Otro ángulo

Por un multilateralismo útil

El multilateralismo necesita renovarse para recuperar eficacia y confianza, incorporando de manera permanente a las ciudades y gobiernos locales como actores centrales en la gobernanza global.

El sistema multilateral atraviesa una etapa de cuestionamientos, muchos de ellos legítimos. Muchas agendas se han alejado de las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos o han perdido capacidad para responder a las demandas concretas de la gente. Las tensiones geopolíticas, la fragmentación del escenario global y la demanda de soluciones rápidas por parte de la sociedad evidencian la necesidad de renovar la cooperación internacional. 

Frente a este escenario, la respuesta no es ni el repliegue soberanista ni la demolición de los ámbitos multilaterales de diálogo y coordinación. Tampoco se trata de ignorar sus evidentes limitaciones. Esta discusión fue central hace pocas semanas en Tánger, Marruecos, el VIII Congreso Mundial de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU), en donde cientos de líderes de todo el mundo debatieron sobre la importancia de impulsar una agenda de renovación que recupere la confianza de la ciudadanía, y generar iniciativas más eficientes y conectadas con las necesidades reales de las personas. 

Es en este contexto donde las ciudades y los gobiernos locales adquieren un rol clave. Es en los territorios, en lo local, donde los desafíos globales se expresan con mayor claridad y donde las respuestas pueden transformarse en políticas concretas. 

Esa cercanía con los vecinos convierte a las entidades subnacionales en actores estratégicos de la gobernanza global. La renovación del multilateralismo requiere reconocerlas no sólo como ejecutores de las agendas globales, sino como socios en su diseño, seguimiento y evaluación. El próximo paso debe ser avanzar hacia mecanismos que garanticen su participación estructural y permanente, trascendiendo los espacios de consulta ocasionales y reconociendo su contribución como una esfera de gobierno indispensable para alcanzar resultados concretos. 

Pero esta renovación del multilateralismo no depende exclusivamente de las ciudades ni de sus gobiernos. Si los desafíos globales son cada vez más complejos, las respuestas tampoco pueden surgir de un único nivel de decisión. Requieren una articulación más amplia entre quienes gobiernan, quienes producen conocimiento, quienes innovan y quienes representan demandas sociales y políticas concretas. En ese entramado, los partidos políticos, los centros de formación y pensamiento, así como las organizaciones de la sociedad civil afines, cumplen un papel central: aportan ideas, construyen consensos, forman liderazgos y sostienen redes de cooperación más allá de los ciclos electorales. 

Dentro de esa arquitectura, los partidos políticos democráticos y republicanos tienen una responsabilidad particular. No solo compiten en elecciones dentro de sus países: también construyen visiones sobre el rol del Estado y el lugar que sus sociedades ocupan en el mundo, generan vínculos con fuerzas afines, aprenden de las mejores experiencias internacionales y ayudan a sostener una agenda de valores e intereses en común frente a los desafíos que trascienden las fronteras nacionales. 

Desde esa convicción, el accionar internacional del PRO pone en valor la responsabilidad de gestión y la defensa irrenunciable de los valores republicanos, la libertad, la transparencia y el desarrollo sostenible. Por eso, formamos parte activa de una comunidad internacional de partidos y fundaciones articulada en espacios, como la Unión Democrática Internacional (IDU) y la Internacional Demócrata de Centro (IDC) junto a nuestros aliados del Partido Popular Europeo, que nos permiten profundizar nuestras alianzas estratégicas con fuerzas que hoy lideran y garantizan la estabilidad institucional en Occidente. Asimismo, el intercambio programático y formativo con usinas de pensamiento globales de referencia, como la Fundación Reformismo XXI, FAES y Fundación Konrad Adenauer, entre otras, es parte de nuestra identidad. Nos une la convicción de que los cambios profundos y sostenibles se construyen desde las instituciones, respetando la pluralidad, fomentando la inversión privada y con un profundo sentido del realismo político. 

Frente a las visiones que proponen la polarización como camino o el abandono de los foros internacionales multilaterales, la familia de partidos de la que el PRO forma parte demuestra en todo el mundo que se puede gobernar con eficacia y respeto por las normas democráticas. 

Si las ciudades logran mayor voz, como lo venimos sosteniendo desde el posicionamiento global de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el sistema internacional estará más conectado con las prioridades reales de la gente, permitiendo resultados más inclusivos y democráticos. Porque el multilateralismo sólo será sostenible si logra mejorar la vida cotidiana de las personas. Fortalecer el rol internacional de las ciudades no es una opción: es una condición necesaria para que el multilateralismo pueda ofrecer respuestas concretas a los desafíos del siglo. La respuesta no es menos cooperación, sino una cooperación mejor: más representativa, más eficaz y más cercana a los ciudadanos. 

Renovar el multilateralismo no implica abandonar sus principios, sino devolverle eficacia, legitimidad y cercanía. Para eso, es necesario incorporar de manera más clara y permanente a las ciudades, fortalecer el vínculo entre la cooperación internacional y los territorios, y articular mejor a los gobiernos, los partidos democráticos, las fundaciones, los centros de pensamiento y la sociedad civil. En un mundo atravesado por la incertidumbre, la cooperación sigue siendo indispensable, pero debe ser una cooperación capaz de producir resultados y mejorar la vida concreta de las personas. 

Ese es el desafío que tenemos por delante: construir una agenda internacional más realista, más cercana y más útil, que no se limite a administrar consensos formales, sino que contribuya a resolver problemas. Desde el PRO creemos que esa renovación debe hacerse desde la democracia, las instituciones, la libertad y la responsabilidad de gestión. Porque solo una cooperación orientada a resultados podrá recuperar la confianza ciudadana y estar a la altura de los desafíos de nuestro tiempo. 

* Secretario General del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Secretario de Relaciones Internacionales del PRO.