negociaciones.
Putin respondió con frialdad y cerró la puerta a una reunión inmediata. La reacción de Kiev no tardó en llegar.
Ucrania advierte que no habrá lugares seguros en Rusia
El ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, lanzó una dura advertencia al Kremlin.
"Putin perdió su oportunidad de salir de su guerra fallida", escribió en sus redes sociales.
Además, sostuvo que la situación para Rusia "solo empeorará" y aseguró que ya no existirán "lugares seguros" dentro del territorio ruso frente a los ataques de largo alcance desarrollados por Ucrania.
Según el funcionario, la intensidad de las operaciones continuará creciendo mientras Moscú mantenga su negativa a negociar seriamente el fin de la guerra.
El golpe en el peor momento para el Kremlin
La ofensiva representa un nuevo desafío para la estrategia comunicacional de Putin.
Desde el comienzo del conflicto, el Kremlin intentó transmitir la idea de que la guerra permanecía lejos de la vida cotidiana de la mayoría de los rusos.
Sin embargo, los ataques contra Moscú, instalaciones petroleras, aeropuertos, bases militares y ahora San Petersburgo muestran una realidad diferente.
La ciudad atacada posee un valor simbólico especial para Putin. Allí nació el mandatario ruso y allí se desarrolla cada año el foro económico que funciona como vidriera internacional de su gestión.
Incluso esta misma semana, Ucrania ya había golpeado una terminal petrolera y una base naval cercana, en vísperas de la apertura del encuentro económico.
La guerra de los drones redefine el conflicto
Mientras la línea de combate terrestre permanece relativamente estancada en varios sectores del frente, tanto Rusia como Ucrania incrementaron de manera exponencial el uso de drones de largo alcance.
Las nuevas tecnologías permiten atacar depósitos de combustible, bases militares, fábricas de armamento e infraestructura energética a cientos o incluso miles de kilómetros del frente.
Rusia también intensificó sus bombardeos
La escalada no se limita al territorio ruso. Durante la madrugada del sábado, las fuerzas de Moscú lanzaron una nueva ola de ataques sobre distintas regiones de Ucrania.
Según informaron las autoridades locales, una persona murió y otras tres resultaron heridas en la región de Dnipropetrovsk tras casi treinta bombardeos con drones y artillería.
En Zaporiyia, un ataque provocó incendios en un estacionamiento y dejó al menos siete personas bajo atención médica.
La Fuerza Aérea de Ucrania informó que Rusia lanzó 272 drones durante la noche y que las defensas lograron interceptar 249 de ellos.
Un conflicto sin señales de desescalada
La ofensiva sobre San Petersburgo refleja el endurecimiento de las posiciones de ambos gobiernos.
Mientras Putin descarta conversaciones directas con Zelenski y apuesta por sostener la presión militar, Ucrania busca demostrar que puede llevar la guerra a los centros neurálgicos de Rusia.
Con las negociaciones estancadas, los ataques de largo alcance se consolidan como una de las principales herramientas de presión en una guerra que, lejos de acercarse a una resolución, continúa expandiendo su alcance y su nivel de confrontación.