Mundial 2026

Los hilos invisibles del poder global en el fútbol

El presidente de la UEFA no podía permitir otro Mundial sin campeón Europeo e Infantino exhibía múltiples fragilidades. El árbitro esloveno, la causa por narcotráfico que lo condicionaba y la soledad del tercer mundo, también en el fútbol.

Nunca le había tocado a Lionel Messi pelear solo contra el poder global. Al contrario, sus buenos modos, su bajo perfil personal lo habían transformado en un mimado de ese poder. Contrariamente a Diego, genéticamente rebelde, que atravesó buena parte de su vida batallando contra una maquinaria invencible.

Pero a la larga, cuando sos un instrumento y no parte, te toca. Y le tocó. Vamos a ver que pasó en el Mundial 2026, en que contexto y especialmente que pasó en esa final tan extraña que vimos azorados el 19 de julio pasado.

El tablero del fútbol mundial dejó de ser hace tiempo un espacio exclusivo de tácticas y goles para convertirse en una intrincada mesa de ajedrez geopolítico. En el centro de la tormenta institucional se encuentra Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, cada vez más acorralado por los intereses comerciales de los grandes clubes europeos y la pulseada constante en torno al proyecto de la Superliga. Las ondas expansivas de esta disputa no solo sacuden a Nyon (sede de la UEFA en Suiza), sino que erosionan las estructuras de la FIFA y condicionan decisiones arbitrales de alcance planetario.

La tensión entre la UEFA y las grandes potencias económicas del continente europeo no cesa. Los clubes de élite, empujados por la necesidad de maximizar ingresos y romper con el modelo tradicional, mantienen a Ceferin bajo un cerco estratégico a través de la idea latente de la Superliga. La estructura de poder europea cruje y la figura del mandamás esloveno se debilita ante la presión de los colosos corporativos que buscan arrebatarle el monopolio de las competiciones.

En paralelo, este clima de fricción permanente se cruza con los intereses del fútbol de selecciones y la geopolítica hemisférica. Bajo los despachos de la máxima dirigencia internacional flotaba una premisa no escrita: el establishment europeo no podía tolerar otro Mundial con un campeón americano, y mucho menos consagrar a la Argentina por segunda vez consecutiva. 

La hegemonía deportiva del sur global incomoda profundamente a los centros de poder tradicionales, que observan cómo el relato eurocéntrico pierde terreno en el césped. Y, para peor, lo pierde siempre con el mismo. En estos tiempos en que Brasil tiene un impasse en su gloriosa trayectoria, es solamente Argentina quien desafía el monopolio. Pobre, con clubes poco competitivos porque no pueden retener a sus jóvenes promesas por falta de recursos, la Selección se planta en su desafío futbolero, en el único lugar donde puede, en la cancha, once contra once.

Infantino, Malvinas y la vulnerabilidad de su poder

En esta compleja red de presiones, Gianni Infantino y la FIFA tampoco escapan a las ataduras del poder político. El presidente de la entidad madre del fútbol mundial quedó en el centro de las críticas tras las tensiones diplomáticas y simbólicas desatadas a raíz de la bandera alusiva a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, después de la épica victoria sobre Inglaterra, el invasor colonial, desplegada por los jugadores.

Dicha manifestación funcionó como un canal de presión directa para forzar medidas disciplinarias e imponer castigos a la Argentina, operando bajo los designios y la influencia soterrada de sectores afines a la línea de Ceferin dentro de la estructura europea.

A esto se sumó otro flanco de debilidad inocultable para Infantino: la gestión en torno a la suspensión del delantero Folarin Balogun. Las presiones cruzadas, el pedido directo del presidente estadounidense Donald Trump y la concesión hecha por el presidente de la FIFA, terminaron por arrinconar al calvo mandamás, exhibiendo una fragilidad institucional alarmante frente a las injerencias de líderes políticos globales que utilizan el deporte rey como plataforma de influencia. 

Cartas marcadas: el antecedente de Slavko Vincic

Con el tablero condicionado y las terminales de poder operando desde Fascia Nyon, la designación arbitral para la final cobró una relevancia geopolítica inusitada. Para impartir justicia, vaya paradoja, se recurrió a un perfil funcional al sistema: el juez esloveno Slavko Vincic, compatriota y figura bajo la órbita de influencia de Ceferin.

La elección de Vincic no está exenta de sombras. Su prontuario incluye aquel recordado operativo policial en mayo de 2020 en una cabaña en Bijeljina (Bosnia y Herzegovina), donde fue interceptado en medio de una redada contra una red internacional vinculada a la prostitución, el tráfico de armas y el narcotráfico. 

Aunque el árbitro alegó haber sido víctima de una invitación desafortunada y posteriormente fue liberado sin cargos formales tras declarar como testigo, su historial lo transformó en una pieza sumamente vulnerable y de fácil manipulación para los intereses de los escritorios europeos.

¿Que mas ocurrió en los vestuarios? Tal vez nunca lo sepamos, o tal vez, algún día el espíritu de Diego se apodere de alguno de los protagonistas y algo de todo ello salga a la luz. Lo que es claro es que: 1) si no había un campeón europeo la UEFA de eferin podía quedar reducida a la nada por la irrupción de la Superliga; 2) Que Infantino era fuertemente cuestionado desde la UEFA con excusas que el mismo otorgó, como la suspensión de la expulsión de Balogún para el partido Estados Unidos-Bélgica, algo que no generó un mayor escándalo porque los norteamericanos perdieron (¿qué hubiese pasado si ganaban 1 a 0 con gol de Balogún?); 3) que para los intereses de la UEFA, Argentina debía caer antes, ante Inglaterra al menos, para que la final fuese europea; 4) que la bandera de Malvinas generó múltiples efectos políticos que todavía ni siquiera dimensionamos. 

La consecuencia final de todo esto es también, inescrutable. Si el campeón no se decide en la cancha ¿que sentido tiene el fútbol? Si todo esto se masifica ¿hasta cuando dura el interés del público y por ende el negocio? El fin de la película todavía no lo vimos.

* Abogado, profesor de Derecho Comparado y Filosofía del Derecho. Maestrando en Defensa Nacional. Posgraduado en Inteligencia Estratégica. Posgraduado en Administración de Recursos para la Defensa (Naval Posgraduate School-  United States Department of Defense).