Crisis

La gran montaña de deuda mundial ¿Puede el mundo pagar lo que debe?

El mundo atraviesa una situación de endeudamiento global sin precedentes, impulsada por décadas de políticas expansivas, crisis económicas y el reciente aumento de las tasas de interés.

El mundo nunca había acumulado tanta deuda como hoy. Gobiernos, empresas y familias de todo el planeta deben, en conjunto, una cantidad de dinero que supera con creces lo que la economía global es capaz de producir en un año. Esta situación preocupa cada vez más a economistas, bancos centrales y organismos internacionales. La pregunta que todos se hacen es la misma: ¿es posible sostener este nivel de deuda sin que provoque una crisis de grandes proporciones?

¿De cuánto estamos hablando?

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la deuda pública mundial -es decir, lo que deben los Estados- se acerca al 94% del Producto Bruto Interno (PBI) global. Pero si se suma la deuda de empresas y familias, el panorama es aún más impactante: el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) estima que esa cifra total ronda los 348 billones de dólares, equivalente a casi el triple de todo lo que produce la economía mundial en un año.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

El crecimiento del endeudamiento global no ocurrió de un día para otro. Comenzó a tomar impulso en la década de 1980, cuando la globalización financiera facilitó el acceso al crédito y las tasas de interés se mantuvieron bajas por mucho tiempo, incentivando a gobiernos, empresas y hogares a endeudarse.

Con el tiempo, varios eventos aceleraron este proceso:

• La crisis financiera de 2008 obligó a los gobiernos a rescatar bancos y reactivar sus economías, lo que disparó el gasto público financiado con deuda.

• La pandemia de COVID-19 exigió gastos extraordinarios en salud y asistencia social, llevando el endeudamiento a niveles históricos.

• Los conflictos geopolíticos y el aumento de los gastos en defensa, junto con las crecientes demandas sociales y la presión sobre los sistemas previsionales, siguieron sumando presión sobre las finanzas públicas.

Durante años, el problema se mantuvo bajo control gracias a las bajas tasas de interés. Pero cuando los bancos centrales comenzaron a subirlas para combatir la inflación -especialmente tras la pandemia- el costo de refinanciar esa deuda se disparó.

¿Quién debe más?

Tres países concentran más de la mitad de la deuda mundial: Estados Unidos, Japón y China.

• De cada 100 dólares de deuda pública global, 31 corresponden a Estados Unidos, 12 a Japón y 11 a China. Italia, Francia y el Reino Unido aportan 4 dólares cada uno.

• Si se mide la deuda pública en relación al tamaño de cada economía, los más endeudados son Japón (237% de su PBI), Estados Unidos (122%) y China (120%).

• Al sumar también la deuda privada (empresas y familias), Japón debe el equivalente al 394% de su PBI, China el 295% y Estados Unidos el 265%.

Cada uno de estos países tiene sus particularidades. Estados Unidos financia un déficit fiscal persistente emitiendo bonos que el mundo entero compra. China apostó durante décadas al crecimiento a través de inversiones masivas financiadas con crédito -en obras públicas, empresas estatales y el sector inmobiliario-, acumulando pasivos que hoy generan serias preocupaciones. Japón, por su parte, lleva años en lo más alto del ranking de endeudamiento, aunque hasta ahora ha podido manejarlo gracias a condiciones internas muy específicas.

¿Puede pagarse esa deuda?

La respuesta honesta es: no, al menos no en su totalidad.

Pero eso no significa que estemos al borde de un colapso inmediato. Los países no pagan sus deudas como lo hace una persona que cancela un préstamo bancario. Lo que hacen, habitualmente, es pagar los intereses y refinanciar el capital: cuando un bono vence, emiten uno nuevo para cubrirlo. Este mecanismo funciona mientras los inversores confíen en la capacidad de pago del deudor.

La clave está en la sustentabilidad: una deuda es manejable mientras los ingresos del país alcancen para cubrir los intereses. El problema aparece cuando esos intereses crecen más rápido que la economía.

El peso creciente de los intereses

Durante décadas, los gobiernos pudieron endeudarse a tasas muy bajas. Ese período llegó a su fin. El aumento de los tipos de interés elevó considerablemente el costo de mantener esas deudas.

El FMI advierte que los pagos de intereses representan una carga cada vez mayor en los presupuestos públicos. En la práctica, esto significa menos dinero disponible para salud, educación, infraestructura y seguridad social.

La situación es especialmente delicada para los países emergentes, que deben afrontar vencimientos en moneda extranjera y dependen de condiciones financieras favorables que no siempre están garantizadas.

¿Cómo se sale de una crisis de deuda?

La historia económica muestra que las situaciones de endeudamiento excesivo suelen resolverse de tres maneras:

• Crecimiento económico sostenido: si la economía crece con fuerza, la deuda pierde peso relativo. Es el escenario ideal, pero no siempre alcanzable.

• Inflación: cuando los precios suben, el valor real de las deudas disminuye. Pero este camino suele traer costos sociales elevados.

• Reestructuración o cesación de pagos: es la salida más traumática. Ocurre cuando un país no puede cumplir sus obligaciones y debe renegociar las condiciones con sus acreedores. Argentina, por ejemplo, ha transitado este camino en más de una oportunidad.

Las grandes crisis financieras de la historia

Para entender la magnitud del riesgo actual, vale la pena recordar los episodios más graves del último siglo:

1. El Crack de Wall Street (1929): La peor crisis de la historia moderna. Entre 1929 y 1933, el PBI de Estados Unidos cayó casi un 30%, el desempleo superó el 25% y el comercio mundial se derrumbó.

2. La crisis financiera global de 2008: Originada en el mercado inmobiliario de Estados Unidos, se propagó por todo el sistema financiero internacional. La quiebra de Lehman Brothers se convirtió en su símbolo más recordado.

3. La crisis del petróleo (1973): Marcó el fin del período de crecimiento acelerado de la posguerra e introdujo el fenómeno de la "estanflación": inflación alta con crecimiento económico bajo.

4. La crisis de la deuda latinoamericana (1982): Comenzó cuando México declaró que no podía pagar su deuda externa. Se extendió por toda América Latina y generó una "década perdida" de bajo crecimiento e inflación elevada.

5. La crisis financiera asiática (1997): Comenzó en Tailandia y se propagó a Indonesia, Corea del Sur y otras economías emergentes, poniendo en evidencia los riesgos de los movimientos bruscos de capital en un mundo financieramente integrado.

¿Qué podría desencadenar una nueva crisis?

Aunque no se anticipa una crisis global de la magnitud de 2008, los riesgos han aumentado. El FMI advierte sobre una mayor vulnerabilidad fiscal en muchas economías. Los principales focos de alerta son:

• Una crisis de deuda soberana derivada del elevado endeudamiento público.

• Una crisis en el sector inmobiliario y en los gobiernos locales de China.

• Dificultades de refinanciación en países desarrollados con deudas superiores al 100% de su PBI.

• Una corrección abrupta en los mercados tecnológicos, impulsados por expectativas tal vez excesivas sobre la inteligencia artificial.

• Eventos geopolíticos o climáticos que generen shocks económicos inesperados.

¿Qué pueden hacer los gobiernos?

Ante este panorama, los gobiernos tienen esencialmente dos caminos: aumentar los impuestos para recaudar más o reducir el gasto público. Ninguna de las dos opciones es indolora.

Subir los impuestos puede erosionar la competitividad y desalentar la inversión. Recortar el gasto genera tensiones sociales y puede afectar servicios esenciales. El desafío para los líderes de todo el mundo es encontrar un equilibrio delicado: mantener el crecimiento, responder a las demandas sociales y, al mismo tiempo, estabilizar las finanzas públicas.

El FMI insiste en la necesidad de encarar reformas estructurales que mejoren la eficiencia del gasto y promuevan el crecimiento a largo plazo, sin depender indefinidamente del endeudamiento.

Conclusión: no es si habrá crisis, sino cuándo

Desde el Crack del 29, cada generación ha creído que las nuevas herramientas financieras permitirían evitar los errores del pasado. Y sin embargo, las crisis siguen apareciendo, con nuevas formas pero con la misma capacidad de destruir el bienestar de millones de personas.

Hoy el mundo enfrenta niveles récord de deuda, tensiones geopolíticas crecientes, envejecimiento de la población y una volatilidad financiera que no da tregua. En este contexto, la pregunta que los economistas serios ya no hacen es si habrá una nueva crisis. La pregunta es cuándo ocurrirá, qué la desencadenará y cuán profunda será.

La historia enseña que las crisis son inevitables. Lo que permanece incierto es su magnitud y el lugar desde donde comenzarán.

* Doctor en Ciencias Políticas y Administración Pública (Universidad de Murcia). Posdoctoral por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Asesor parlamentario durante 20 años en la Cámara de Diputados y el Senado de la Nación. Miembro de jurado de tesis de maestría y doctorado en universidades como la UBA, Torcuato Di Tella y UNLZ.