Estreno en Netflix

Mis muertos tristes: seres en busca de consuelo

La miniserie, basada en cuentos de Mariana Enríquez y dirigida por Pablo Larraín, acaba de pasar por San Sebastián y llega al streaming. Terror urbano, grandes actrices y una atmósfera lograda.

Más cerca del infierno que del cielo viven los vecinos de Piedrabuena, una zona de la ciudad marcada por la pobreza, la violencia y el abandono: ni las ambulancias llegan. En esas calles deambulan como sonámbulos los vivos y los muertos. Emma (Mercedes Morán), una doctora recién jubilada, los ve. Ella es la única que puede calmarlos, como tranquiliza también al fantasma de su madre que se desgarra en gritos de dolor. Un día, el asesinato de tres adolescentes horroriza al barrio. En esos tiempos, la llegada de unos parientes de la médica que viven en Estados Unidos trae un fenómeno que rompe el frágil equilibrio entre vivos y muertos.

La literatura de Mariana Enríquez, escritora aclamada internacionalmente, se está convirtiendo en una cantera de historias y personajes para la producción audiovisual. De hecho, una película inspirada en sus relatos, La Virgen de la Tosquera, es precandidata por Argentina a los premios Oscar.

Ahora llega a Netflix Mis muertos tristes, la nueva miniserie de Netflix dirigida por el cineasta chileno Pablo Larraín (El Club, Jackie, No, Tony Manero) y basada también en varios cuentos de la premiada escritora (sobre todo "Mis muertos tristes", "Un lugar soleado para gente sombría" y "Julie"). La propia autora se involucró en el proyecto, en el guion y la producción ejecutiva. Tras su paso resonante por la 74ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde se presentó en formato de largometraje como parte de la competencia de la Sección Oficial, se estrena en el streaming.

No es fácil trasladar un universo tan rico de sutilezas a la pantalla y, aunque la experiencia dista de la lectura de estos textos, la miniserie tiene varios aciertos. Uno de ellos, sin duda, es el casting. El elenco está encabezado por actrices consagradas -y alguna no tanto-, todas ellas impecables en roles demandantes: Mercedes Morán, Dolores Fonzi, Alejandra Flechner y Carolina Álvarez, a quienes se suma Carlos Portaluppi, otro experimentado.

Larraín encuentra en la dirección recursos valiosos -sobre todo la fotografía- para crear una atmósfera inquietante muy lograda. Los monoblocks con su torre de agua son el eje de un laberinto geométrico, asfixiante, donde transcurren los hechos. Es una historia de fuerte trasfondo social. La trama se siente un poco dispersa, sobrecargada de elementos, pero el clima de terror urbano se sostiene. Un país de las últimas cosas donde todos buscan formas de sobrevivir a sus penas.

Enríquez comentó sobre el proyecto: "los relatos de Mis muertos tristes plantean a los fantasmas como la memoria, aquello que vuelve todo el tiempo y que en muchos casos no se puede calmar porque tienen que ver con la injusticia. Más allá de una trama general, es una pregunta abierta, sin respuesta: ¿Qué hacemos con esos fantasmas?".

Los muertos vuelven a golpear puertas, a despabilar con sus gritos y llantos, con la recurrencia de quienes no encontraron paz ni justicia.


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