Estudio

Uno de cada cuatro argentinos sacrifica comer en el trabajo por falta de recursos

El Observatorio de la UCA reveló que el 61,1% de los asalariados admitió haberse salteado alguna comida durante su jornada por falta de recursos

La alimentación durante la jornada laboral se convirtió en un reflejo de las desigualdades estructurales y la pérdida de poder adquisitivo en la Argentina: uno de cada cuatro trabajadores argentinos sacrifica sus comidas por falta de recursos.  

Así lo reveló el informe "La alimentación y comensalidad en población asalariada de la Argentina", que realizó una encuesta nacional a 1.171 trabajadores asalariados formales y que expuso un panorama crítico: solo el 16,5% de la fuerza laboral está libre de privaciones alimentarias.

La investigación analizó que el 83,5% restante enfrenta algún tipo de vulnerabilidad, ya sea por restringir la cantidad de comida o por resignar su calidad nutricional debido a motivos económicos, señala el informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Datos que preocupan

Según el estudio, el 61,1% de los asalariados admite haber tenido que saltearse alguna comida durante su jornada por falta de recursos. Dentro de ese total, el 46,7% admitió que lo hizo de forma ocasional, y el 14,4% de manera regular. Sin embargo, la situación es más preocupante entre los más jóvenes: el 70,7% de los trabajadores de 18 a 29 años omite comidas, un ajuste forzado por los salarios iniciales más bajos.

Ocho de cada diez argentinos se manifiesta a favor de recibir un aporte de su empleador para la alimentación

Además, el 78,5% de los trabajadores tuvo que optar por alimentos menos nutritivos y más económicos para poder comer en sus ámbitos laborales. De este subgrupo, uno de cada cuatro (24,6%) ya lo incorporó como una práctica habitual.

"Para la mayoría de la fuerza laboral, los ingresos no logran cubrir los costos de alimentación durante la jornada, obligándolos a sacrificar su bienestar nutricional como mecanismo de ajuste frente al costo de vida actual", señaló Ianina Tuñón, investigadora responsable del informe.

Almorzar en el trabajo implica un fuerte desembolso: el 43,9% de los trabajadores gasta entre $5.001 y $10.000 diarios y un 20% supera los $10.000.

La ausencia de ayuda o aportes de los empleadores

El 80,4% de los asalariados se manifiesta a favor de recibir un aporte de su empleador para la alimentación, con libertad de elección. En este caso, los trabajadores de la construcción (90,1%), los jóvenes (84,9%) y aquellos que ya sufren las dos caras de la vulnerabilidad (saltear comidas y comer mal) reclaman este beneficio en un 91,5% de los casos.

Además, la expectativa de mejora en la salud es alta. Un 58,7% de los trabajadores espera mejoras significativas en su bienestar si recibiera este tipo de ayuda, una percepción que se eleva entre mujeres, jóvenes y empleados del sector público, donde las condiciones actuales son más precarias.

Más del 60% de los asalariados admite haberse salteado alguna comida en sus trabajos

Sin embargo, la realidad es muy diferente a lo que los trabajadores desean: en la actualidad, el 55,6% de los asalariados no recibe ningún tipo de contribución de su empleador para comer. El apoyo económico es más habitual entre los salarios altos, mientras que la falta de cobertura es persistente en los de menores ingresos. Por ejemplo, el 41,8% de los trabajadores que ganan hasta $800.000 califica su dieta como poco saludable, una cifra que se reduce al 23,8% entre quienes superan los $2.000.000.

"Mejorar la alimentación laboral es, en definitiva, mejorar la calidad del trabajo y, por extensión, la salud colectiva. Los datos advierten la necesidad de un cambio de paradigma: dejar de ver la comida laboral como un beneficio discrecional para entenderla como un pilar del bienestar y la productividad", concluyó el estudio.

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