El espíritu de occidente
Análisis pormenorizado de la vigencia de la civilización occidental y sus valores fundamentales, como el estado de derecho, la democracia y la dignidad personal frente a los ataques actuales. La corriente ideológica "progresista" busca destruir las instituciones tradicionales (familia, justicia, policía) en favor de una tiranía del deseo individual inmediato.
Mi último libro se llama así para analizar si el mundo en el que vivimos, que es el de la civilización Occidental o Greco-Romana Judeo-Cristiana, que es el mundo en el que cualquier persona debe poder desarrollar su personalidad y su vida de acuerdo con sus valores, sin ser sometido por ningún poder arbitrario, se mantendrá o bajará la cabeza ante los ataques que sufre masivamente, desde adentro de su propio seno.
Occidente no es un lugar geográfico, sino que es un conjunto de valores. En Occidente si te ataca con arbitrariedad un poder político, otros poderes pueden frenarlo; si te ataca un poder económico, el poder judicial puede frenarlo. Porque los dos valores principales de Occidente son: a) la soberanía del pueblo, de todo el pueblo, mayoría que puede cambiar con su voto a un gobernante y minorías que pueden protegerse de cualquiera; y b) la dignidad de cada persona con sus libertades. El voto y el estado de derecho son sus herramientas. Estado de Derecho significa respeto y responsabilidad. Estado de Derecho significa igual justicia para todos debajo de una misma ley.
¿Debemos pedir perdón por defender ese sistema de convivencia? Para una fuerte tendencia ideológica occidental, pareciera que sí, porque esa corriente que se llama muchas veces progresista, considera que todas las instituciones de Occidente son producto y representan a poderes perversos. El enemigo es el poder que no nos deja cumplir con nuestros deseos individuales en cada momento.
El enemigo es el legislador porque hace las leyes penales o económicas; el policía porque nos mete presos; el carcelero porque guarda a los presos; el padre porque limita al hijo; el marido porque no permite el desarrollo de la mujer; el médico porque controla a los locos; el periodista, porque replica a los poderosos. Entonces hay que atacar a todos esos poderes. Sobre esos poderes se construyó Occidente: la familia, los representantes del pueblo, los jueces de la ley, los policías que preservan el orden para que se pueda ejercer la libertad personal, la prensa libre, el intercambio voluntario de cosas y de servicios entre las personas a precios libremente aceptados.
La ideología del deseo individual inmediato como valor supremo, se da la mano con la ideología de la confrontación: todo es conflicto, todo es lucha, nada es acuerdo, diálogo, concordia, cooperación. Los que atacan a los poderes para defender sus deseos, sostienen que el progreso se da con esos ataques y con la destrucción y nunca mencionan la posibilidad de respeto, de responsabilidad por los propios actos o de amor.
Mi libro es una conversación con un lector individual, para que analicemos juntos la validez de ese tipo de pensamientos intelectuales, poco menos que dominantes en Occidente, desde Europa (donde se originaron), hasta Estados Unidos, Brasil o Argentina. Después de hacer ese análisis y de recorrer juntos los principales filósofos del siglo XX y hasta ahora, yo estoy convencido de dos cosas: la primera es que el ser humano se caracteriza por tener capacidad de razón, capacidad de amor y apertura a lo sagrado, al todo que forma el Universo, del que somos parte, una parte preciosa y divina; la segunda, es que la tradición occidental personalista, con sus valores de respeto al otro y responsabilidad de cada uno, en libertad y con igualdad ante la ley, es superior a cualquier autoritarismo, tiranía o violencia.-
* Autor de El Espíritu de Occidente, Editorial Mar Dulce, Buenos Aires, 2026 (195 páginas). Fue Presidente Provisional del Senado de la Nación y diputado nacional. Es abogado especializado en regulación de telecomunicaciones.

