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Los vuelos del Papa: del Concorde a un casamiento a 10.000 metros

El Papa viaja habitualmente en vuelos de línea de aerolíneas comerciales que a lo largo de los años han acumulado anécdotas memorables. Entre los hechos más destacados figuran el histórico casamiento a bordo oficiado por el papa Francisco, vuelos supersónicos y escalas obligadas.

El Papa no tiene un avión propio. Cuando sale de Roma viaja en un avión de línea especialmente asignado para ese vuelo: durante décadas fue Alitalia hoy devenida en ITA Airways. La tradición dice que el regreso casi siempre lo hace en un avión de la aerolínea del último país que visitó, como hizo en sus visitas a Argentina a bordo de Boeing 747 de Aerolíneas Argentinas.

A lo largo de los años, los vuelos papales dejaron historias.

La más llamativa ocurrió en enero de 2018, durante un vuelo de LATAM entre Santiago e Iquique.

Dos miembros de la tripulación le contaron al papa Francisco que su casamiento por Iglesia estaba previsto para 2010, pero el terremoto destruyó el templo donde iba a celebrarse. La boda quedó suspendida y nunca volvieron a organizarla.

Francisco les hizo una propuesta inesperada: casarlos allí mismo.

A más de 10.000 metros de altura, Paula Podest y Carlos Ciuffardi dieron el "sí". El entonces presidente de LATAM, Ignacio Cueto, fue uno de los testigos, una auxiliar de vuelo redactó el acta matrimonial a mano y el propio Papa la firmó. Fue la primera y única vez que un pontífice celebró un casamiento durante un vuelo.

En 1989, Juan Pablo II pasó a formar parte de otra página de la historia de la aviación. Subió al Concorde de Air France, el avión comercial más rápido jamás construido. Voló entre la isla de La Reunión y Zambia a más del doble de la velocidad del sonido y sigue siendo el único Papa que viajó en el legendario supersónico.

Pero no todos los vuelos salieron como estaban previstos.

En 1986, cuando regresaba de la India, una tormenta impidió aterrizar en Roma. El avión tuvo que desviarse a Nápoles y el último tramo hasta el Vaticano lo hizo... en tren. La aviación puede fallar.

Dos años más tarde, el mal tiempo volvió a cambiar los planes. Juan Pablo II había decidido no visitar Sudáfrica como rechazo al apartheid, pero el avión tuvo que aterrizar allí antes de continuar viaje hacia Lesoto. Fue una escala obligada en un país que había decidido no incluir en su recorrido.

La Guerra Fría también modificó uno de sus vuelos. En uno de sus regresos desde Japón, la Unión Soviética no autorizó que el avión atravesara su espacio aéreo por el abierto enfrentamiento de Juan Pablo II con el comunismo. En lugar de seguir la ruta directa hacia Roma, hizo escala en Anchorage, Alaska, y el recorrido pasó de unos 9.600 a cerca de 14.800 kilómetros.

En Filipinas también hubo un cambio de último momento. El avión asignado para transportar al Papa llevaba pintada una enorme publicidad con la frase Hooray for Hollywood. Cuando la compañía supo quién sería su pasajero, retiró el anuncio y lo reemplazó por un enorme Viva il Papa antes del despegue.

Los aviones que llevaron a los papas despegaron para acercar al Papa a millones de fieles. Algunos terminaron dejando mucho más que un plan de vuelo cumplido.

 *Licenciada en Relaciones Internacionales con formación de posgrado en Derecho Aeronáutico y Espacial y en Asuntos Internacionales. Ex titular de la Autoridad de Aviación Civil de la República Argentina (ANAC). Ex Directora Nacional de Transporte Aéreo. En 2014, la Organización de Aviación Civil Internacional la reconoció como una de las 70 mujeres más inspiradoras de la aviación.