Argentina y Corea: una asociación estratégica con mirada de futuro
El presidente de la República de Corea, Lee Jae-myung, visita la Argentina para reforzar lazos.
La visita a la Argentina del presidente de la República de Corea, Lee Jae-myung, los días 31 de julio y 1 de agosto del corriente, constituye una ocasión propicia para renovar el impulso político de una relación bilateral asentada en la amistad, la cooperación y la convergencia de valores e intereses. Su realización, al comienzo del mandato del presidente coreano, revela una temprana atención hacia América Latina, región tradicionalmente incorporada a la agenda presidencial en etapas más avanzadas.
Los vínculos poseen raíces profundas. La Argentina realizó un importante aporte de ayuda humanitaria a Corea del Sur tras la Guerra de Corea y, desde el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1962, mantuvo un compromiso sostenido con la paz y la seguridad en la península. Pocos años más tarde, recibió a las primeras familias de inmigrantes coreanos y esa comunidad -hoy una de las más importantes de América Latina- realizó una valiosa contribución al desarrollo económico, social y cultural de nuestro país. Su esfuerzo e integración constituyen uno de los puentes más firmes entre ambas sociedades.
La visita se inscribe en una trayectoria de intercambios presidenciales que jerarquizó la relación. Kim Young-sam viajó a la Argentina en 1996 y Roh Moo-hyun lo hizo en 2004, cuando se estableció la Asociación Integral para la Prosperidad Común en el siglo XXI. Moon Jae-in participó en Buenos Aires de la Cumbre del G20 de 2018 y mantuvo un encuentro bilateral. Las visitas argentinas a Seúl también consolidaron el diálogo político.
El viaje del presidente Lee también debe interpretarse a la luz de la política exterior y comercial de Corea. Su gobierno procura diversificar los destinos de las exportaciones y las fuentes de importaciones críticas -en particular alimentos y energía- frente a las tensiones en Medio Oriente y la vulnerabilidad de rutas como el estrecho de Ormuz.
Corea se proyecta así en terceros mercados como una potencia media de alto perfil económico e inversor, con capacidades industriales y tecnológicas avanzadas, pero también con necesidades concretas de recursos naturales. La Argentina puede ofrecerle tres ventajas: una región alejada de los principales focos de conflicto; capacidades exportadoras en alimentos, energía y minería, junto con recursos humanos e infraestructura industrial; y un Mercosur que amplía su vinculación externa y puede servir de plataforma para empresas coreanas.
En el plano económico, el intercambio bilateral alcanzó US$ 1.359 millones en 2025. Corea importó bienes argentinos por US$ 821 millones y exportó al país por US$ 538 millones, con un saldo de US$ 283 millones favorable a la Argentina. La complementariedad entre la oferta argentina de alimentos y minerales y la provisión coreana de bienes industriales abre perspectivas para diversificar el comercio, fortalecer cadenas de suministro e incorporar nuevos productos y pequeñas y medianas empresas.
La inversión coreana acumulada en la Argentina llegó a US$ 1.529 millones en 2024, de los cuales US$ 1.290 millones se dirigieron a la minería. La cooperación en litio ocupa así un lugar destacado. El desafío es impulsar proyectos que incorporen tecnología, capacitación, proveedores locales y procesamiento en el país. Se suman oportunidades en cobre, hidrocarburos no convencionales, energías renovables e hidrógeno de bajas emisiones. Una asociación estratégica deberá conciliar la seguridad de abastecimiento coreana con el propósito argentino de agregar valor y generar empleo calificado.
La ciencia, la tecnología y la innovación pueden constituir otro gran pilar de la asociación. Existen condiciones para impulsar iniciativas en economía digital, inteligencia artificial, biotecnología, industria automotriz y cooperación antártica. La experiencia coreana y los recursos humanos argentinos favorecen proyectos entre gobiernos, universidades y empresas. La cooperación alcanzará mayor potencial si trasciende la compraventa de equipos e incluye investigación aplicada, transferencia de conocimientos y formación profesional.
Ambos países comparten su compromiso con la democracia, los derechos humanos, el multilateralismo y la solución pacífica de las controversias. Esa afinidad facilita la coordinación en las Naciones Unidas y el G20 sobre seguridad internacional, cambio climático y seguridad alimentaria, y brinda una base para sostener reglas internacionales en un contexto de creciente rivalidad entre grandes potencias.
La dimensión cultural completa este entramado. La difusión del cine, la música y la gastronomía coreanas convive con el interés en Corea por el tango, el vino y otras expresiones argentinas. El Centro Cultural Mafalda en la embajada argentina en Seúl y los intercambios educativos contribuyen al conocimiento mutuo. La comunidad coreana aporta una base humana que distingue a esta relación de otros vínculos predominantemente comerciales.
En este contexto, la visita del presidente Lee Jae-Myung representa una oportunidad para traducir la confianza acumulada en una agenda de futuro: fortalecer el diálogo político, diversificar el comercio, promover inversiones con mayor valor agregado, impulsar la cooperación tecnológica y energética, y profundizar los lazos entre ambos pueblos. La Argentina y Corea cuentan con complementariedades económicas, afinidades políticas y vínculos humanos suficientes para dar un nuevo salto cualitativo. Convertir esas condiciones en una firme asociación estratégica exigirá continuidad institucional, metas concretas y mecanismos de seguimiento.
* Director del Comité de Asuntos Asiáticos, CARI

