Qué hay detrás del "apoyo firme" de China a Cuba
China mantiene un apoyo financiero y tecnológico clave hacia Cuba a cambio de profundizar una relación de dependencia mutua. La isla se ha convertido en una plataforma estratégica para que Beijing despliegue infraestructura de control social y bases de espionaje dirigidas contra Estados Unidos.
Cuba y China cumplieron 66 años de relaciones diplomáticas, y el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Guo Jiakun, eligió una palabra para describir la postura de Beijing: firmeza. China reafirmó su apoyo firme a Cuba sin importar los cambios en el contexto internacional, según informó este 28 de septiembre la agencia estatal cubana Prensa Latina. El portavoz de la cancillería china enmarcó ese respaldo dentro de lo que ambos gobiernos llaman una "comunidad de destino compartido". El dato histórico que suele acompañar estas efemérides no es menor: el 2 de septiembre de 1960, por impulso de Fidel Castro, Cuba fue el primer país de América Latina en reconocer a la República Popular China e instó a romper relaciones con el gobierno de Taiwán. Seis décadas después, esa relación fundacional se ha vuelto, para La Habana, una tabla de salvación. Y para Beijing, algo más interesante: una posición privilegiada frente a su gran rival.
Detrás del lenguaje diplomático hay una asimetría evidente. Cuba atraviesa su peor crisis económica desde la caída de la Unión Soviética y China se ha convertido en el principal sostén externo de la isla. El respaldo es concreto y está documentado. China ha aportado a la isla alrededor de 7.800 millones de dólares en financiamiento para el desarrollo desde el año 2000, según datos de AidData citados por el think tank estadounidense CSIS[1]. Ese dinero financió obras como la modernización del puerto de Santiago de Cuba, decenas de parques solares y proyectos petroleros. Más revelador aún: los gigantes tecnológicos Huawei y ZTE -vetados en Estados Unidos por riesgos de espionaje- son hoy la columna vertebral de las telecomunicaciones cubanas. Ese último punto tiene una consecuencia política que el discurso de la "amistad" omite. El CSIS señala que el apoyo tecnológico chino ya le ha permitido al gobierno cubano reprimir con más eficacia: durante las protestas del 11 de julio de 2021, el régimen redujo selectivamente el ancho de banda en los puntos de manifestación para impedir que los organizadores se comunicaran y difundieran los abusos. El "apoyo firme", entonces, no es solo económico: también es una transferencia de herramientas de control social y represión política.
En diciembre de 2024, el CSIS publicó un análisis basado en imágenes satelitales que identificó cuatro instalaciones en Cuba que probablemente apoyan los esfuerzos de China por recolectar inteligencia sobre Estados Unidos. Tres de ellas -Bejucal, Wajay y Calabazar- rodean La Habana; la cuarta, cerca de El Salao, está a unos 100 kilómetros de la base estadounidense de Guantánamo. La lógica es puramente geográfica. Situada a menos de 150 kilómetros de Florida, la isla es una plataforma ideal para interceptar señales del sureste estadounidense, una región saturada de bases militares y centros de lanzamiento espacial. Desde Bejucal -el mismo enclave que albergó los misiles soviéticos en 1962- las antenas podrían incluso vigilar los lanzamientos de cohetes desde Cabo Cañaveral, un dato que China codicia mientras intenta alcanzar a Estados Unidos en tecnología espacial. Es decir, las antenas están en suelo cubano, pero no sirven a Cuba: sirven a Beijing, porque Cuba no dispone de satélites propios que permitan aprovechar los sistemas instalados. Nada de esto es del todo nuevo, y esa es justamente la clave para entenderlo.
La evidencia satelital la respalda la propia inteligencia estadounidense. Cada año, la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) -que reúne la evaluación conjunta de las dieciocho agencias del sistema de inteligencia de EE.UU., la CIA incluida- publica su Annual Threat Assessment (ATA), un informe desclasificado sobre las principales amenazas a la seguridad nacional. Sus ediciones de 2025 y 2026 mantienen la línea de años anteriores: advierten sobre la expansión de la presencia militar y de inteligencia china en el exterior y sobre el creciente interés de China y Rusia por América Latina, con Cuba y Nicaragua señalados de manera específica en el caso ruso. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética operó en Lourdes, cerca de La Habana, su mayor instalación de espionaje en el extranjero. Cuando la URSS colapsó y Lourdes cerró en 2002, quedó un vacío. China llenó ese vacío.
Asimismo podemos recurrir a la fuente de la U.S. Southern Command (Southcom), el mando del Pentágono para la región y su Posture Statement de 2025 ante el Congreso, en el cual el almirante Alvin Holsey advirtió que Pekín utiliza a Cuba como una localización próxima para la recolección de inteligencia, a poco más de un centenar de kilómetros del territorio estadounidense.
Podemos concluir que Cuba entra en la pulseada entre el liderazgo mundial de los EEUU y China, así como Taiwán. El mar del Caribe y el mar meridional cobran importancia geoestratégica. Lo que se puede afirmar con fundamento es que el "apoyo firme" que Beijing celebra en cada aniversario no es un gesto de solidaridad ideológica desinteresada: es una relación de dependencia donde Cuba entrega proximidad geográfica y Beijing paga con oxígeno económico y tecnología. La isla, atrapada en una crisis que exigiría reformas de fondo, se atrinchera en cambio en las lógicas de la Guerra Fría, ofreciéndose como plataforma de escucha del país que tiene a 150 kilómetros.
Mientras tanto, para los cubanos de a pie, el saldo es doble y amargo: la misma tecnología que llega en nombre de la "amistad" alimenta las antenas que espían al vecino y, al mismo tiempo, las herramientas que silencian su propia protesta. La pregunta que queda flotando es si un país puede llamarse soberano cuando alquila su territorio para los intereses de otra potencia y, a cambio, importa los métodos para controlar a su propia gente.
[1] Funaiole, M. P., Powers-Riggs, A., Hart, B., Ziemer, H., Bermudez, J. S., Jr., Berg, R. C., & Hernandez-Roy, C. (2024, 6 de diciembre). China's intelligence footprint in Cuba: New evidence and implications for U.S. security. Center for Strategic and International Studies. https://www.csis.org/analysis/chinas-intelligence-footprint-cuba-new-evidence-and-implications-us-security
* Internacionalista y Magíster en Ciencia Política. Presidente de Cultura Democrática y autora de "Memoria y Cultura por la Democracia en Cuba".

