Nearshoring

Florida y América Latina: una oportunidad única

Ante la necesidad de diversificar proveedores tras las recientes crisis globales, Estados Unidos impulsa el nearshoring hacia América Latina, una región rica en recursos y cercanía geográfica.

Durante tres décadas, las empresas estadounidenses fabricaron en Asia porque ahí la mano de obra costaba menos. La pandemia y la tensión con China dejaron una lección distinta: depender de fábricas tan lejanas es un riesgo. Cuando algo falla del otro lado del mundo, el efecto se siente enseguida en las góndolas de Miami o de Chicago.

Por eso Washington cambió el criterio con el que elige a sus proveedores. El precio más bajo ya no alcanza; ahora pesan también la seguridad, la estabilidad política y la cercanía geográfica. Esa tendencia se conoce como nearshoring: acercar la producción al mercado estadounidense en lugar de tenerla al otro lado del planeta. Y ahí se abre una oportunidad concreta para América Latina.

Una región con ventajas naturales

La región reúne tres condiciones difíciles de igualar: cercanía con Estados Unidos, recursos naturales abundantes y capacidad industrial ya instalada. Eso se traduce en menos tiempo de viaje, menos riesgo político y una integración comercial que otras zonas del mundo no pueden ofrecer.

México es, por ahora, el principal beneficiado. El T-MEC lo convirtió en el socio comercial más importante de Washington, con un superávit que supera los 170.000 millones de dólares. Autos, electrónica, dispositivos médicos y tecnología ya se producen en suelo mexicano para abastecer al mercado estadounidense.

Brasil, la economía más grande de la región, aporta una industria diversificada, liderazgo agrícola y un sector energético sólido; con ese país, Estados Unidos también mantiene superávit comercial.

Argentina todavía comercia poco con Estados Unidos, pero tiene algo que el mundo necesita: litio, gas y petróleo no convencional en Vaca Muerta, además de una agroindustria de primer nivel. En momentos en que Washington busca asegurarse minerales estratégicos, energía y alimentos, el país puede convertirse en un socio clave.

Chile y Perú concentran buena parte del cobre mundial, un metal indispensable para autos eléctricos, centros de datos y energías renovables. A medida que avanza la transición energética estadounidense, ambos países ganarán peso.

Colombia, con un tratado de libre comercio vigente y una ubicación estratégica, atrae cada vez más inversión industrial y logística. En Centroamérica, Costa Rica y República Dominicana se destacan por su industria de dispositivos médicos, sus servicios tecnológicos y su estabilidad institucional.

A diferencia de lo que ocurre con China, el comercio entre Estados Unidos y la mayoría de estos países está bastante equilibrado. Eso reduce las fricciones políticas y facilita construir cadenas de suministro confiables.

El rol clave de Florida

Para que este esquema funcione hace falta una puerta de entrada, y ningún estado está mejor posicionado que Florida. Desde Miami, cualquier capital latinoamericana queda a pocas horas de vuelo. El Puerto de Miami, Port Everglades, el puerto de Jacksonville y el Aeropuerto Internacional de Miami forman una red logística que ya conecta a Estados Unidos con toda la región.

A eso se suma su gente: Florida alberga una de las comunidades latinoamericanas más grandes del país, bilingüe y con experiencia empresarial en ambos mercados. Esa combinación facilita los negocios de un modo que ningún otro estado puede igualar.

Florida, el nuevo polo financiero internacional

Pero Florida está dejando de ser solamente una puerta de entrada comercial; su transformación más profunda es financiera. En los últimos años, Miami y el sur del estado consolidaron una posición cada vez más relevante como plataforma internacional para bancos, fondos de inversión, family offices, multinacionales y empresas tecnológicas que operan entre Estados Unidos y América Latina.

La razón es simple: el capital necesita algo más que mercados financieros desarrollados. Necesita información, contactos, seguridad jurídica, conectividad y conocimiento de los lugares donde va a invertir. Florida reúne buena parte de esas condiciones y suma una ventaja difícil de copiar: su vínculo cultural y empresarial con América Latina.

Miami puede convertirse así en un puente financiero entre Wall Street y las economías latinoamericanas. Una empresa colombiana puede buscar financiamiento en Estados Unidos, una compañía argentina puede estructurar desde allí su expansión internacional, un inversor brasileño puede administrar parte de su patrimonio en la ciudad, y una empresa estadounidense puede usarla como base para entrar en nuevos mercados de la región.

Ese movimiento también está cambiando el mapa de los servicios financieros. Ya no se trata solo de bancos tradicionales: crecen los fondos de inversión, las fintech, la gestión patrimonial, las aseguradoras, los estudios jurídicos especializados y las consultoras dedicadas a estructurar operaciones internacionales.

La cercanía con América Latina es, además, una ventaja frente a otros centros financieros del mundo. Miami está físicamente cerca de los principales mercados de la región y tiene conexiones aéreas directas con numerosas capitales latinoamericanas. Pero su mayor activo es el capital humano: profesionales bilingües y empresarios que conocen al mismo tiempo las reglas, las culturas y las oportunidades de ambos lados.

De ahí puede surgir un nuevo corredor financiero: Nueva York-Miami-América Latina. Nueva York conserva su enorme peso como centro financiero global, mientras Miami puede consolidarse como la plataforma especializada para canalizar capital, comercio e inversión hacia el sur.

El verdadero potencial de Florida no está solo en vender productos latinoamericanos en Estados Unidos. Está en convertirse en el punto de encuentro entre el capital estadounidense, las empresas latinoamericanas y las nuevas cadenas de producción regionales. Si esta tendencia continúa, Miami puede dejar de ser simplemente una ciudad conectada con América Latina para volverse uno de los grandes centros financieros de la nueva economía hemisférica.

Una oportunidad que no va a esperar

Estados Unidos necesita proveedores más cercanos y confiables. América Latina necesita inversión, tecnología y acceso a mercados para crecer. Pocas veces, en las últimas décadas, los intereses de ambos lados coincidieron tanto.

México, Brasil, Argentina, Chile, Perú, Colombia, Costa Rica y República Dominicana tienen la oportunidad de ser protagonistas de esta nueva etapa. Y Florida tiene todo para convertirse en el centro logístico, financiero y empresarial de esa integración.

* Doctor en Ciencias Políticas y Administración Pública (Universidad de Murcia). Posdoctoral por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Asesor parlamentario durante 20 años en la Cámara de Diputados y el Senado de la Nación. Miembro de jurado de tesis de maestría y doctorado en universidades como la UBA, Torcuato Di Tella y UNLZ.