Una economía mundial mas financiera que productiva
En las últimas décadas, el crecimiento desmedido de los mercados financieros superó ampliamente al de la economía real y productiva, impulsado por la desregulación y la especulación.
En las últimas décadas las transacciones financieras crecieron mucho mas que las transacciones comerciales provenientes de la producción de bienes y servicios. Los activos generados de productos financieros no poseen su correlación en la economía real. ¿Riqueza ficticia tal vez?
Cuando la función de las finanzas se desvirtúa.
Durante gran parte del siglo XX, las finanzas cumplían una función relativamente simple: acompañar la producción y el comercio. Los bancos financiaban empresas, los exportadores cobraban sus ventas y los inversores canalizaban ahorros hacia actividades productivas. En otras palabras, el dinero seguía a la economía real.
Sin embargo, en las últimas décadas esa relación comenzó a cambiar. Mientras el comercio internacional crecía impulsado por la globalización, los mercados financieros avanzaban a una velocidad mucho mayor. Hoy, la distancia entre ambos fenómenos alcanza dimensiones que hace apenas medio siglo hubieran parecido impensadas. En la actualidad el mercado comercial es de U$S 34 billones, mientras que el mercado cambiario mueve U$S 7.5 billones por día. En solo cinco días las operaciones financieras mueven lo que mueven en un año las operaciones comerciales y representa más de 60 veces el PBI mundial.
Cuales fueron las razones.
La liberación de los tipos de cambios Dio paso a operaciones financieras con motivos propios como cobertura, arbitraje, especulación etc. y no solo para pagar importaciones y exportaciones.
Desregulación financiera: La liberación de la cuenta capital y la calidad de controles de flujos financieros (en coexistencia con déficits de los países) originaron arbitrajes de tasas de interés entre monedas, dando ganancias financieras que no tienen vinculación con operaciones de la economía real. Se denominan carry trade, operaciones que buscan ganancias en el mercado de tasa de interés.
Nuevos instrumentos financieros: Instrumentos para cubrir riegos, coberturas del tipo de cambio e intercambio de monedas swaps, generan utilidades que no están conectadas con la generación de bienes y servicios.
Esto no significa necesariamente que exista una desconexión total entre las finanzas y la economía real. Los mercados financieros siguen siendo fundamentales para financiar inversiones, gestionar riesgos y facilitar el comercio internacional. Sin embargo, una parte cada vez más importante de las transacciones responde a estrategias de inversión, cobertura, arbitraje o especulación que no están vinculadas de manera directa a una operación comercial.
Para graficar lo indicado, en 1970 la relación entre el volumen financiero y el comercial en términos relativos era cercana a 1 a 1, es decir el dinero que cruzaba las fronteras era equivalentes s los bienes que cruzaban las fronteras. En la actualidad el mercado financiero de 5 días equivale al mercado comercial de todo un año. Las finanzas ya no acompañan simplemente al comercio; se han convertido en un universo propio cuya dimensión supera ampliamente a la de la economía real.
Los ganadores y perdedores de la gran expansión financiera
Durante las últimas cuatro décadas, el mundo asistió a una transformación silenciosa pero profunda. Mientras las fábricas producían automóviles, alimentos o computadoras, los mercados financieros crecían a una velocidad mucho mayor. El dinero comenzó a moverse más rápido que las mercancías y las finanzas dejaron de ser un simple apoyo para la economía real para convertirse en uno de sus principales protagonistas.
Los grandes ganadores de este proceso fueron, en primer lugar, los bancos globales, los fondos de inversión y las corporaciones multinacionales. La apertura de los mercados permitió movilizar capitales de un continente a otro en cuestión de segundos, acceder a nuevas fuentes de financiamiento y aprovechar oportunidades de inversión en cualquier parte del mundo. Los propietarios de acciones, bonos y otros activos financieros también se beneficiaron de un largo ciclo de valorización patrimonial que multiplicó fortunas y expandió la riqueza privada.
Los países que lograron construir mercados financieros sólidos y estables también obtuvieron ventajas. Pudieron atraer inversiones, financiar proyectos de infraestructura y acelerar su crecimiento económico. La expansión financiera facilitó el acceso al crédito, impulsó la innovación tecnológica y contribuyó a la integración de la economía global.
Pero no todos participaron de los beneficios en la misma medida.
Entre los perdedores aparecen muchos trabajadores de ingresos medios y bajos, cuyos salarios crecieron más lentamente que las ganancias del capital. La competencia global por inversiones y la búsqueda permanente de menores costos productivos aumentaron la presión sobre el empleo industrial en numerosas economías. Al mismo tiempo, las pequeñas y medianas empresas encontraron mayores dificultades para acceder a las mismas fuentes de financiamiento que disfrutan las grandes corporaciones.
Los países emergentes también experimentaron la cara menos amable de la globalización financiera. Cuando el capital internacional llega masivamente, impulsa el crecimiento y fortalece las monedas locales. Pero cuando ese mismo capital se retira, puede desencadenar crisis cambiarias, recesiones y aumentos de la pobreza. América Latina, Asia y varias economías africanas han vivido repetidamente este ciclo de auge y caída.
Las operaciones comerciales generan menor desigualdad las operaciones financieras generas mas desigualdad.
En general las operaciones comerciales tienen a disminuir la desigualdad, pues cada país produce en lo que es mas competitivos y todos terminan ganando, en cambio las operaciones financieras cuyo origen de las utilidades están en la especulación y tasas de interés generan concentración de capital y genera más desigualad. La solución está en poder las finanzas al servicio de la producción de bienes y servicios.
Propuestas de solución.
La crisis financiera global de 2008 marcó un punto de inflexión. El colapso comenzó en los mercados financieros más sofisticados del mundo, pero sus consecuencias se extendieron a millones de personas que nunca habían comprado una acción ni operado un derivado financiero. El episodio dejó una pregunta que sigue vigente: ¿cómo evitar que los beneficios de las finanzas se concentren en pocos actores mientras los costos de las crisis recaen sobre toda la sociedad?
A partir de entonces surgieron diversas propuestas.
Una de las más importantes es fortalecer la regulación y supervisión de los grandes bancos para limitar riesgos excesivos y evitar nuevas crisis sistémicas.
Otra apunta a exigir mayores niveles de capital propio a las entidades financieras para que puedan absorber pérdidas sin recurrir al rescate estatal.
También se discuten impuestos sobre determinadas transacciones financieras especulativas, conocidos como "Tasa Tobin", con el objetivo de desalentar movimientos de capital de muy corto plazo y generar recursos para políticas públicas.
En paralelo, organismos internacionales promueven mecanismos para combatir la evasión fiscal y los paraísos financieros, donde grandes fortunas y empresas multinacionales suelen trasladar parte de sus beneficios para reducir impuestos. La creación de un impuesto mínimo global a las ganancias corporativas representa uno de los avances más recientes en esa dirección.
Otra línea de acción busca ampliar el acceso al crédito productivo para pequeñas empresas, emprendedores y sectores innovadores, de modo que una mayor proporción del ahorro mundial se canalice hacia la inversión y la generación de empleo.
Finalmente, cada vez más economistas sostienen que el verdadero desafío no consiste en frenar las finanzas, sino en volver a conectarlas con la economía real. El objetivo sería que una mayor parte de los enormes recursos que circulan diariamente por los mercados internacionales financie infraestructura, transición energética, innovación tecnológica y desarrollo productivo.
La expansión financiera ha generado riqueza como nunca antes en la historia. Sin embargo, la cuestión central ya no es cuánto dinero pueden mover los mercados, sino cómo lograr que esa riqueza contribuya al crecimiento sostenible y al bienestar de una mayoría más amplia. Allí se encuentra uno de los grandes debates económicos del siglo XXI.
*Doctor en Ciencias Políticas y Administración Pública (Universidad de Murcia). Posdoctoral por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Asesor parlamentario durante 20 años en la Cámara de Diputados y el Senado de la Nación. Miembro de jurado de tesis de maestría y doctorado en universidades como la UBA, Torcuato Di Tella y UNLZ.

