Sufragio

Honduras, Perú y el desafío de sostener la confianza electoral

La crisis de confianza en los organismos electorales de la región enciende las alarmas sobre la legitimidad democrática en América Latina. Entre demoras técnicas y desinformación, la transparencia institucional es el único antídoto contra la polarización.

En el mundo electoral suele decirse que una buena elección es aquella donde nadie habla de la autoridad electoral. Los ganadores celebran, los perdedores protestan y el organismo desaparece detrás del resultado. Cuando ocurre lo contrario -cuando el árbitro se vuelve protagonista- la elección entra en una zona de riesgo político.

Mientras Perú aún cuenta votos y persisten las controversias sobre el escrutinio, permanece fresco el recuerdo de lo ocurrido en las elecciones presidenciales de Honduras, donde el ganador fue proclamado recién tres semanas después de los comicios. Tanto el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Honduras como la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) de Perú quedaron bajo el escrutinio de la opinión pública nacional y regional. En ambos casos, las demoras en los escrutinios, la circulación de rumores y la polarización política transformaron cuestiones técnicas de administración electoral en disputas sobre legitimidad democrática.

El verdadero problema que emerge de estos casos no es solamente la demora en sí misma, ni siquiera la ansiedad natural de la ciudadanía por conocer cuanto antes el resultado de la voluntad popular, sino el impacto que estas situaciones producen sobre la legitimidad y la transparencia del proceso electoral.

Los indicadores regionales sobre apoyo a la democracia muestran desde hace años un deterioro persistente de la confianza institucional. En buena parte de América Latina, según Latinobarómetro, cerca de la mitad de la población sostiene que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, mientras crecen las actitudes de indiferencia frente a alternativas autoritarias. La desconfianza que generan las crisis electorales termina así trascendiendo lo estrictamente comicial y golpeando directamente la credibilidad del sistema democrático.

El daño que produce la desinformación -amplificada por redes sociales, operaciones políticas y usinas de rumores- agrava un sentimiento ya demasiado extendido de frustración y desencanto con la democracia. En contextos de alta polarización, cualquier demora administrativa puede convertirse rápidamente en sospecha política.

Para la Argentina, donde las elecciones de 2027 todavía parecen lejanas, los episodios recientes de la región deberían funcionar como advertencia. Los procesos electorales de América Latina en estos primeros meses de 2026 muestran hasta qué punto la confianza pública puede erosionarse cuando las autoridades electorales no logran comunicar con claridad, rapidez y transparencia.

Las claves para reforzar el compromiso democrático no constituyen ninguna fórmula secreta: comunicación institucional clara y permanente por parte de los organismos electorales, acuerdos básicos entre las fuerzas políticas para desalentar la desinformación y mecanismos de seguimiento, construcción de una ciudadanía activa en valores democráticos y participación junto a actores partidarios y organizaciones de la sociedad civil durante todas las etapas del proceso electoral.

En países que discuten reformas electorales, las lecciones recientes de América Latina deberían servir como advertencia sobre los riesgos de implementar cambios con apuro, sin consensos amplios ni participación plural en la administración e implementación de las reformas. Cuando estos procesos no se informan claramente a la ciudadanía y además se excluyen o desalientan actores políticos y sociales, se debilitan también las condiciones de legitimidad, imparcialidad y confianza pública que sostienen a todo sistema electoral.

En contextos de polarización extrema, las elecciones ya no sólo deben ser limpias: también deben parecerlo. Y cuando la desinformación ocupa el vacío que deja una comunicación institucional débil, lo que entra en crisis no es únicamente un resultado electoral, sino la confianza misma en la democracia.

Doctor en Ciencias Políticas. Profesor Titular en Universidad del Salvador y Universidad de Buenos Aires. Especialista en partidos políticos y procesos electorales.