Tiranía

Venezuela, la crueldad del régimen sigue intacta

Tras la detención de Nicolás Maduro, Venezuela enfrenta una transición frágil marcada por el liderazgo de María Corina Machado y la persistencia del aparato represivo.

La historia de Venezuela parece haber cruzado finalmente, ese umbral que María Corina Machado define con precisión como un "punto de no retorno". Tras años de una oscuridad que parecía perpetua, la detención de Nicolás Maduro -hoy procesado bajo el escrutinio de la justicia internacional- ha dejado al país en una transición tan esperanzadora como frágil. Sin embargo, no debemos caer en la ingenuidad de creer que la captura de una persona desmantela, por sí sola, un sistema diseñado durante décadas para la opresión. La libertad plena se alcanzará recién con el restablecimiento pleno de un calendario electoral verificable y el regreso a casa de cada uno de los presos políticos que aún permanecen en las cárceles chavistas.

En este escenario de transición incompleto e incierta, el liderazgo de María Corina Machado se ha consolidado como la principal brújula moral y articuladora de un plan institucional que exige el desmontaje total del aparato represivo.

Pero mientras el mundo discute los plazos de la democracia y la reconstrucción de una economía devastada por una inflación del 650%, el tiempo corre de manera distinta para quienes permanecen en las sombras. El diagnóstico de Machado es desgarrador: la crisis ha desarticulado el tejido social de tal forma que la lucha ya no es meramente ideológica, sino una batalla existencial del bien contra el mal. Es en ese abismo donde la deuda de justicia se vuelve más urgente. No podemos permitir que la burocracia de la transición convierta a los presos políticos en piezas de olvido.

La confirmación trágica sobre el destino de Víctor Hugo Quero Navas es el grito de alerta definitivo. Quero Navas, cuya madre buscó incansablemente durante 16 meses denunciando su desaparición forzada, falleció bajo custodia en julio de 2025, un hecho que el régimen ocultó con total impunidad. Su muerte en el Internado Judicial Rodeo I es el recordatorio de que, mientras la estructura de control interno siga en pie, la vida de los detenidos pende de un hilo.

Para Argentina, este tiempo suspendido entre la dictadura y el advenimiento de la democracia en Venezuela tiene nombre y apellido: Germán Giuliani. El abogado argentino, detenido arbitrariamente en mayo de 2025 bajo acusaciones infundadas, representa el último eslabón de una cadena de extorsión política regional. Su caso evoca el calvario de Nahuel Gallo, el gendarme argentino recientemente liberado y confirma un patrón donde el régimen utiliza a ciudadanos extranjeros como "piezas de canje".

La reciente resolución de la CIDH, que otorga medidas cautelares urgentes a favor de Giuliani, es un mandato que la Presidente interina Delcy Rodríguez no puede desconocer. La CIDH ha sido clara: Giuliani se encuentra en una situación de "gravedad y urgencia" en el Complejo de Yare. Sin embargo, nada ha cambiado sustancialmente en la conducta del régimen, la crueldad no tiene límites, mientras las familias quedan sin respuestas. Algunos no pueden despedir a sus seres queridos que siguen muriendo dentro de los sótanos de la dictadura, otros, como Germán no pueden despedir a su padre fallecido en la Argentina luego de meses de sufrimiento pidiendo por la libertad del hijo.

Como lo venimos haciendo desde el inicio del gobierno de Hugo Chávez seguiremos acompañando a cada uno de los venezolanos hacia la libertad plena y exigiendo al régimen interino la liberación inmediata de cada uno de los presos que aún retienen ilegítimamente.

* Diputada Nacional. Miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto