EE.UU. se va de Irak y despierta ISIS
Tras 12 años de lucha antiyihadista y más de dos décadas de presencia militar, la coalición liderada por Washington abandonó sus últimas bases este 30 de septiembre. El vacío reaviva temores por el Estado Islámico y consolida la influencia de Irán.
Las fuerzas militares de Estados Unidos concretaron el pasado miércoles, la retirada total de sus últimas bases en Irak, poniendo fin a una intervención militar de más de dos décadas que dejó un saldo de 4.500 soldados norteamericanos muertos.
No es una decisión improvisada. El cronograma de repliegue fue acordado en 2024 bajo la presidencia de Joe Biden y ejecutado por el gobierno de Donald Trump. La coalición antiyihadista liderada por EE.UU. se retirará después de 12 años de lucha contra el Estado Islámico, en un contexto de tensiones con las milicias proiraníes y en medio de la guerra abierta contra Irán.
La historia es conocida: ante los avances del EI en el verano de 2014, cuando el grupo llegó a controlar un tercio del país, Estados Unidos intervino militarmente al frente de la alianza, que llegó a contar con 8.000 soldados, por solicitud del Gobierno iraquí, que vio cómo sus tropas colapsaban durante la vertiginosa ofensiva yihadista. Tras declarar la victoria en 2017, la coalición se quedó. En el último tiempo mantenía alrededor de 2.500 soldados para entrenamiento y operaciones contra células residuales del ISIS.
El plan fue por fases: salida de las bases del Irak federal en septiembre de 2025 y salida final del Kurdistán este 30 de septiembre.
Un retiro en el peor momento
A diferencia del retiro de 2011, esta vez no hay que anticipar la próxima guerra. Ya está ocurriendo. La coalición abandona Irak en un momento especialmente delicado: en medio de la guerra de Irán y de un proceso de desarme de las milicias proiraníes que amenazan los intereses de Washington en Oriente Medio.
Según el International Crisis Group, con la guerra desatada por los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán, Teherán y algunos de sus grupos alineados con base en Irak ya han lanzado ataques contra objetivos estadounidenses en países del Golfo, Jordania y la propia región del Kurdistán iraquí. En lo que va de 2026, siete de los 18 militares estadounidenses muertos en la guerra contra Irán perdieron la vida en territorio iraquí.
Para Washington, irse también es una forma de reducir blancos. Como admitió un funcionario norteamericano, en medio de la guerra con Irán, la retirada tiene el beneficio de reducir objetivos estadounidenses fácilmente accesibles para Teherán.
En Bagdad, el primer ministro Ali al-Zaidi intentó transformar la salida en un acto de soberanía: fijó el mismo 30 de septiembre como plazo para que los grupos armados no estatales entreguen sus armas, afirmando que no tendrán justificación para portar armas una vez que las tropas extranjeras se retiren. Su meta final es junio de 2027 para completar el desarme.
La realidad en el terreno es más compleja. Las milicias lo celebran como una victoria histórica. El comandante de la Resistencia Islámica en Irak, Abú Moytaba al-Yasiri, definió la partida como "una victoria histórica de los grupos de la resistencia islámica iraquí y de los honorables iraquíes, y una derrota aplastante del proyecto estadounidense". Anunció que "el 30 de septiembre celebraremos el cierre de una página negra en la historia de Irak".
Analistas de seguridad iraquíes advierten lo contrario: el retiro podría ampliar el margen de acción de Teherán y de las milicias aliadas, además de generar condiciones para que otros grupos armados, incluido el Estado Islámico, intenten recuperar capacidad operativa.
"Irán se beneficiará previsiblemente en términos estratégicos de la salida de la coalición, porque elimina una presencia militar que durante años actuó como contrapeso a la influencia de Teherán en Irak", explicó el especialista Yasim al-Bahadli. Anticipó que las milicias buscarán "traducir ese impulso en una mayor influencia sobre la toma de decisiones políticas y de seguridad".
El temor no es teórico. Fuentes de seguridad iraquíes reportaron que "desde hace más de dos semanas, hemos notado movimiento de células dormidas (del Estado Islámico), después de que se anunció en los medios que habrá un retiro oficial de la coalición internacional de Irak para finales de septiembre".
El líder tribal sunita de Faluya, Abdulrahman al-Zobaie, advirtió que la retirada es prematura: "Creemos que Irak aún no está plenamente preparado para hacerse cargo de la seguridad en este momento. La salida de la coalición liderada por Estados Unidos de esta manera, dejando un vacío, es lo que todos los iraquíes temen".
A eso se suma una amenaza explícita: la milicia proiraní Kataib Hezbolá advirtió que derribará cualquier avión "hostil" sobre el espacio aéreo de Irak después del 30 de septiembre.
Kurdistán, en alerta
El golpe más duro lo siente Erbil. El Ministerio Peshmerga advirtió que la retirada ocurre en un momento sensible, y el primer ministro regional Masrour Barzani la calificó de "vergonzosa". La región kurda, donde permanecía el último contingente estadounidense, ha sido blanco de ataques casi diarios desde febrero.
Irak cierra así un ciclo iniciado en 2003 con la invasión que derrocó a Saddam Hussein. Se fue, volvió para frenar a ISIS y ahora se va de nuevo. Pero esta vez deja un Estado que intenta afirmar su soberanía mientras, a su alrededor, fluyen a toda velocidad las autopistas de una guerra en red: drones, milicias por fuera del Estado y una influencia iraní que crece sin contrapeso.
Y en las sombras de ese vacío, ISIS vuelve a moverse.

