Berlinale 2026

Un Festival donde la politización pesó más que el cine

Las mejores películas de la selección se fueron de Berlín con las manos vacías

Tras la polémica en torno al rol político de los festivales, casi no pudo hablarse de otra cosa en esta Berlinale. Así, en la clausura, tanto su directora, Tricia Tuttle, como el presidente del jurado Wim Wenders, dedicaron mucho tiempo (demasiado) a intentar explicar su postura: que está bien que haya debate, que se puede discrepar, etc. Todos los que llegaron al micrófono quisieron (o se vieron en la obligación de) decir algo. A la media hora del inicio, todavía estaban declamando los jurados de cortometrajes.

Y para todos los que se enojaron con Wenders, el palmarés confirmó que el jurado no estuvo a la altura. Premió películas muy menores, ignoró las (pocas) buenas y da la impresión de que consideró el tema de las películas más que su valía.

El Oso de Oro a mejor film para Yellow Letters, de lker Çatak, y el Gran premio del jurado para Salvation de Emin Alper, solo se explica por el origen turco de sus directores y la temática que abordan. Solo el Premio del jurado para Queen at Sea, de Lance Hammer, parece entendible. Su acercamiento al Alzheimer es desgarrador (aunque el giro del final sea innecesariamente cruel, a la altura de Amour de Michael Haneke). Pero hay un director que sabe lo que hace y grandes actuaciones (Juliette Binoche y los justos ganadores Ana-Calder Marshall y Tom Courtenay).

Mejor director se consideró a Grant Gee, por Everybody Digs Bill Evans, que dijo que no entendía el reconocimiento ya que él solo había dejado hacer a un buen equipo (cosa que se nota en una película correcta en los rubros técnicos y las actuaciones, pero ciertamente a la deriva). El premio a la mejor interpretación fue para Sandra Hüller por Rose de Markus Schleinzer y el del mejor guión para Genèvieve Dulude-de Celles por Nina Roza. Por último, se premió por su "contribución artística" al documental Yo (Love is a Rebellious Bird).