Vidal lanzó una advertencia a Milei: "No creo que haya que elegir entre orden y sensibilidad"
María Eugenia Vidal aseguró que "los cambios no se sostienen con bronca" y alimentó la llama del PRO rumbo a las elecciones de 2027
La exgobernadora de la provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal apuntó este martes contra el gobierno de Javier Milei y sumó un nuevo capítulo en el que el PRO toma distancia de La Libertad Avanza. Para ella, "un país no puede optar entre equilibrio fiscal y empatía".
La dirigente publicó un documento en sus redes sociales al que tituló "¿Para qué está el PRO?" y, junto a una imagen junto al expresidente y titular del partido, Mauricio Macri, le echó leña al fuego que están avivando dentro de la agrupación que ya piensa en las elecciones presidenciales de 2027.
Mauricio Macri fue una pieza clave para lograr que Javier Milei se consagrara como presidente en las elecciones de 2023. Por ese entonces, su candidata Patricia Bullrich había quedado afuera de la contienda electoral y decidió apoyar al libertario en el ballotaje de noviembre, en donde compitió con Sergio Massa.
A pesar del respaldo, el empresario le soltó la mano y comenzó a construir su propio camino para el año que viene. Los dirigentes que forman parte del partido amarillo se sumaron a las críticas al Gobierno y Vidal fue una de ellas.
"Cuanto más lo pienso, más convencida estoy de que el peor error que puede cometer un espacio político no es equivocarse, sino dejar de interpretar el momento histórico que tiene adelante", comienza el escrito publicado este martes. Para Vidal, "el PRO no puede ponerle palos en la rueda al cambio, pero tampoco puede callarse".
A lo largo del documento, la exgobernadora estableció una diferencia entre el "cambio" que propone el Gobierno y el que propuso el PRO cuando ganó las elecciones de 2015. Afirmó que el espacio político en el que ella participa "nació porque hubo un grupo de personas que se animó a mirar a Argentina y decir algo que en ese momento parecía imposible: esto puede cambiar".
Recordó que el PRO "nació en medio de un cambio cultural" que ella definió como "enorme" y la capacidad que tuvieron en aquel momento para "entender que también había que hacer política de otra manera". Esto es, "más cercana, más concreta, menos solemne, menos encerrada en discusiones ideológicas y enfocada en resolver problemas reales".
Vidal reconoció que Argentina está "en un cambio de época" pero, a diferencia que en 2015, este es "más acelerado, más incierto, más duro en muchos sentidos, pero igual de profundo" y le atribuyó a la tecnología la capacidad de "volver a transformar todo".
"Las personas están cansadas, decepcionadas, agotadas emocionalmente después de tantos años de frustraciones y aparece una demanda social mucho más extrema, más impaciente y más enojada", reconoció.
"Si queremos seguir siendo parte del cambio, tenemos que volver a entender el tiempo que nos toca vivir". - María Eugenia Vidal.
Vidal analizó que la discusión de fondo que tiene hoiy Argentina "no es solamente un programa económico", en referencia a la terquedad del Gobierno de no renunciar al "equilibrio fiscal".
Para ella, "en el fondo, lo que estamos discutiendo es qué tipo de sociedad queremos ser". "Muchas veces esa discusión aparece planteada como si hubiera solamente dos opciones posibles", agregó, al tiempo en el que diferenció: "si priorizamos la estabilidad macroeconómica sin un desarrollo que les llegue a todos, o priorizamos una economía subsidiada a costa del largo plazo".
Comunicado completo de María Eugenia Vidal sobre el Gobierno y el rol del PRO
Hay algo que pienso mucho últimamente, sobre todo cada vez que alguien me pregunta dónde tiene que estar parado hoy el PRO o cuál es el rol que tenemos en esta etapa de la Argentina. Cuanto más lo pienso, más convencida estoy de que el peor error que puede cometer un espacio político no es equivocarse, sino dejar de interpretar el momento histórico que tiene adelante, dejar de entender qué le está pasando a la gente y aferrarse a respuestas viejas para problemas completamente nuevos.
El PRO nació porque hubo un grupo de personas que se animó a mirar la Argentina y decir algo que en ese momento parecía imposible: esto puede cambiar. Nosotros nunca aceptamos a los que nos decían que ¨las cosas siempre se hicieron así¨, nunca creímos que la corrupción fuera inevitable, ni que el Estado tuviera que ser ineficiente, ni que la política estuviera condenada a vivir desconectada de la vida real de la gente. Y esa rebeldía, que en ese momento parecía ingenua para muchos, terminó construyendo algo mucho más grande de lo que imaginábamos.
Pero además el PRO nació en medio de un cambio cultural enorme, quizás uno de los más profundos de las últimas décadas. Mientras aparecían las redes sociales y empezaba una sociedad mucho más horizontal, menos estructurada alrededor de jerarquías tradicionales, más conectada, más femenina, más sensible a ciertas demandas humanas y menos tolerante a las formas viejas del poder, nosotros entendimos que también había que hacer política de otra manera. Más cercana, más concreta, menos solemne, menos encerrada en discusiones ideológicas eternas y enfocada en resolver problemas reales.
Hoy estamos otra vez frente a un cambio de época. Uno distinto, más acelerado, más incierto, más duro en muchos sentidos, pero igual de profundo. La tecnología vuelve a transformar todo, las personas están cansadas, decepcionadas, agotadas emocionalmente después de tantos años de frustraciones, y aparece una demanda social mucho más extrema, más impaciente y más enojada. Y sería un error enorme creer que el PRO puede atravesar este momento simplemente defendiendo lo que fue o refugiándose en una identidad vacía. Si queremos seguir siendo parte del cambio, tenemos que volver a entender el tiempo que nos toca vivir.
Porque lo que está discutiendo la Argentina hoy no es solamente un programa económico. En el fondo, lo que estamos discutiendo es qué tipo de sociedad queremos ser. Y muchas veces esa discusión aparece planteada como si hubiera solamente dos opciones posibles: si priorizamos la estabilidad macroeconómica sin un desarrollo que les llegue a todos, o priorizamos una economía subsidiada a costa del largo plazo. Y yo, sinceramente, creo que esa es una falsa elección, una simplificación peligrosa que la Argentina ya sufrió demasiadas veces.
Yo no creo que haya que elegir entre orden y sensibilidad. No creo que un país tenga que optar entre equilibrio fiscal o empatía. Y tampoco creo que cuidar la economía implique mirar para otro lado cuando hay familias que sienten que el esfuerzo no alcanza, comerciantes que no llegan, jubilados angustiados o jóvenes que sienten que, incluso haciendo todo bien, el futuro les queda lejísimo.
Por eso creo que ahí hay una responsabilidad enorme para el PRO. Porque si hubo algo que siempre nos caracterizó fue la idea de que los cambios profundos no se sostienen solamente con bronca. A veces romper una inercia es necesario, pero después hay que construir, y construir es infinitamente más difícil. Hace falta gestión, equipos, conocimiento, capacidad, experiencia y también una enorme sensibilidad para entender que detrás de cada decisión económica hay personas y familias, sueños y esperanzas, hijos y abuelos.
En estos meses Mauricio viene diciendo algo con lo que coincido profundamente: el PRO no puede ponerle palos en la rueda al cambio, pero tampoco puede callarse. Y creo que esa definición describe exactamente el lugar donde tenemos que estar parados hoy. Porque callarse frente a lo que le pasa a millones de argentinos no es responsabilidad institucional, a veces también puede ser comodidad, especulación o miedo. Y nosotros no nacimos para eso.
Acompañar el rumbo económico cuando creemos que es correcto no significa dejar de mirar lo que pasa en la vida cotidiana. No significa hacer de cuenta que no vemos el cansancio, la angustia o la incertidumbre que todavía existe en muchísimas familias. Y señalar eso no es traicionar el cambio, al contrario, es intentar que salga bien, que sea sostenible y que no termine rompiendo algo mucho más profundo, que es el vínculo entre una sociedad y la esperanza de que el futuro puede ser mejor.
Yo sigo creyendo en la idea de un país para todos. Y cuando digo para todos, realmente es para todos. No para los militantes, no para un sector social, no para los que piensan igual, no para los que gritan más fuerte. Un país para el que trabaja, para el que emprende, para el que estudia, para el que quiere progresar honestamente y vivir tranquilo. El desafío más importante que tenemos por delante es justamente ese: volver a construir una mayoría que no esté unida por el resentimiento o por el miedo, sino por algo muchísimo más difícil y muchísimo más valioso, que es la esperanza.