La nación cubana en la pobreza casi total como consecuencia del régimen totalitario
Según el IX Estudio sobre Derechos Sociales del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, la extrema pobreza en Cuba afecta al 94% de los hogares y el rechazo a la gestión gubernamental alcanza el 95%.
Según el IX Estudio sobre Derechos Sociales en Cuba realizado por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, presentado en la Legislatura de la Ciudad el último 13 de agosto, la extrema pobreza en dicho país asciende al 94%. Cuando la pobreza alcanza a nueve de cada diez hogares, ya no describe a un sector vulnerable: describe a la sociedad entera. Detrás de cada punto de ese porcentaje de pobreza hay una persona, un anciano cubano que elige entre la medicina y la comida o peor aún debe descartar la medicina y optar por comprar el pan, y no tiene más opciones que un pan rancio y desabrido.
La pregunta es "¿qué clase de régimen produce este nivel de pobreza, y por qué es incapaz de corregirlo?". Pues la pobreza cubana no es un accidente económico o consecuencia de alguna crisis debido al contexto internacional, sino el producto estructural de un tipo de régimen que ha abolido los mecanismos con que las sociedades se corrigen, los mecanismos con que las sociedades buscan desarrollarse a pesar de las dificultades, Sin libertad no hay emprendedurismo, sin libertad no hay manera de salir a flote económicamente. Por ello, el rechazo a la gestión del gobierno alcanza el 95%, no confía en que el régimen resuelva la crisis por más anuncios que realice. La buena noticia es que el 50% de los encuestados cree que, antes de que termine el año, podría producirse un cambio importante y favorable para el pueblo cubano. Además, es importante notar que el 76% desea que ese cambio incluya transformaciones tanto políticas como económicas. En un régimen que se ha mantenido en el poder por anuncios de apertura económica "reversibles", es decir lo que se abre en la crisis se cierra en cuanto el régimen recupera aire, porque la apertura nunca fue un fin sino un instrumento de supervivencia. Así fue en 1980 la medida de Mercados Libres Campesinos en el cual Fidel Castro autoriza a los campesinos a vender su excedente a precios libres. Esta medida fue revertida en 1986 cuando dichos mercados fueron cerrados dentro del proceso de "Rectificación de errores". Otro ejemplo de la gestión de Fidel fue en 1995 la Ley 77 de Inversión Extranjera, primer marco amplio para capital foráneo que entre los años 2004-2006 con la llamada recentralización o "Batalla de Ideas" Fidel congela y recorta el cuentapropismo y la circulación del dólar que había liberalizado en 1993. Las medidas de Raúl Castro entre 2010 y 2011 de expansión del cuentapropismo fue seguido a un anuncio de despidos masivos del sector estatal en el cual ya no sólo no tendría la carga presupuestaria de pagarle de un 10% al 35% de la fuerza laboral sino que comenzaba a cobrar impuestos a los cuentapropistas.
Ante una crisis humanitaria sin precedentes, Díaz Canel anunció en junio de 2026 un paquete de 176 medidas de reformas de políticas económicas en 23 ejes, presentado como la mayor apertura desde 1959 tales como la banca privada supervisada, cuentas en divisas e importaciones comerciales para personas. Pero quién puede creer y confiar en un régimen que controla todo y así como abre los mercados los cierra sin razón alguna.
Seymour Lipset fue un politólogo norteamericano quien afirmó que el desarrollo económico tiende a producir y sostener la democracia. Más tarde, Scott Mainwaring y Aníbal Pérez-Liñán, al estudiar América Latina, demostraron que esa relación no es automática: la región era "excepcional" porque los factores económicos, por sí solos, no determinaban la suerte de sus democracias -pesaban más las variables políticas e institucionales-. Cuba es la confirmación más extrema de esa lección, leída al revés. Lo que explica este nivel de pobreza no es, en primer lugar, una escasez de recursos: es una estructura de poder. La variable decisiva no es cuánto tiene el país, sino que se ha suprimido todo mecanismo capaz de cambiar el rumbo.
En una sociedad plural, un sector que fracasa puede ser corregido por otro; en una totalitaria, el fracaso del centro es el fracaso de todo. La pobreza es total porque el control es total. La completitud de la cifra es la firma del tipo de régimen.
Anthony Downs modeló la democracia como una suerte de mercado: los partidos ofrecen políticas, los ciudadanos "compran" con su voto, y un gobierno que gobierna mal pierde el poder. Ese mecanismo es el motor de corrección de toda democracia. Y aquí está el núcleo del problema: en Cuba no existe mercado político. No hay un oferente al que el ciudadano pueda cambiarse. Un gobierno que produce tanta pobreza no enfrenta ninguna urna capaz de removerlo. De modo que la pobreza no solo es producida por el régimen: es protegida por él. El mecanismo que en cualquier democracia habría terminado con este gobierno hace mucho tiempo fue abolido por diseño. Fidel Castro que había llegado al poder prometiendo elecciones libres y democracia al derrocar al dictador Fulgencio Batista fue quien diseñó el sistema totalitario, tanto los órganos de control social, político como económico.
Volvamos entonces a otra cifra que nos revela este informe presentado por Yaxis Cires, director de estrategia del Observatorio Cubano de Derechos Humanos y es el del nivel de desaprobación, y desconfianza en que este régimen resuelva algo. En cualquier democracia de la tierra, un gobierno con esos números ya no estaría. En Cuba, esa desaprobación no tiene adónde ir. Es una demanda de rendición de cuentas sin ningún canal institucional para transformarse en poder. Pobreza e impunidad son, aquí, el mismo fenómeno visto desde dos caras.
Si el diagnóstico es estructural, también debe serlo el remedio. No bastará con remendar la coyuntura; la crisis es estructural y exige respuestas estructurales: economía de mercado, propiedad privada, seguridad jurídica y, de manera inseparable, derechos civiles y políticos.
El régimen ofreció alguna vez un canje: entrega tu libertad y recibirás bienestar a cambio. Y el aparato de propaganda en el mundo hizo el resto, supuestamente destacándose por su sistema de salud y medicina. El veredicto ya está a la vista. No entregó ninguno de los dos. Se quedó con la libertad y dejó la pobreza. Todo es una mentira. Y nos ha mostrado, a un precio terrible, una verdad que esta sala ya conocía: que los derechos civiles y políticos no son un lujo que se disfruta después de asegurar el pan -son la condición misma bajo la cual un pueblo puede asegurar su pan-. No hay dignidad de la persona sin libertad, y no hay pan duradero sin rendición de cuentas.
* Internacionalista y politóloga. Presidente de la Asociación Civil Cultura Democrática y autora del libro "Memoria y Cultura por la Democracia en Cuba"

