Bronca: la rabia deriva esta vez en duelo generacional
Segunda temporada de la serie antológica que cosechó premios. Carey Mullingan y Oscar Isaac en una trama sobre la pirámide del sistema de privilegios.
Lindsay (Carey Mulligan) seduce con su acento británico a sus casi cuarenta años, aunque mira con preocupación sus arrugas frente al espejo. Pasa su tiempo jugando en el césped con su perrito o seleccionando almohadones de diseño. Joshua (Oscar Isaac), su marido, regentea un club exclusivo que acaba de ser comprado por una acaudalada mujer coreana. El matrimonio vive en un mundo de privilegios pero arrastra problemas financieros, descontento conyugal y crisis personales de la mediana edad. En el camino maltrecho de esos días, se topan con una pareja más joven. Un incidente abre oportunidades impensadas pero todos sacan lo peor de cada uno.
En 2023, Bronca (Beef) circuló como recomendación de boca en boca hasta transformarse en uno de los grandes éxitos de Netflix. La serie sorprendió con una propuesta original centrada en el enfrentamiento entre Danny y Amy, unidos por un altercado menor que escalaba al modo de Relatos salvajes, para aterrizar luego en un desierto existencial. Se llevaron 8 premios Emmy, 3 Globos de Oro y 4 premios Critics' Choice, incluyendo el de Mejor Miniserie en las tres ceremonias. Steven Yeun y Ali Wong ganaron como mejores actores.
Esta semana subió a Netflix la segunda temporada de esta serie antológica creada por el coreano Lee Sung Jin. Llega con dos grandes actores en los roles centrales: Isaac y Mulligan, quienes no defraudan. Por el contrario, su interpretación es uno de los atractivos de los nuevos episodios que no logran la fuerza y el carácter de la entrega anterior.
La historia tiene muchos aciertos y todo el elenco está muy bien, pero la deriva de los personajes, que en general es cuesta abajo hasta tocar fondo como corresponde, la tensión es más débil y no tiene el efecto de peculiaridad de la primera temporada. Se asemeja más a otras propuestas ya vistas como White Lotus, aunque eso no necesariamente es un problema, sólo que se extraña su esencia.
Tal vez, el desajuste se deba a que el enfrentamiento se da ya no entre dos personas sino entre dos parejas cuyos integrantes tendrán su propia evolución. Así será una figura de cuatro en transformación.
La ambición de progreso, los círculos de privilegios y millonarios, la vida burguesa que disipa los sueños de juventud y, en definitiva, las crisis personales (a veces egocéntricas) que se sufren en distintas etapas de la vida son parte de los temas de los nuevos ocho capítulos. Se suma las relaciones de parejas, largas y nuevas, con sus altibajos a distintas edades.
La sensación de pérdida de la peculiaridad de la serie en esta temporada tal vez se deba a que el incidente disparador en el anterior caso fue un hecho trivial que creció como bola de nieve y esta vez no es tan así. De todas maneras, Bronca sigue siendo una serie destacada que vale la pena ver, un pequeño placer catártico.

